Panamá, 28 de diciembre de 2001
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Fracaso escolar

¿A quién debemos fracasar, al estudiante que da su mejor esfuerzo o al educador que se quedó en el tiempo de las cavernas, que aún no ha aprendido a reconocer las diferencias individuales en sus alumnos para sacarles su mejor potencial, reconociendo que todos poseemos destrezas y habilidades especiales para algunas cosas, y debilidades para otras?

¿Hasta cuándo les vamos a decir a nuestros estudiantes “brutos” o “tú no sirves”?, porque al reprobarlos de año les estamos enviando el mensaje intrínseco de que “tú no eres inteligente”.

¿Qué saben algunos educadores sobre la inteligencia humana? ¿Saben acaso qué deben hacer para que sus estudiantes fortalezcan sus actitudes y valores humanos?

Lo que está promoviendo el sistema educativo son personas parásitas, que pasan de año mediante la memoria, y no están forjando seres humanos íntegros, pensantes, con capacidad de raciocinio, como decía el gran pensador Sócrates: “yo sólo sé que nada sé”.

¿De qué sirve grabar en la memoria, si no le enseña al estudiante a analizar los conceptos que son fundamentales para enfrentarse a la vida?

Algunos educadores no han comprendido que fortalecer la autoestima en un niño es lo que va a contribuir a generar hombres del mañana preparados para resolver problemas concretos en la vida y que sean seres triunfadores.

Cambiar el sistema educativo panameño significa ir cambiando paradigmas y, sobre todo, a los educadores “obsoletos” que no han entendido que estamos en un mundo cambiante con avances constantes en tecnología y que exige mentes flexibles capaces de soportar la tensión reinante en el mundo.

Tendríamos que invertir en nuestra educación para propiciar conductas sanas, para que desarrolle hombres con una moral alta y una identidad definida que puedan dejar un legado cultural a la sociedad y un aporte al engrandecimiento de nuestro país.

Esto se logrará con capacitaciones continuas de nuestros educadores comprometidos, con el fin de que puedan percibir la importancia de incrementar la inteligencia emocional del niño y reconozcan la posibilidad de trabajar satisfactoriamente con el alumno, evaluando las herramientas personales que poseen y que les permitan hacer suyo el aprendizaje, y en un futuro descubran su profesión y de esta manera encuentren el significado profundo de su vida.

Maruquel González de Spyropulos (psicóloga).


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Fracaso escolar: Maruquel González
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