Panamá, 30 de diciembre de 2001
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Repercusiones del caso Posada Carriles llegan hasta la Casa Blanca

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. -Si el gobierno de George W. Bush llega a cumplir un año sin haber confirmado un subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, ello se deberá en parte a las repercusiones de un acto terrorista que ocurrió hace 25 años, cuando George Bush padre era jefe de la CIA (Agencia Central de Inteligencia).

El presidente Bush, quien asumió su cargo en enero de este año, ya lleva 11 meses de estar a la espera de que el Senado ratifique el nombramiento de Otto Reich como subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, obviamente un puesto clave para el manejo de las relaciones entre Estados Unidos y el resto del hemisferio. El vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, sostiene que la crisis argentina es un ejemplo más de por qué el gobierno de Bush necesita que Reich sea confirmado. Como si los republicanos jamás le hubieran bloqueado los nombramientos al presidente Clinton (por ejemplo, Jesse Helms se ocupó de bloquear la confirmación de Robert Pastor para embajador a Panamá), Fleischer ahora critica que los nombramientos diplomáticos “estén sujetos a la intransigencia de un solo senador”.

Pero no se trata de un solo senador. Demócratas como Christopher Dodd (Connecticut), John Kerry (Massachusetts) se oponen al nombramiento de Reich por la acusación de que él abusó de sus poderes cuando era funcionario del Departamento de Estado durante la era Reagan-Bush. Después de septiembre, sin embargo, la controversia sobre Reich se ha agudizado con la acusación de que él es simpatizante de terroristas.

Este hecho nace del caso en que el Gobierno cubano acusa que Luis Posada Carriles y Orlando Bosch pusieron una bomba en un vuelo de Cubana de Aviación, causando la muerte de 73 personas en 1976. Posada Carriles y Bosch quedaron detenidos en Venezuela, donde se procedió a prepararles juicio por el derrumbamiento del avión. Posada Carriles (hoy preso en Panamá por supuesto involucramiento en un complot contra Fidel Castro) se fugó de la prisión venezolana antes de celebrarse el juicio, pero Bosch fue juzgado y absuelto en 1988. En una entrevista con el New York Times , Bosch dijo que había sido entrenado por la CIA y defendió el atentado contra Cubana de Aviación como “un acto legítimo de guerra” (aunque negó haber participado).

Para la época, el embajador de Estados Unidos en Venezuela era Otto Reich (un cubano-americano con fuerte apoyo en la comunidad anti-Castro de Miami).

Los cables diplomáticos revelan que Reich intentó gestionar una visa para que Bosch pudiera regresar a Estados Unidos, aunque este ya tenía una condena en Estados Unidos por dispararle a una nave polaca en el puerto de Miami. En 1989, Bosch logró entrar ilegalmente a Estados Unidos, pero lo arrestaron y ordenaron su deportación. Un alto funcionario del gobierno de Bush padre describió a Bosch como “un terrorista, sin respeto por la ley o por decencia humana”. Lo que salvó a Bosch de ser deportado es que Washington no encontró otro país que lo aceptara; Fidel Castro lo hubiera aceptado, pero Washington rehusó entregarlo a Cuba. (No sé si Washington pidió que Panamá refugiara a Bosch, pero sospecho que solo por milagro nos salvamos de tenerlo entre la comunidad de maleantes asilados en nuestro país). En todo caso, a manos de George Bush padre, el hombre que su propio Gobierno tildaba de “terrorista” recibió trato suave. Primero le dieron casa por cárcel a Bosch y luego, en 1990, Bush padre le firmó un indulto presidencial. Esto provocó que el Gobierno cubano se quejara ante las Naciones Unidas de que Estados Unidos “da refugio a terroristas”, la misma acusación que Bush hijo lanza hoy contra Afganistán.

Hasta ahora, todo esto no se ha reportado mucho en la prensa estadounidense. La Casa Blanca insiste en que peleará por la confirmación de Reich hasta lo último, pero los medios estadounidenses plantean que el nombramiento “está muerto”. Mientras tanto, con el Senado en receso de Navidad, se rumora que el presidente Bush está considerando darle un nombramiento temporal a Reich, sin obtener la ratificación del Senado. De proceder así, el nombramiento solo podría durar un año, enfurecería a los senadores demócratas, y presentaría al hemisferio a un subsecretario de Estado que el Senado ha repudiado.

En otras palabras, la controversia sobre Otto Reich es una ilustración muy completa de cómo se hacen las cosas en Washington.

La autora es corresponsal de La Prensa

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