Océanos en estado de urgencia
Los recusos marinos con
los que contamos hoy en día son apenas migajas si los comparamos
con las millones de especies que antaño bullían en nuestros océanos
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
 |
| El biólogo marino Jeremy Jackson, uno de
los 19 científicos procedentes de todo el mundo que publicaron
conjuntamente el artículo ‘Sobrepesca histórica y el reciente
colapso de ecosistemas costeros’ en la revista ‘Science’. |
Cuando el biólogo marino Jeremy Jackson arribó
por primera vez a Panamá en 1968 quedó inmediatamente cautivado
por la fecunda biodiversidad de los mares que bañan las costas del
istmo. Apenas un estudiante entonces, Jack-son se solazaba contemplando
a las ballenas y delfines que nadaban en las cercanías de la isla
Naos, en lo que hoy en día se conoce como el “Causeway”.
Treinta años después, Jack-son, quien actualmente
divide su tiempo entre su oficina en el Instituto Smithsonian de
Investigaciones Tropicales en Panamá y la Universidad de San Diego,
California, siente tristeza al confrontar el fétido y mísero espectáculo
de una Bahía de Panamá contaminada y despojada de su riqueza biológica.
Jackson es uno de los autores del artículo
“Sobrepesca histórica y el colapso reciente de los ecosistemas costeros,
el cual fue publicado el 27 de julio pasado en la revista Science
. Esta publicación no ha pasado inadvertida para la comunidad científica
internacional, y ha sido comentada en diversos periódicos a nivel
del mundo, como es el caso de Los Angeles Times. Asimismo, BBC de
Londres le dedicó un programa de media hora de duración.
Migajas de biodiversidad
En realidad, a pesar del habitual argot científico
y de la abundancia de datos y referencias, el mensaje que Jack-son
y sus colegas deseaban transmitir a la comunidad internacional es
realmente muy sencillo: los recursos marítimos con lo que contamos
hoy en día constituyen realmente las migajas de una abundancia que
apenas recientemente hemos empezado a atisbar.
Efectivamente, a través de la investigación
arqueológica en las capas de sedimento en el fondo del mar, se ha
podido establecer que los océanos de antaño bullían literalmente
con todo tipo de vida marina, como es el caso de ballenas, peces
espadas, tiburones, bacalaos, rayas y tortugas.
En referencia a estos reptiles, de acuerdo
con un relato de Cristóbal Colón, habían tantas tortugas en las
aguas del Mar Caribe que el Almirante llegó a temer que sus barcos
encallaran en sus caparazones.
Hoy en día las poblaciones de tortugas verdes
(la cual se calcula en 50 millones en los tiempos de Colón), al
igual que el resto de las especies marinas, han sido diezmadas en
forma alarmante. Al contrario de la percepción general, que culpa
de esta situación a la contaminación y al calentamiento de los océanos,
para Jackson ha sido la sobrepesca lo que realmente ha causado la
extinción de la vida marina.
Aunque
para el científico, la sobrepesca dista mucho de ser un problema
reciente, ya que se practica desde hace varios siglos, y sus efectos
han pasado inadvertidos gracias a lo que en la naturaleza se conoce
como “redundancia”, o sea el remplazo de una especie similar a la
que se extinguió.
Esta es la explicación de por qué no ha sido
hasta épocas recientes que los científicos han podido percatarse
del daño ocasionado por la sobrepesca. Anteriormente, hasta hace
unos 10 años, la actitud de los biólogos marinos era que los recursos
procedentes del mar eran infinitos.
En la actualidad, la comunidad científica
empieza a reconocer que los ambientes marinos están en estado crítico.
Para Jackson el problema ahora radica en cómo adoptar medidas paliativas,
lo que se dificulta al no poseer un conocimiento cabal de cómo se
ha visto afectada la vida marina a través de la historia. “Sería
tanto como pretender hacerle un diagnóstico a un paciente sin antes
haber estudiado su historial médico”, señala.
Es por ello que el biólogo propugna por una
cooperación más estrecha entre científicos e historiadores, como
efectivamente ya se esté dando en Estados Unidos con el surgimiento
de asociaciones interdisciplinarias.
Especies filtradoras
En el caso de Panamá, el problema de la contaminación
de la bahía es agravado por la extinción de especies que anteriormente
ayudaban a eliminar las impurezas presentes en el agua. “Antes de
que se empezara a dragar la bahía de Panamá, con el propósito de
pescar camarones, en el fondo de la misma existía un bosque de esponjas,
de ostras y otras especies que filtraban el agua para extraer sus
nutrientes”, explica el biólogo.
A juicio de Jackson, cualquier proyecto de
saneamiento de la bahía va ser extremadamente difícil de implementar
si primero no se intenta repoblar el fondo marino con esponjas.
No obstante, el científico asegura que para
esto antes habría que suspender la pesca de camarones en el área,
la cual resulta sumamente lesiva para los ecosistemas marinos, ya
que en el proceso se destruyen muchas especies de pescados y moluscos.
En opinión del biólogo, aunque la pesca de
camarones sea un industria próspera en el istmo, es necesario sopesar
si realmente resulta rentable sacrificar recursos acuáticos invaluables
solo para beneficiar a unos cuantos. “El pueblo panameño tiene que
poner en un balanza lo que antes había en nuestros mares, lo que
existe en la actualidad, y lo que realmente podría tener si nos
decidieramos a ponerle límites a a la sobrepesca”, indica Jack-son.
Es aquí en donde las conclusiones presentadas
por Jackson adquieren relevancia, ya que pueden ser empleadas en
la planificación de mejores políticas de explotación de recursos.
Por ejemplo, se podrían seleccionar especies cuya pesca no alterara
de forma significativa el ecosistema. Además se podría presentar
alternativas a los peces cuyos números se está viendo reducidos
drásticamente por la sobrepesca.
Aunque Jackson reconoce que es tal vez ya
sea demasiado tarde para que los océanos recuperen su pletórica
biodiversidad, artículos como el publicado en la revista Science
nos permite valorar mejor qué tan amplia ha sido la devastación
de nuestros océanos. Tal vez conociendo a plenitud lo que una vez
tuvimos, vislumbremos la manera de recuperarlo.
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