Panamá, 20 de enero de 2002
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Moral, ley y costumbre conviven en el individuo y en la sociedad a la cual pertenece. La moral debe trascender la ley, y la costumbre estar acorde con ambas. Cuando la norma jurídica se coloca por encima de los principios éticos, la ley termina por no cumplirse. Cuando la costumbre se antepone a ambas, la moral comienza a perderse. Cuando no hay moral ni ley, el individuo y la sociedad se encaminan al desmoronamiento. Los acontecimientos de los últimos días no han despertado, salvo honrosas excepciones, la suficiente repulsa ciudadana. La civitas se ha acostumbrado a la corrupción y al escándalo, y uno más no le hace mella. Por ello es necesario investigar exhaustivamente lo acontecido y sancionar con vigor -legal y moralmente- a quienes resulten responsables de haber delinquido, o inventado delitos si tal fuere el caso, y de haber faltado a la ética o inventado faltas contra ella. De lo contrario mucho se habrá perdido, tal vez de manera irrecuperable. Ojalá ello nos mueva a la reflexión.

 




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