Panamá, 17 de diciembre de 2001
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Ring Side

Una noche para meditar

Nicolás Espinosa s.
nespinos@prensa.com

La noche del sábado 15 debió de ser muy especial para la fanaticada del boxeo en Colón. Su campeona mundial, la única que tiene Panamá, la welter junior Ana Pascal, defendía por primera vez el cetro. Pero no fue así, porque una serie de hechos que comenzaron a darse desde que la noche empezó a arropar el coliseo de la Calle Sexta, echaron por tierra las buenas perspectivas que tenía.

Los dos primeros detalles, que no pasaron inadvertidos, fueron que la Comibox de Colón solo contó con dos árbitros esa noche: Papito Campos y Héctor Montes, y que el programa se dio inicio media hora después (9:00 p.m.) a la hora programada.

Para rematar, por el sector donde se encuentra la Arena de Colón se dio un apagón poco tiempo después de finalizado el primer combate, que duró aproximadamente 45 minutos. Algunos fanáticos abandonaron las instalaciones, aunque la mayoría se mantuvo en el gimnasio porque estaban muy seguros de que no se les devolvería el dinero que habían pagado por entrar.

Los dos primeros pleitos fueron para llorar. Hubo algo de acción, es cierto, pero, ¡qué limitados en recursos se vieron novatos sobresalientes como Carlos Melo y Roxano Lawrence!

Ambos se fueron a las manos con sus oponentes sin mostrarnos un "jab", un paso lateral, un baile en la punta de los pies, y creo que fue por ello que cuando el ya conocido Borbúa subió al ring a hacer "shadowboxing" no solo fue premiado con salvas de aplauso sino con dinero. Para serles sincero, ninguno de los cuatro púgiles que intervinieron en las dos primeras peleas mostraron ni una milésima parte de los movimientos laterales y coordinación de golpes que presentó Borbúa. No es broma.

Pero, ¡qué diferente fue ver una vez más a Angelo Dottin, un pequeñín demasiado pesado para nuestro gusto, que caminó el ring como todo un veterano! Sus movimientos laterales eran acompañados por los que hacía con los brazos y sus golpes, uno-dos, siempre llegaron a su objetivo. Es cierto que tiene mucho que aprender, sobre todo a manejarse con mayor velocidad, ya que no pega ni estampilla, pero apenas está creciendo como púgil.

Otras tres cosas para terminar. La primera, que es hora de que la Comibox renueve sus cuadros, y a los veteranos se les rinda un homenaje por el gran trabajo que han hecho; la segunda, es que los médicos de turno no están en la función para curar heridas durante un pleito sino para observarlas y determinar si la pelea debe seguir o no.

La tercera, que a Javier Castillo le cabe una sanción ejemplar por la conducta irresponsable que tuvo en su pelea con Alfonso Mosquera, porque con ello no solamente le faltó el respeto al árbitro Héctor Montes sino también a la Comibox y al público que asistió esa noche. En cuanto a Montes, debe dársele un llamado de atención, ya que con su pasiva actitud dio pie para todo lo que aconteció arriba del ring.

 




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