Panamá, 16 de diciembre de 2001
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Lo que el viento nos dejó

Por falta de atención, la torre de la catedral de Panamá la Vieja y el Puente del Rey están en peligro de colapsar, pero por suerte hay un equipo trabajando a tiempo completo para evitar la catástrofe

HERMES SUCRE SERRANO
hsucre@prensa.com

Torre de Panamá la Vieja

Aquella mañana dominical del verano de 1982, las aves marinas picoteaban los residuos que había dejado la marea en la lama de la playa de Panamá la Vieja. Mientras, detrás de las crestas de los paredones de las ruinas, se escuchaba una gritería. Los chiquillos y demás curiosos intentaban en vano romper el cerco humano para enterarse de lo que pasaba.

En el centro de la rueda, dos gallos de pelea -temblorosos de coraje- intercambiaban revuelos para clavar sus filosos sables de carey. Algunos automovilistas aficionados a las apuestas, no resistieron la tentación de bajarse a jugar un par de dólares. Los muros de Panamá La Vieja, ciudad fundada en 1519 por Pedrarias Dávila, servían de gradería a la improvisada gallera. Al final de la tarde de gallos, en el suelo solo quedaban las negruzcas manchas de sangre, una que otra pluma, y las piedras sueltas de las ruinas, que una vez fueron el orgullo de la corona española en el Litoral Pacífico.

En las noches, las ruinas se convertían en moteles al sereno. Los vehículos pesados apachurraban los empedrados caminos, que hace más de medio siglo eran el lugar de recreo de los exhaustos soldados de las expediciones y de los centinelas de la ciudad. Antes de 1995 este histórico patrimonio era la ciudadela de los viciosos y un refugio de siniestros asaltantes de camino. En estas planas no se puede describir lo que sucedía durante las celebraciones (fecha de fundación) del 15 de agosto.

Por siglos, principalmente en el último, Panamá La Vieja ha sido castigada por el vandalismo y por la presencia de estructuras modernas y perniciosas en el sitio.

La Vía Cincuentenario -que atraviesa el conjunto- marcó el martirio de esta ciudad colonial. La perturbadora ruta dificulta la circulación peatonal de lugareños y turistas; los gases corrosivos de camiones, buses y carros no solo contaminan el ambiente, sino que aceleran el deterioro de la mampostería de los monumentos.

Todo indica que existía un incontrolable deseo de “arruinar las ruinas”, sin considerar que este legado histórico merece ser, como efectivamente será declarado por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad.

El viento se llevó las ilusiones de los expedicionarios españoles, la avaricia de los piratas y el olor a pólvora de la guerra, pero nos dejó una majestuosa torre, un puente único en la región y un complejo monumental de un gran valor histórico.

Por fortuna, hay panameños que saben apreciar el pasado. Así surgió en 1995 el Patronato Panamá Viejo, con el fin de recuperar, conservar, proteger y restaurar la legendaria ciudad. El patronato está formado por el Club Kiwanis de Panamá, el Banco del Istmo, el Instituto Nacional de Cultura y el Instituto Panameño de Turismo (IPAT).

Poner orden en casa

Humberto Jirón Soto, presidente del Patronato, señaló a La Prensa que lo primero que se hizo fue sacar las piqueras de buses, que como modernos Atilas convertían en peladero el área. También se reubicó una pista de equitación, con sus establos. Igual suerte corrió un cuartel de las antiguas Fuerzas de Defensa. Se trasladaron además instalaciones del Ministerio de Salud.

Las ruinas se afectaron por causa de los jardines, colocación de estatuas, bancas, faroles, que se hicieron sin tomar en cuenta el carácter de sitio arqueológico de Panamá La Vieja.

Para la construcción de los jardines se usaron piedras de las ruinas, lo que implicó la pérdida de mucha información histórica. Es de imaginarse que también se utilizaron piedras para cocinar el sancocho de gallina, caldo ideal para reconciliarse con el estómago durante las parrandas del 15 de agosto.

Por falta de atención, los dos monumentos más emblemáticos, la torre de la catedral y el Puente del Rey, están en peligro de colapsar, pero por suerte hay un equipo trabajando a tiempo completo para evitar la catástrofe.

España, tras sus huellas

Humberto Jirón, abogado y diplomático, dijo que “le ha costado un pulmón” captar recursos económicos para mejorar el complejo monumental.

Durante los últimos cinco años, el Patronato ha funcionado con un millón de balboas aportado por las administraciones de Ernesto Pérez Balladares y Mireya Mocoso. Sin embargo, se requieren 5 millones para dar respuesta a los programas de restauración contemplados en el Plan Maestro, tales como la torre, el puente y el traslado de la Vía Cincuentenario.

Existe una comisión de asesores compuesta por Ernesto Boyd, César Tribaldos, Francisco Linares y Vielka Ramírez, para trazar una estrategia de captación de fondos para salvar la torre. Se planteó una acuñación de moneda de un balboa, pero el proyecto está pendiente de la decisión del Banco Nacional de Panamá.

España aportará, por medio de la Agencia Internacional de Cooperación Española- AECI) 300 mil balboas para salvar la torre de la catedral. Banistmo destinará 350 mil balboas para la restauración del convento de las Monjas de la Concepción.

Igualmente se invertirá más de 250 mil dólares en la recuperación del Puente del Rey, una estructura que ha sido reforzada para evitar que colapse. Jirón también gestionará fondos en la Unión Europea (UE), en la Junta de Andalucía y la Junta de Extremadura.

Por su lado, Julieta de Arango, directora ejecutiva del Patronato, informó que en febrero del 2002 se iniciará la Primera Escuela de Verano de Arqueología, con la participación de profesores y estudiantes universitarios de Noruega, Argentina, Alemania y Colombia.

Expertos de la Universidad de París recurrirán a un sistema de radar, para ubicar yacimientos arqueológicos a lo largo de la Vía Cincuentenario. La idea es hacer una exploración a fondo del subsuelo para orientar las excavaciones.

Los planes a mediano plazo incluyen el aporte de 70 mil balboas de la Fundación Natura para la reforestación del conjunto monumental. Ya existe un estudio para la recuperación del litoral (evitar la hediondez) por medio de la siembra de manglares. También se construirá un relleno desde el Centro de Visitantes (antiguo Bohío Turístico) hasta las Casas Reales, sitio en que se encontraba el cuartel militar.

Hay planes de convertir a Panamá La Vieja en un gran museo y en un complejo turístico. Aparte de hacer un trabajo de restauración y de reubicación de las estructuras que estorban al conjunto monumental, hay que hacer un trabajo de educación para crear conciencia entre los panameños sobre el valor de su historia.

Julieta Arango y Humberto Jirón recuerdan que el Patronato está abierto a todas las sugerencias y a las críticas constructivas. El propósito es preservar el recuerdo de la visión del rey Don Fernando y de Pedrarias Dávila, noble segoviano de linaje guerrero, de fundar la ciudad de Panamá.

Si la crueldad del pirata inglés Henry Morgan no pudo hacer desaparecer la vieja ciudad, no hay que permitir que lo haga la negligencia de las nuevas generaciones. El viento nunca se lo lleva todo; las ruinas son el testimonio de nuestras raíces.


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