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Samaria está sin brújula
Una comunidad sin dirigentes, donde
la delincuencia, el desempleo y la drogadicción son comunes
ANTONIA EDITH GUTIERREZ
agutierr@prensa.com
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| Veredas en Samaria. Abajo, un joven coloca
su queja en el mural de La Prensa. |
Lucas Ortega recuerda muy bien cuando él, un sobrino y unas
ocho personas más llegaron a los terrenos de la familia Goytía,
ubicados entre colinas y laderas en San Miguelito, a mediados de
la década de 1960.
Llegaron allí dispuestos a trazar cada uno un lote para
construir sus viviendas. El vivía en Calle Colón,
Santa Ana, y según cuenta estaba muy estrecho y sus hijos
no tenían lugar para jugar; fue por eso que cuando un amigo
le contó que alguien estaba repartiendo lotes en San Miguelito
no lo pensó dos veces y se encaminó hacia allá.
Llegó con sus compañeros un domingo, inspeccionaron
el área, decidieron limpiar un monte e inmediatamente les
asignaron lotes. Levantaron como pudieron sus viviendas o casas
brujas como las llamaron en ese entonces las autoridades.
Desde ese momento, todos se unieron y trabajaron mancomunadamente
para echar hacia adelante la recién creada comunidad. No
muy lejos de allí estaba Altos de Paraíso, Pan de
Azúcar, Ojo de Agua, San Isidro, sectores que habían
nacido en igual situación y que avanzaron con la ayuda mutua.
Los moradores se daban la mano unos a otros. Así construían
sus viviendas, instalaban tendidos eléctricos y hacían
las zanjas para colocar las tuberías de agua potable.
Estaban organizados mediante asociaciones y cooperativas.
Fueron días duros, de zozobras, los terrenos eran difíciles,
pocos accesibles, pero la unión hizo la fuerza para vencer
todas las adversidades en ese entonces, recuerda Ortega, quien hoy
tiene 72 años de edad.
Relata que cuando regresaban de sus trabajos, como a eso de la
5:30 de la tarde, se iban al monte a cortar árboles para
utilizarlos como postes del tendido eléctrico; hacían
juntas los fines de semana para abrir zanjas para las tuberías,
organizaban actividades para recoger fondos, y con ese dinero construían
las veredas de la comunidad.
Se tenía como guía espiritual al sacerdote norteamericano
Juan Henrich, quien bautizó la nueva comunidad con el nombre
de Samaria en 1968.
Todos estaban unidos, se conocían, se ayudaban los unos
a los otros. Cuando alguien necesitaba hacer algún trabajo
en su casa, los vecinos colaboraban. Cuando tenían que ir
a hacer peticiones para mejoras de sus barrios ante las autoridades,
iban en grupo.
Con esa unión lograron construir e instalar servicios básicos,
y le dieron a sus hijos una mejor calidad de vida. Sin embargo,
Ortega se queja hoy de que eso se ha perdido, la gente no está
unida, no hay grupos organizados, hay mucha inseguridad, hay delincuencia,
los vecinos no se ayudan y hay poco respeto y tolerancia entre ellos.
Hoy día Samaria está compuesta de cinco sectores
y cada uno de ellos tiene un sinnúmero de problemas sociales
y económicos, que nadie trata de resolver, porque todos están
en espera de que los políticos y las autoridades lleguen
con las soluciones.
El sábado 5 de enero, durante una consulta ciudadana en
el Sector Tres de Samaria, de unas 700 residencias, La Prensa se
reunió con varios residentes para escuchar cuáles
eran los problemas que enfrentaban y cómo buscarían
sus soluciones.
Lo primero que salió a relucir fue que no hay un dirigente,
no hay una organización que los represente, cada quien anda
por su lado y los problemas se les vienen encima y no hay dónde
quejarse.
Emérita Gómez de Hurley, una maestra del lugar, desglosó
en una hoja que todavía hace falta terminar el alcantarillado
de aguas negras, tanto en el sector Dos como en el Tres; hay que
reparar las veredas y cunetas y se necesita construir una caseta
de espera para tomar el autobús.
Además, pide que el centro de salud de Veranillo trabaje
las 24 horas del día, para que la gente de Samaria tenga
dónde acudir en caso de urgencia.
Se queja de que no hay vigilancia policial, que se vende la droga,
y que tanto hombres como mujeres y niños la fuman en la única
cancha deportiva del lugar, dando un mal ejemplo a los demás.
Ese sábado, los moradores presentes acordaron reunirse nuevamente
para ir a la Policía Nacional para pedir el programa de Vecinos
Vigilantes, porque este es un barrio inseguro, donde hay atracos
y asaltos a mano armada a cualquier hora del día.
Por su parte, Luis Solís, uno de los moradores presentes,
escribió en su hoja que los problemas de Samaria son los
siguientes: alcoholismo, drogadicción, falta de vigilancia
policial, falta de credibilidad y de cooperación mutua entre
los vecinos.
Señaló que la solución a los problemas consistían
en: establecer una junta local y organizar la vigilancia vecinal.
En tanto, Jazmín Ortega, nieta de Lucas, enumeró
en su hoja varios problemas, el principal era la drogadicción.
Ella sostiene que la solución debe darla la comunidad.
¿Cómo? Implementando un comité, bien organizado
y serio, donde esté representada tanto la juventud como los
adultos mayores para plantear sus quejas y las posibles respuestas.
En esta consulta participaron varios jóvenes, entre ellos
Octavio German, un dirigente deportivo. El se quejó de que
la cancha, construida por los fundadores de la comunidad, hoy día
está prácticamente en manos de los delincuentes.
Allí llega gente de otros sectores y se apoderan de ella
y otros acuden solo para fumar la droga y lo hacen delante de los
pequeños del barrio.
Todos recomendaron que se debe habilitar áreas de esparcimiento
para los niños y jóvenes del barrio, organizar ligas
deportivas e impulsar los valores cívicos y morales de sus
habitantes.
¿Cómo empezar? Reuniéndose una vez a la semana,
buscar asesoramiento en la Policía Nacional, en el Ministerio
de la Niñez, la Juventud, la Mujer y la Familia, en la Defensoría
del Pueblo, en el Sistema Nacional de Protección Civil, en
Asesoramiento de Planificación Familiar (APLAFA), los bomberos
y en las juntas comunales.
El objetivo es crear un comité o una figura jurídica
lo que en otros países llaman jueces de paz que
sirva de consejera, que procure la solución amistosa y la
convivencia pacífica en sus comunidades.
¿Qué conflictos resolvería? La violencia intrafamiliar,
los ruidos molestos, problemas de basura, filtraciones de tuberías
de aguas servidas, problemas ambientales, la intolerancia...
Foro
¿Pagaría más
impuestos para limpiar la bahía de Panamá?
| "Con lo que me pagan y lo que me
están sacando de impuesto, ya no me da para más". |
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Tomás Olivero, trabajador
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"Está difícil, porque económicamente Panamá
está demasiado mal, y con otro impuesto…."
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Francisco Rodríguez, jubilado
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"Claro, para que se limpie. Aunque de aquí
a allá ya no esté aquí, sí estoy dispuesta".
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Josefa Rodríguez, jubilada
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"Los que deben pagar los impuestos serían las personas o las
empresas que directamente son beneficiadas, como los hoteles
y edificios construidos en la avenida Balboa. Estas construcciones
deben agradecer que les hayan permitido construir allí dando
algo a cambio".
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José Abbo, analista financiero
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