Panamá, 20 de enero de 2002
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El retorno de Casandra

Afú remachó los clavos al ataúd del PRD en su rueda de prensa

Guillermo Sánchez Borbón

Yo había visto chambonadas -algunas mayúsculas -en política; pero ninguna le llega, ni de cerca, a la que acaban de protagonizar los líderes del PRD. En primer lugar, no comprendo por qué tuvieron que hacer una cuestión de partido y de disciplina de sus legisladores la simple ratificación de dos magistrados. Pasó, lo que cualquiera con dos dedos de frente hubiera podido predecirles: tres diputados ignoraron las amenazas del CEN para votar como les dio la santa gana. En el interior todavía funcionan valores como la amistad y el paisanismo. Cuando se anunció el resultado, algunos miembros del CEN perdieron la chaveta. En un discurso increíble, Balbina vociferó: “¡Y que se olviden de la reactivación económica!”. Es decir, como no pudimos hacer nuestra voluntad, que se vayan al diablo el país y todos los panameños. El mitómano de Miguel Bush, por su parte, denunció que el gobierno había comprado en un millón y medio de dólares los votos de cada uno de los tres disidentes. Todo esto entra en el terreno de la psiquiatría, al cual no voy a seguirlos. Se repitieron las fulminaciones de costumbre y las amenazas de revocatoria de mandato.

Otra de las bajas de la votación en la Asamblea fue Martín Torrijos. Le faltó un amigo discreto que le aconsejara no aventurarse en el campo minado, para que no lo alcanzaran las esquirlas de la explosión que ha hecho volar por los aires a los otros dirigentes del PRD.

Como un simple revés político no explica reacciones que en algunos casos rayaron en la histeria, tiene que haber algo más en el fondo. Y ese algo, dicen los conocedores, es la sórdida disputa entre la Tricom y Bell South. Fito Duque, con la cínica franqueza que lo caracteriza, lo confirmó en unas declaraciones a la TV. Agregó (y nadie, hasta donde sé, ha negado, ni rechazado la acusación) que South Bell le pasa treinta mil dólares mensuales a Martín Torrijos. ¿A santo de qué, en pago de qué? Porque estas empresas no son asociaciones de caridad, y cuando dan es a cambio de algo. A nadie le importaría que recibiera ese dinero, si Torrijos fuera un ciudadano particular. Pero ocurre que es el candidato a la presidencia del PRD, uno de los dos partidos que se turnan en el poder. Y si llega al Palacio de las Garzas, sería no el presidente de todos los panameños, sino el de la Bell South.

¿Habrán medido los del CEN las consecuencias políticas de su propia estupidez? Por lo pronto han cedido la mayoría que tenían en la Asamblea a sus adversarios. Y el pacto Meta ha perdido automáticamente su razón de ser. Por otra parte, siguen saliendo a relucir los esqueletos (gracias a la habilidad y diligencia de Eagle y de la dueña del perro) que el proceso había sepultado bajo varios metros de tierra en sus tiempos de poder absoluto y de prepotencia. Todos estos huesos, sin excepción, van a parar al regazo del PRD, apéndice político de la extinta dictadura militar.

Afú remachó los clavos al ataúd del PRD en su sensacional rueda de prensa. En vez de refutarlo, aunque más no fuera que con argumentos sensatos, los del CEN han respondido con fantasiosas contra-acusaciones, que dejan en pie los cargos formulados por el legislador santeño.

Pero la desintegración del PRD no debe de alegrar a los arnulfistas. Lo que han puesto en la picota es no sólo al buey sobreviviente de la yunta, sino a todos los políticos, porque se ha puesto de manifiesto la irresponsabilidad y la corrupción que los mina. Y esto tiene que preocuparnos a los panameños. Porque recordamos lo acontecido en otras latitudes. La Democracia Cristiana y Acción Democrática se desacreditaron tan completamente, que las dos se esfumaron en el aire como si hubieran sido espejismos. Y el vacío dejado por su desaparición lo llenó un demagogo, un chiflado que aspira a ser dictador de Venezuela. Y no se me diga que en Panamá no hay un Chávez. Sí lo hay, por ahí debe de andar, perdido en la multitud, acumulando resentimiento y odio, hasta que se presenten las condiciones propicias. Perón, por ejemplo, salió de la nada. Era uno de los muchos oficialillos que plagaban el Ejército argentino. Aprovechó la oportunidad de que los golpistas del 43 lo nombraron ministro de Trabajo, para hacerse una personalidad política y entrar en la historia.

Los partidos políticos mismos son los que tienen que limpiar su casa y ponerla en orden. De lo contrario, alguien de fuera lo hará por ellos. Hay que expulsar a latigazos a los mercachifles del templo y a los ladrones, y recurrir a las personas honradas que sin duda tienen todos los partidos.

Estoy seguro de que mis admoniciones, como de costumbre, caerán en saco roto, pero un deber de patriotismo y de conciencia me obliga a formularlas, aunque sé bien que las Casandras resultan antipáticas a todos.


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