Novelar la historia
Novela abierta, novela-relato,
una mirada a los desengaños e ilusiones del hombre moderno, metáfora
de la destrucción y la esperanza
Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com
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Título: Cielos en la tierra
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A diferencia de la novela histórica escrita en
el siglo 19, la actual tiene menos de ese tono grandilocuente y de
exaltación patriótica, tan común en la obra de Alberto Blest Gana
y Emilio Abreu Gómez.
Hoy día, gracias a un realismo heredado de
narradores como Roberto J. Payró, Arturo Uslar Pietri y Pérez Galdós,
este tipo de literatura tiene un mayor compromiso crítico con el
pasado.
Hoy hablaremos de la literatura histórica
escrita por mujeres, específicamente de una de sus representantes:
Carmen Boullosa.
Esta dama nacida en la ciudad de México en
1954 comparte un sitial de honor junto a otras colegas y paisanas
como Rosario Castellanos, Elena Poniatowska, María Luisa Puga y
Rosa Nissán, que han ofrecido un trabajo sobresaliente en comparación
con Angeles Mastretta y Laura Esquivel, que han recibido en los
últimos años más atención publicitaria por seguir una narrativa
algo supeditada a cuántos ejemplares vender.
Boullosa ha escrito dos volúmenes de poemas
(La salvajada y Los delirios), ocho novelas y piezas teatrales.
Obtuvo en 1989 el premio Xavier Villaurrutia. Fue becaria de la
Fundación Guggenheim, el Kunstlerprogramm de Berlín y visitante
distinguida de la Universidad Estatal de San Diego.
Una de sus novelas, La milagrosa, en su versión
alemana, obtuvo el premio Liberatur que se otorga en la ciudad de
Frankfurt. Además de escribir, leer, bailar y compartir con sus
hijos, le gusta bailar y el vino tinto.
Piratas y la Atlántida
A inicios de la década del noventa Carmen
Boullosa entra en una etapa histórica a través de sus obras Son
vacas, somos puercos: filibusteros del mar Caribe (1991) y El médico
de los piratas (1992), que se basan en relatos publicados en 1678.
Ese gusto por el ayer también queda patente
con Cielos de la tierra, una novela sobre el final de las utopías,
una mirada a un futuro que le da tanto bienestar al ser humano que
éste olvida experiencias tan gratas como conversar con su vecino
o preservar la memoria colectiva.
Al mismo tiempo esta obra demuestra cómo
el lenguaje y el interés por un otro desconocido permite al hombre
mantener con vida el sentido de lo permanente.
Ese discurso a favor del rescate de los hechos
se deja ver en la trama de Cielos de la Tierra. Aquí se cuenta la
historia de una investigadora, Estela Díaz, que encuentra en los
años noventa un documento colonial escrito en el siglo XVI por Hernando
de Rivas, quien ya anciano narra en latín el surgir del Colegio
de Santa Cruz de Tlatelolco. El texto revisado en los años presentes
es a su vez descubierto más adelante por Lear, una mujer de la comunidad
de la Atlántida, sobreviviente de un futuro no tan lejano que, como
Estela, traduce con tanto esmero su tesoro que termina incluyendo
sus propias vivencias en su labor.
La propia Carmen Boullosa se encarga de explicarle
al lector en la dedicatoria de Cielos en la Tierra de qué se trata
todo esto: “esta novela no es una novela de autor, sino de autores.
En sus páginas hay tres personajes que confiesan confesar, y habemos
dos que confesamos haberla escrito. Si alguna autoridad tengo ante
este libro, diré que la verdadera autoría no pertenece a ninguno
de los que he dicho, sino al pulsar de una violencia destructiva
que percibí en el aire, en mi ciudad y en otros sitios, una atmósfera
palpitante”.
Así, Carmen Boullosa se encarga de observar
el diario vivir en tres tiempos y logra diseccionar tres épocas
con la fidelidad de una estudiosa del devenir de lo humano.
La claridad y la profundidad en la aplicación
de la disciplina historiográfica le permite a Boullosa introducirse
en una literatura que algunos estudiosos han dado en definir como
“intrahistórica”, o sea, un abordaje a las entrañas de la mente
de las personas a partir del pasado.
Boullosa, en su triple perspectiva, no solo
se interna en la conciencia humana, sino que también reconstruye
el concepto de la novela histórica que se conocía a finales del
siglo pasado. Ella ha inaugurado, por lo menos en la parte de América
Latina, una neohistoria, un método de examinar lo ocurrido con ojos
distintos.
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