Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com
Pocas veces se dan casos como los que viven por estos días
los mellizos Jorge y Julio Dely Valdés con la renovación
de sus contratos en sus clubes de fútbol de Japón
y España, en momentos en que están rayando los
35 años de edad.
La renovación se dio en el lapso de una semana. El pasado
martes 11 Jorge lo hizo en Japón con el Omiya Ardija
de la segunda división, llevando consigo aún las
marcas de la cirugía que lo tiene en reposo por casi
cinco meses desde el momento que se lesionó una de sus
piernas jugando para su selección.
Ayer, en España, Julio lo hace con el Málaga
en medio de una sequía goleadora, de la cual su hermano
Jorge dice que pronto se restablecerá.
Tal vez este hecho de la renovación de los dos contratos
pase inadvertido para muchos, pero pienso que hay que ir más
allá de la simple firma de contrato.
Es contradictorio. Mientras aquí escuchamos y leemos
de algunos hechos de indisciplina que tuvo el seleccionado Sub
21 en su participación durante los Juegos Deportivos
Centroamericanos de Guatemala, los hermanos Dely Valdés
le regalan buenas noticias al fútbol panameño.
Dos situaciones extremadamente opuestas. Por un lado, los Dely
Valdés siguen mostrándose internacionalmente a
sus casi 35 años, una edad relativamente adulta para
un delantero; aquí en nuestro entorno, por su parte,
el semillero actual de futbolistas no levanta vuelo. Siguen
sumidos en la indisciplina.
Difícilmente podemos pensar entonces en un cambio generacional
cuando aún el interminable René Mendieta sigue
haciendo de las suyas en el torneo de la ANAPROF, no solo en
el plano deportivo sino en el personal, que fueron dos cualidades
que lo sacaron al estrellato llevándolo a ser uno de
los grandes del fútbol panameño.
Cuando uno conversa con estos jugadores de la vieja guardia,
llámense Dely, Mendieta, Piggott, entre otros, y no de
ahora, sino de hace años, se nota la diferencia con respecto
a la nueva camada. Siempre han sido unos respetuosos de los
medios de comunicación.
La historia es diferente con los de ahora. Hace más
de un mes, por ejemplo, me pasó algo no muy grato, no
sé con cuál jugador de la Sub 21 porque no me
fijé. El incidente se dio en la Calle 50 mientras esperábamos
las tonadas de la dianas por la Guardia Nacional. Yo me encontraba
junto a un par de amistades, de repente entre carros y gente
se estacionó el bus de la selección nacional,
del que se bajaron algunos jugadores. No me había percatado
de que se traba del bus de la selección pero después
me di cuenta por los incesantes gritos de un jugador, que le
decía al resto del grupo, mientras me señalaba:
cuidado que allí está el periodista sapo.
No pude saber de quién se trataba. Una de mis amistades
observó el incidente y me dijo: estas son la clase
de jugadores por la cual ustedes se desvelan.
No le puse atención, solo vi que se bajaron varios y
se confundieron entre el público.
Y es lastimoso porque en su mayoría son buenos jugadores,
con mucho talento en sus pies pero con poco en el cerebro. Lo
irónico de todo es que en el último lustro Panamá
ha tenido buenos equipos juveniles pero no ha podido derrotar
a la indisciplina, su principal adversario.
Por eso, Jorge y Julio Dely, Mendieta, Tátara Guevara,
Piggot, Poyatos, Ricardo James y otros han llegado a ser grandes,
por su don de gente en la cancha y afuera de ella.
Lo de Jorge y Julio no es producto de la casualidad. A sus
35 años siguen siendo figuras, así como lo es
también Mendieta.
Pese a que me agrada verlos jugar aún a su edad, por
dentro me entristece tener que pensar que este cambio generacional
está lejos de llegar.