Esperando que las cucarachas salgan
La discreción y prudencia
en casos de extrema magnitud como éste es fundamental, máxime cuando
nos encontramos en posición de no poder lanzar la primera piedra
Celinda Pérez De León
Lo delicado y profundo de las acusaciones
efectuadas por el legislador Carlos “Tito” Afú del circuito 7-1,
provincia de Los Santos, contra legisladores de su propio partido,
es un asunto de reflexión. Porque no solamente se trata de legisladores
de su colectivo político, sino que embarra la dignidad y “honorabilidad”
de los que comparten otros ideales partidistas. Aun cuando no es
ajeno para la ciudadanía panameña y para el mundo que nos observa
la deteriorada imagen en la que se encuentra nuestra democracia
y más significativo aún, la falta de moral, respeto y decencia de
nuestros gobernantes, lo expresado por el legislador Afú -lejos
de verse como honesto de su parte-, corrobora lo que ya todos sabíamos.
Sin embargo, sus declaraciones por un lado, improvisadas y no pensadas;
y por el otro, totalmente seguras, dejan a los organismos competentes
un duro hueso que roer y de incalculables consecuencias para el
sistema Ejecutivo, Judicial y Legislativo que nos gobierna, de no
atenderlo con la prontitud que se requiere. Cada una de las denuncias
de corrupción expresadas (llámesele soborno, prebendas, mordidas
o cualquier otra cosa), implican al legislador en la misma medida
en el que él pensó involucrar a los demás. Lo que es peor aún, la
confianza que el pueblo tableño le tenía y no solamente su pueblo,
sino la envidiable labor reconocida por los otros circuitos vecinos,
ya no tendrá transparencia y brillantez, e indudablemente cada una
de las acciones emprendidas y los proyectos que consiga en pro de
su pueblo, se verán manchados con la incertidumbre del soborno como
ingrediente primordial para conseguir con el Ejecutivo el plato
principal. Eso no debe llamarse una gestión positiva y honesta,
como tampoco es cuestión de avanzar calladamente esperando que las
“cucarachas salgan”, porque al final terminamos siendo cómplices
del sistema, aun cuando dándonos golpes de pecho pretendamos denunciar
públicamente cualquier acto de corrupción. La discreción y prudencia
en casos de extrema magnitud como éste es fundamental, máxime cuando
nos encontramos en posición de no poder lanzar la primera piedra.
Ya es hora de que se piense seriamente como alternativa o solución
definitiva, la de eliminar la palabra “honorable”, o mejor aún,
eliminar la tan cuestionada Asamblea Legislativa.
La autora es ingeniera
Además en opinión
• “Gobernabilidad” y
crisis de encuestas: Jaime A. Porcell Alemán
• ¿Cuál es
el futuro de los hombres?: I. Roberto Eisenmann Jr.
• Todos comen en la misma
paila: Guillermo A. Cochez
• Esperando que las
cucarachas salgan: Celinda Pérez De León
• ‘Cuando sale el
cobre’: Astrid Wolff V.
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