Washington le da la espalda a Buenos Aires
Analistas de todas las tendencias ideológicas coinciden en opinar que precisamente el FMI tiene mucha culpa por lo que está ocurriendo en Argentina
Betty Brannan Jaén
WASHINGTON, D.C. -En contraste con el rescate dramático que el presidente Clinton ofreció a México cuando su economía se derrumbaba en 1995, el gobierno de George W. Bush ha respondido con frialdad a la grave crisis que atraviesa Argentina.
Es que a ojos de Washington, México es el vecino de al lado y Argentina está en un planeta distante. Por más que Argentina sea un aliado leal que –único entre los países latinoamericanos– hasta ha enviado tropas a Afganistán, el gobierno de Bush descarta toda noción de darle un rescate a Argentina como el que años atrás le dio a México.
Cuando pregunté a Miguel Díaz, director para Latinoamérica del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), por qué se le está dando un trato distinto a Argentina que a México, Díaz respondió “porque Buenos Aires está más lejos de Miami”.
Cuando le hice la misma pregunta a Arturo Valenzuela, que fue asesor del presidente Clinton para Latinoamérica y ahora es director del Centro para Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Georgetown, él observó que el gobierno de Bush tiene una perspectiva distinta a la de Clinton sobre los rescates. “Esta administración da menos importancia a ese tipo de rescate”, explicó Valenzuela, quien agregó que la comunidad internacional ha debido hacer más para ayudar a Argentina.
El gobierno de Bush llegó al poder prometiendo que América Latina sería su primera prioridad, pero ese compromiso no está muy en evidencia en la reacción que Bush ha mostrado con respecto a la crisis argentina. El secretario del Tesoro, Paul O’Neill, dijo desde el jueves que los argentinos tendrán que solucionar sus propios problemas y, desde entonces, la Casa Blanca y el Departamento de Estado se han limitado a pronunciamientos blandos de fe en la democracia argentina. El presidente Bush hasta dijo el viernes que lo que Argentina necesita es más austeridad, no menos; según Bush, lo que Argentina debe hacer es seguir los consejos del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Sin embargo, analistas de todas las tendencias ideológicas coinciden en opinar que precisamente el FMI tiene mucha culpa de lo que está ocurriendo en Argentina. Del lado derecho, el diario Wall Street Journal sorprendió a muchos al aconsejar que Argentina siga el ejemplo de Rusia en vez de hacerle caso al FMI. De la izquierda, Larry Birns, del Consejo para Asuntos Hemisféricos (COHA), escribió el viernes en Los Angeles Times que “el FMI y el Banco Mundial comparten culpabilidad por el aprieto argentino, porque ellos sabían bien que Argentina es más cleptocracia que democracia”.
Mark Weisbrot, del Centro para Investigaciones de Política y Economía, también de inclinación izquierdista, opinó el viernes que la crisis argentina es solo el ejemplo más reciente de los errores del FMI, “que ha apoyado una moneda sobrevalorada, cargando al país con una deuda enorme y absolutamente impagable”.
Más al centro, Miguel Díaz, de CSIS, me dijo el viernes que el FMI y el Banco Mundial tienen mucha culpa por la tragedia argentina. “Su política de obligar recortes presupuestarios para cumplir con metas arbitrarias no era cónsono con la realidad argentina”, dijo Díaz a La Prensa.
(Esta columna la escribí el viernes en la noche y, ayer sábado, la primera plana del New York Times informó que “críticos tanto de la derecha como de la izquierda” culpan al FMI por la crisis argentina).
Pero si los analistas en Washington coinciden en culpar al FMI y al Banco Mundial por el problema argentino, también coinciden en señalar que la crisis de ese país abarca mucho más que dificultades económicas.
“Hay problemas estructurales que tienen que ser atendidos”, explicó Díaz, mencionando como ejemplo que el régimen monetario es anticuado y que el alto nivel de corrupción ahuyenta a los inversionistas. Y, señaló Díaz, “quizá lo más preocupante es que la elite política no parece comprender lo que tiene que hacer”. Los políticos argentinos, puntualizó Díaz, “han perdido la habilidad de responder a una crisis”.
Larry Birns, de COHA, muestra aún más pesimismo. “Con una deuda externa masiva de 155 mil millones de dólares, el mal manejo económico es un resultado de la crisis actual, no la causa”, opina Birns, quien describe a Argentina como una sociedad profundamente corrupta.
Por ello, a ojos de Birns, el futuro de Argentina se pinta gris oscuro. “Argentina es casi una causa perdida”, escribió Birns el viernes.
La autora es corresponsal en Washington
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