Panamá, 28 de diciembre de 2001
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Océanos en estado de urgencia

Los recusos marinos con los que contamos hoy en día son apenas migajas si los comparamos con las millones de especies que antaño bullían en nuestros océanos

Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com

El biólogo marino Jeremy Jackson, uno de los 19 científicos procedentes de todo el mundo que publicaron conjuntamente el artículo ‘Sobrepesca histórica y el reciente colapso de ecosistemas costeros’ en la revista ‘Science’.

Cuando el biólogo marino Jeremy Jackson arribó por primera vez a Panamá en 1968 quedó inmediatamente cautivado por la fecunda biodiversidad de los mares que bañan las costas del istmo. Apenas un estudiante entonces, Jack-son se solazaba contemplando a las ballenas y delfines que nadaban en las cercanías de la isla Naos, en lo que hoy en día se conoce como el “Causeway”.

Treinta años después, Jack-son, quien actualmente divide su tiempo entre su oficina en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales en Panamá y la Universidad de San Diego, California, siente tristeza al confrontar el fétido y mísero espectáculo de una Bahía de Panamá contaminada y despojada de su riqueza biológica.

Jackson es uno de los autores del artículo “Sobrepesca histórica y el colapso reciente de los ecosistemas costeros, el cual fue publicado el 27 de julio pasado en la revista Science . Esta publicación no ha pasado inadvertida para la comunidad científica internacional, y ha sido comentada en diversos periódicos a nivel del mundo, como es el caso de Los Angeles Times. Asimismo, BBC de Londres le dedicó un programa de media hora de duración.

Migajas de biodiversidad

En realidad, a pesar del habitual argot científico y de la abundancia de datos y referencias, el mensaje que Jack-son y sus colegas deseaban transmitir a la comunidad internacional es realmente muy sencillo: los recursos marítimos con lo que contamos hoy en día constituyen realmente las migajas de una abundancia que apenas recientemente hemos empezado a atisbar.

Efectivamente, a través de la investigación arqueológica en las capas de sedimento en el fondo del mar, se ha podido establecer que los océanos de antaño bullían literalmente con todo tipo de vida marina, como es el caso de ballenas, peces espadas, tiburones, bacalaos, rayas y tortugas.

En referencia a estos reptiles, de acuerdo con un relato de Cristóbal Colón, habían tantas tortugas en las aguas del Mar Caribe que el Almirante llegó a temer que sus barcos encallaran en sus caparazones.

Hoy en día las poblaciones de tortugas verdes (la cual se calcula en 50 millones en los tiempos de Colón), al igual que el resto de las especies marinas, han sido diezmadas en forma alarmante. Al contrario de la percepción general, que culpa de esta situación a la contaminación y al calentamiento de los océanos, para Jackson ha sido la sobrepesca lo que realmente ha causado la extinción de la vida marina.

Aunque para el científico, la sobrepesca dista mucho de ser un problema reciente, ya que se practica desde hace varios siglos, y sus efectos han pasado inadvertidos gracias a lo que en la naturaleza se conoce como “redundancia”, o sea el remplazo de una especie similar a la que se extinguió.

Esta es la explicación de por qué no ha sido hasta épocas recientes que los científicos han podido percatarse del daño ocasionado por la sobrepesca. Anteriormente, hasta hace unos 10 años, la actitud de los biólogos marinos era que los recursos procedentes del mar eran infinitos.

En la actualidad, la comunidad científica empieza a reconocer que los ambientes marinos están en estado crítico. Para Jackson el problema ahora radica en cómo adoptar medidas paliativas, lo que se dificulta al no poseer un conocimiento cabal de cómo se ha visto afectada la vida marina a través de la historia. “Sería tanto como pretender hacerle un diagnóstico a un paciente sin antes haber estudiado su historial médico”, señala.

Es por ello que el biólogo propugna por una cooperación más estrecha entre científicos e historiadores, como efectivamente ya se esté dando en Estados Unidos con el surgimiento de asociaciones interdisciplinarias.

Especies filtradoras

En el caso de Panamá, el problema de la contaminación de la bahía es agravado por la extinción de especies que anteriormente ayudaban a eliminar las impurezas presentes en el agua. “Antes de que se empezara a dragar la bahía de Panamá, con el propósito de pescar camarones, en el fondo de la misma existía un bosque de esponjas, de ostras y otras especies que filtraban el agua para extraer sus nutrientes”, explica el biólogo.

A juicio de Jackson, cualquier proyecto de saneamiento de la bahía va ser extremadamente difícil de implementar si primero no se intenta repoblar el fondo marino con esponjas.

No obstante, el científico asegura que para esto antes habría que suspender la pesca de camarones en el área, la cual resulta sumamente lesiva para los ecosistemas marinos, ya que en el proceso se destruyen muchas especies de pescados y moluscos.

En opinión del biólogo, aunque la pesca de camarones sea un industria próspera en el istmo, es necesario sopesar si realmente resulta rentable sacrificar recursos acuáticos invaluables solo para beneficiar a unos cuantos. “El pueblo panameño tiene que poner en un balanza lo que antes había en nuestros mares, lo que existe en la actualidad, y lo que realmente podría tener si nos decidieramos a ponerle límites a a la sobrepesca”, indica Jack-son.

Es aquí en donde las conclusiones presentadas por Jackson adquieren relevancia, ya que pueden ser empleadas en la planificación de mejores políticas de explotación de recursos. Por ejemplo, se podrían seleccionar especies cuya pesca no alterara de forma significativa el ecosistema. Además se podría presentar alternativas a los peces cuyos números se está viendo reducidos drásticamente por la sobrepesca.

Aunque Jackson reconoce que es tal vez ya sea demasiado tarde para que los océanos recuperen su pletórica biodiversidad, artículos como el publicado en la revista Science nos permite valorar mejor qué tan amplia ha sido la devastación de nuestros océanos. Tal vez conociendo a plenitud lo que una vez tuvimos, vislumbremos la manera de recuperarlo.


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