Panamá, 16 de diciembre de 2001
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El enemigo

Panamá está en una crisis seria, todos debemos responsabilizarnos por mejorar esta situación

Marco Julio de Obaldía

Tengo la convicción, inculcada desde niño, de que quizá lo peor para el humano y para la sociedad es la cobardía.

Cobardía no es rehuir una pelea de cantina, sino no afrontar todas las responsabilidades propias de nuestra condición, incluyendo, claro está, las responsabilidades ciudadanas. Afrontarlas es la actitud que debe mantenerse, independientemente de las consecuencias que sobre nosotros o sobre nuestras familias pueda acarrear. Cobardía es drenar consistentemente los nobles ideales de juventud y, paralelamente, pretender engañar la propia conciencia.

Panamá, ciertamente, no es el mejor país del mundo para mantener una actitud digna, esto puede ser muy peligroso y costar muy caro.

Tanto las osamentas que se están exhumando como los exiliados, en formas diversas, pueden atestiguarlo.

No pretendo sugerir en forma alguna, que los golpistas del 68 hayan incubado la cobardía en el Istmo, por el contrario, si esta no hubiese existido en forma rampante, los golpistas ni siquiera hubiesen concebido tal idea.

Después del golpe hubo desaparecidos cuyas osamentas son testigos mudos de mil horrores, hubo exiliados, hubo represiones y amendrentamiento, pero paralelamente el servilismo y la humillación llegaron a límites insospechados, hubo muchos empréstitos, muchos nuevos ricos agrupados en un solo partido y hubo toda clase de desmanes.

Tras más de cuatro lustros, inicialmente fueron las mujeres quienes se negaron a aceptar que sus hijos continuasen viviendo en un país donde el vicio, la corrupción, la sumisión y la cobardía fueran soberanos.

Esa es historia pasada, pero historia que, con variantes, podría repetirse.

Quizá la última década (también historia pasada) haya sido decepcionante para muchos; en mi caso, veo con tristeza que la gangrena estaba más avanzada de lo que creíamos.

Yo voté en el 99 por la Sra. Moscoso y digo sin ambages que, de repetirse las circunstancias, volvería a hacerlo. No soy tan iluso como para pensar en situaciones ideales y menos en este país. Votaría nuevamente por la Sra. Moscoso por la misma razón que votaré por el candidato arnulfista en el 2004; porque creo tener una noción clara de cuál sería la alternativa.

No estoy satisfecho con lo que veo y presiento. Creo que pronto, muy pronto, personas verdaderamente bien intencionadas y cercanas a los círculos de poder, personas sin más interés que el bien común, deberían irse agrupando y reuniendo muy discretamente, con el fin de analizar realmente la situación que atravesamos y luego, quizá arriesgando mucho, en forma sincera y concisa, sin intermediarios, exponer sus conclusiones a las personas capaces de tomar las decisiones que se requieran.

Sería sano que tal principio se aplicase dentro de los partidos políticos y otras sociedades; nuestros hijos lo requieren.

Panamá, el país entero, está en crisis seria, todos y cada uno de sus ciudadanos, según nuestras posibilidades, debe responsabilizarse por mejorar esta situación, independientemente de las consecuencias que tal actitud acarree sobre nosotros o nuestras familias. Esta es una responsabilidad ciudadana que si la rehuimos sería un pecado, pecado que, como todos, acarreará consigo la pena y el castigo.

El autor es ingeniero y profesor jubilado

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