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El ántrax dejó de ser la "amenaza invisible"

Por Juan Ramón Romero
Washington, 17 de Diciembre (EFE) — Los ataques con ántrax en Estados Unidos han provocado menos víctimas de lo que cabría esperar, pero el bioterrorismo no podrá ya ser nunca considerado como una "amenaza invisible".
Casi un mes después de los ataques del 11 de septiembre, la aparición de bacterias del ántrax en el correo provocó en EU una oleada de miedo que sacudió todas las casas.

Se pensó que los terroristas, tras utilizar los aviones como bombas volantes, habían esparcido en el viento las semillas de la muerte y que las víctimas irían apareciendo en cascada.

Pero, afortunadamente, no ha sido así y, según el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC), ha habido seis víctimas mortales y una veintena de afectados directos. El miedo pasado y los miles de personas que toman medicamentos preventivos son secuelas nada desdeñables.
Al acabar el año, la clave de la cuestión se centra en saber quiénes son los culpables.

Las investigaciones comienzan a poner al descubierto la paradoja de que las bacterias fueron cultivadas en laboratorios militares de EU, en los que se les dotó de características mortíferas.
El ántrax, según se denomina en EU al carbunco o carbunclo, la enfermedad causada por el Bacillus anthracis, es una dolencia rara pero conocida desde antiguo, porque ya se habla de ella en las referencias bíblicas sobre las plagas de Egipto.

El bacilo, que ataca preferentemente al ganado, se transmite a las personas por contacto con el pelo de los animales o por inhalación de las esporas, que pueden vivir más de 10 años en el suelo, encapsuladas en un escudo protector. La enfermedad es grave.

Pero esas mismas bacterias, manipuladas en un laboratorio para que se comporten como un "aerosol", forman el arma biológica más temible que se ha desarrollado hasta ahora.
Extrañamente, según destacó un análisis del CDC, los dos casos más graves de bioterrorismo conocidos, el de la liberación de gas sarín en el metro de Tokio en 1995, y el del ántrax en EU, han sido un fracaso para los terroristas a tenor del número de víctimas provocadas.
"Numerosos expertos coinciden en que la fabricación de un aerosol letal con ántrax está mas allá de la capacidad de individuos o grupos sin acceso a métodos de biotecnología avanzada", indica el informe.
Irak, Irán, Corea del Norte y varios países más, hasta un total de 17, podrían poseer armas químicas y bacteriológicas.

La cepa de ántrax que se ha usado en los ataques de EU pertenece a la denominada variedad Ames, obtenida en los años 50 en laboratorios de Iowa.
Una factoría militar de Utah, según el diario The Washington Post, las manipuló para que fueran más mortíferas y distribuyó las bacterias por varios laboratorios de EU y desde allí al extranjero.
Según el fiscal general de EU, John Ashcroft, todo parece indicar que el ataque de EU podría responder a un "terrorismo doméstico" y ser obra de una o varias personas dentro del país con avanzados conocimientos en técnicas de laboratorio.

El primer caso se detectó en Florida en los primeros días de octubre. La muerte del fotógrafo Bob Stevens dio paso a la aparición de nuevos casos en Washington, Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut.
Varios medios de comunicación y senadores demócratas recibieron cartas contaminadas y las plantas que procesaron el correo, en Trenton (Nueva Jersey) y en la capital de EU, se convirtieron en focos de contagio.
Kenneth Todar, del Departamento de Bacteriología de la Universidad de Wisconsin, quien ha estudiado la bacteria, considera que la cápsula que la envuelve le proporciona una magnifica defensa.

Para el ataque utiliza las acción combinada de tres factores, el factor "edema" (inflamatorio), un antígeno protector y el factor letal. El resultado es que la bacteria invade las células de cualquier organismo vivo, y se multiplica hasta que en ese organismo no queden más nutrientes. Tras ello se transforma de nuevo en espora y aguarda a entrar en contacto con una nueva víctima.
A finales de 2001 la amenaza del ántrax parece haber remitido, pero ha desatado un profundo temor a la aparición de otras manifestaciones del bioterrorismo.

Estados Unidos está acumulando cientos de millones de dosis de la vacuna contra la viruela y se prepara para atajar la acción de decenas de otros peligrosos microorganismos que, hasta este año, suponían sólo una "amenaza invisible" pero ahora son una realidad.

 

 


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