Escuchemos a estos jóvenes periodistas
El gobierno de Pérez Balladares, a pesar de haber puesto a un primo en la Contraloría, resultó también fiscalmente responsable
I. Roberto Eisenmann
La Prensa ha creado una página titulada “Actualidad”, que publica artículos de opinión escritos por periodistas del mismo diario. La página del 29 de diciembre fue especialmente buena, informativa y con opiniones razonadas y contundentes. Aristides Cajar escribió bajo el título “Tragedia sobre tragedia”, acerca del Instituto Oncológico Nacional (ION). Tilcia Elena Delgado lo hizo sobre “Los enredos del presupuesto”, y Diana Campos C. opinó sobre “El fantasma del tango”. Hace algunos meses me encontré a la joven Campos haciendo periodismo de radio y en ese momento me comentó: “no estaré contenta hasta que llegue a trabajar como periodista de La Prensa”; aparentemente logró su propósito. Su artículo sobre la crisis argentina demostró conocimiento de lo económico (algo que no es fácil encontrar en el periodismo panameño), capacidad de análisis, buen juicio al hacer paralelos y comparaciones con Panamá, austeridad en el uso del idioma y, finalmente, sugiere las preguntas que debemos hacernos todos los panameños.
El problema de Argentina no es el tamaño de su deuda pública que es, comparándose con la panameña, monstruosa... ¡pero es que Argentina es un país inmenso! Proporcionalmente su relación deuda/PIB es mucho menor que la que tenemos en Panamá. El problema de Argentina es el gasto excesivo y la desenfrenada corrupción... o mejor dicho... el despilfarro de los fondos públicos mucho más allá de los ingresos, a través de muchos años seguidos. Un economista argentino lo dijo muy bien cuando indicó que los argentinos siguen viviendo como cuando eran realmente un esplendoroso país de categoría europea, a pesar de haberse deteriorado tanto que hoy se han convertido en, simplemente, un país latinoamericano más.
Panamá, pos-dictadura, ha tenido mejor suerte. El gobierno Endara -con su contralor Carles- impuso un manejo fiscal férreo, resistiendo todas las presiones contrarias. El gobierno Pérez Balladares, a pesar de haber puesto a un primo en la Contraloría, resultó también fiscalmente responsable. El hoy difunto contralor Aristides Romero hizo un trabajo respetable y correcto, seguido por Gabriel Castro, quien además llevó a cabo una transición madura con el contralor entrante, políticamente de signo contrario. El gobierno arnulfista de Mireya Moscoso y el contralor Alvin Weeden igualmente han llevado una política fiscal responsable. Este récord estable que ha logrado Panamá a través de gobiernos de distintos signos políticos, se ha ganado el respeto de los mercados financieros internacionales.
Pero, a pesar de esta situación macro positiva, los panameños sabemos que hay una planilla estatal abultada e ineficiente, que los maleantes de siempre siguen revoloteando alrededor de los gobiernos, y que existe un exceso de gastos a nivel del Estado... lo que ha ido creando una rebeldía tributaria peligrosa. Por eso la negociación gobierno/oposición tiene que incluir controles eficaces en gastos, planillas y endeudamientos, mayor transparencia y una reforma tributaria (quizás con rebajas temporales y definidas que produzcan incentivos y alientos al sector privado, para quienes el momento bueno para subir impuestos nunca existirá, pero quizás para bajarlos sí). Me pregunto, por ejemplo: si por los próximos 24 meses el Impuesto sobre la Renta Corporativo se baja a 15% flat ¿se bajaría la recaudación? Yo apuesto que subiría, porque habría incentivo para pagar, en vez de tener que contratar a costosos abogados y contadores para encontrar fórmulas complicadas para no pagar, que es lo que ocurre hoy. Además, lo más importante es que la justicia tributaria no se puede postergar. Ya no podemos seguir cargando el Estado al asalariado. Simplemente es inaceptable.
Conclusión: no somos Argentina. A pesar de nuestros problemas, nuestros partidos gobernantes han sido, en lo fiscal, infinitamente más responsables que los ches, pero tenemos tareas vitales pendientes. Prestemos atención a lo escrito por estos jóvenes periodistas de La Prensa. Aún estamos a tiempo.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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