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Especial
País de pulso agitado
Creo que en el fondo subyace una fuerte
crítica ciudadana a la relación asimétrica
entre políticos y sociedad
Raúl Leis R.
Especial para La Prensa
El Pulso de Panamá sigue indicando que el cuerpo social
del país no parece tener buena salud. La cabeza, el Gobierno
en su conjunto, sigue siendo cuestionado ampliamente en este orden
ejecutivo, legislativo y judicial, y aunque la percepción
de la gestión de la presidenta ha mejorado levemente, su
agenda económica y anticorrupción es muy criticada
por los encuestados.
Las opiniones señalan lo evidente: el empeoramiento de la
situación económica del país, centrándose
en tres grandes problemas que están muy relacionados entre
sí: desempleo, crisis económica y corrupción.
La crisis es percibida más fuertemente en el área
urbana, en especial de la provincia de Panamá y sobre todo
entre los más jóvenes. Esto no es casual, pues la
tasa de desempleo urbano era del 15% en Panamá (1997), es
el más alto de la región centroamericana, y los problemas
de desocupación entre los jóvenes afectaron al 32%
de ellos. Esta situación de marginamiento y exclusión
juvenil repercute en los problemas sociales que les afectan. Entre
los jóvenes de 15-19 años las causas principales de
muertes son las violentas: los accidentes (44%)), suicidios (9%)
y homicidios (39%) representan el 53% del total de las muertes en
este grupo (65% en los varones y 32% mujeres). El 60% de los detenidos
eran menores de 29 años y el 18% eran menores de 20 años,
siendo las causas de detención los delitos contra la vida
e integridad personal como agresiones, homicidios, lesiones personales,
provocaciones y amenazas, riñas y tentativas de suicidio.
Frente a todo esto no es nada raro que el 63% de los encuestados
no justifiquen la unificación del pasaje del transporte urbano
colectivo capitalino, programado para el 15 de diciembre, pactado
sobre la base de un cambio sustancial en la calidad y cantidad del
servicio.
Es bueno tener en cuenta que el transporte colectivo de pasajeros
en la ciudad de Panamá, está ligado a la disponibilidad
de ingresos de sectores ligados o próximos a la pobreza urbana
o ubicados en la franja de vulnerabilidad, normalmente concentrados
en espacios urbanos donde adquieren visibilidad y agrupación.
Estos sectores necesitan de un medio de locomoción rápido,
cómodo y barato que conecten efectivamente focos de empleo,
vivienda y tiempo libre.
La tendencia a la urbanización empobrecida es ascendente,
pues una mayor proporción de pobres se concentrará
en el futuro en las áreas urbanas. Existen en las áreas
urbanas, 232 mil pobres, de los cuales 47 mil están en extrema
pobreza, un total de un millón. Casi la cuarta parte de los
pobres vive en ciudades (23%). San Miguelito tiene 40% de los pobres
urbanos del país, y existen 90 mil 100 personas pobres de
300 mil habitantes que aproximadamente componen el distrito especial.
Un grupo considerable de población urbana es vulnerable
o está en riesgo de pobreza, pues viven justo sobre la línea
de pobreza total. Si la línea de pobreza aumenta (al reducirse
el consumo total) en un diez por ciento, la pobreza urbana aumentaría
de 15 a 19%, y los pobres urbanos serían de 23 a 25% a nivel
nacional. Los niños y los jóvenes menores de 18 años,
representan cerca de la mitad (46%) de todos los habitantes urbanos
pobres. Esto tiene implicaciones generacionales graves.
El tema del transporte no es, pues, solo técnico, sino que
expresa la dimensión socioeconómica que afecta a la
mayoría de sus usuarios.
Tampoco es extraño que la mitad de los/las encuestados/as
estén de acuerdo con utilizar el FFD de alguna manera sea
parcial o total, pues ven en esos recursos una inversión
para mejorar los problemas que los agobian derivados especialmente
de la crisis económica, por ello opinan que deben utilizarse
esos fondos para obras como agua potable, carreteras y tren liviano
(las dos últimas relacionadas con el tema del transporte
de personas), pero eso sí, es muy claro el mandato de no
utilizar el FFD para pagar la deuda externa del país.
En el plano político casi un 60% de los/las opinantes rechazan
la designación del Dr. Winston Spadafora como magistrado
de la Corte Suprema de Justicia, lo que es un claro indicativo de
que la población rechaza la politización del Organo
Judicial que debe ser independiente de los otros órganos,
para poder esgrimir la imparcialidad necesaria y propia de dicho
cargo. Creo que en el fondo subyace una fuerte crítica ciudadana
a la relación asimétrica entre políticos/as
y sociedad, donde lo político partidista se convierte en
un polo dominante que tiende a partidarizar espacios en los cuales
la ley establece claramente su función, como la suprema magistratura
hoy, o recientemente la Defensoría del Pueblo.
Lo que está en discusión y eso atañe
a todos los gobiernos y partidos- es si la pérdida de autonomía
de estas esferas autónomas, no es más que una expresión
institucionalizada de clientelismo político que visualiza
al Estado como un espacio de ocupación, y que, finalmente,
lo que provoca es la debilidad de las instituciones políticas
y por ende de la democracia. No olvidemos la profunda desilusión
de los partidos y gobiernos que todas la encuestas señalan.
¿Por qué seguir jugando con este fuego?
La encuesta deja entrever lo usual : la ley del péndulo.
Ante los errores del oficialismo se torna a la opción por
la oposición, destacándose en esto la utilidad del
voto que sirve más para castigar que para proponer. Movimiento
pendular que no es perpetuo, sino desgastante. El que no lo crea
que mire la historia política venezolana, solo para poner
un ejemplo.
El resultado es la despolitización de la democracia, y la
pérdida gradual de su valor como sistema político,
pues los /las ciudadanos/as tienden a abstenerse de participar en
la vida política, o verse compelidos/as a entrar a ella sobre
la base de reglas del juego que consagran deformaciones y formas
de operar torcidas y manipuladoras.
Es el pulso de un país enfermo, pero consciente de los síntomas,
pero no tanto de las causas.
Nota de la editora: Estos comentarios corresponden al último
Pulso de la Nación, publicado el pasado 10 de diciembre del
2001.
Agenda económica
y percepción pública
Nuestra población es centrada,
mesurada y adversa al riesgo como cualquier buen padre de familia
Rafael Mezquita
Especial para La Prensa
La lectura de la última encuesta publicada por La Prensa
me ayudó a comprender la percepción pública
sobre los temas actuales de la agenda económica. La gente
asume posiciones sobre el uso del Fondo Fiduciario, el presupuesto
del 2002 y la unificación de la tarifa de transporte a 25
centavos. Destaco estos temas de la encuesta porque esa misma gente
considera que dos problemas de la economía desempleo
y crisis económica son los principales retos no resueltos
por el actual Gobierno, por ello la población califica mal
la gestión pública económica y tiene pocas
esperanzas de que mejore en el futuro.
En la mesa del Diálogo se analizan varias combinaciones
de utilización entre saldar o comprar deuda externa,
obras de infraestructura o mantener parte del capital para el futuro
de los mil 200 millones de balboas del Fondo Fiduciario, que produjeron
en octubre más del 11% de interés y no el ridículo
3% que asegurara la presidenta recientemente. La opinión
pública marca líneas para el uso de esa plata. Cuatro
de cada diez panameños creen que el Fondo debe usarse parcialmente,
casi tres que no debe utilizarse y menos de dos que debe usarse
totalmente. Nos hacemos eco del uso parcial del recurso, por lo
que la fórmula final debe contemplar la permanencia de parte
del capital del Fondo Fiduciario para el futuro.
Cuando se indaga sobre qué proporciones del Fondo debieran
utilizarse para la deuda o para inversiones, la gente responde con
mesura, descartando los extremos. Solo el 14% y el 21% de la población
( el primer extremo) quiere que se use todo el Fondo o la mayoría
de este para la deuda o para obras, respectivamente. En el otro
extremo, solo el 33% y el 22% dicen: nada del Fondo ni para deuda
ni para obras. Cuando sumamos a la población que está
de acuerdo con utilizar la mitad o menos de la mitad ( entre un
tercio y un medio) del Fondo para la deuda o para obras, encontramos
el mayoritario centro: un 43% para deuda y un 47% para obras.
En resumen, la población quiere que un tercio del Fondo
se quede donde está, otro tercio se use para deuda y el último
tercio para obras de infraestructura y cerca de la mitad de los
entrevistados se opone a que esos recursos millonarios se coloquen
donde produzca más intereses porque hay mayor riesgo. O sea
que nuestra población es centrada, mesurada y adversa al
riesgo como cualquier buen padre de familia.
Sobre el presupuesto del 2002 la gente se manifestó de igual
manera. El 25% de la población cree que el Órgano
Legislativo tiene la razón, o sea que el presupuesto presentado
está mal hecho y tiene que reformularse (como finalmente
lo aceptó la presidenta), el 20% dice que el Ejecutivo tiene
la razón y un 31% ni uno ni otro. Y finalmente, 6 de cada
diez panameños consideran que no se justifica la unificación
de la tarifa de transporte a 25 centavos, o sea que en estos momentos,
no están de acuerdo con ese aumento.
Frente a estas percepciones, el Gobierno pudiera tener posiciones
diferentes porque para eso gobierna, pero a la oposición
solo le es permitido, la mayoría de las veces, actuar como
lo expresa la voluntad popular, si quiere llegar a ser Gobierno.
Era encuestolítica
Las encuestas políticas exhiben la virtud
y el defecto de dar primicias, adelantos del torneo electoral
Jaime A. Porcell Alemán
Especial para La Prensa
Los periódicos escriben día a día la historia
moderna. Quienes estudien la nuestra a través de La Prensa,
descubrirán que sus encuestas atraviesan dos eras: encuestolítica
inferior y superior. La inferior se inicia con el momento del presidente
fundador Bobby, atraviesa el estrato Winston y concluye en Stanley.
Allí, nos acostumbran a presentar encuestas trimestralmente.
Pero en la era superior, otro gallo cantaría.
Durante la inferior, a la encuesta le resultaría más
difícil convencer. Los incrédulos aprovecharon para
llevar agua a su escepticismo, que en el ´94, el pronóstico
de La Prensa coloca a Mireya en cuarto lugar. Pero termina segunda,
y a sólo 4% de Pérez Balladares. Tampoco ayuda a sospechar
el amplio triunfo de Martín en las primarias de octubre ´98,
por más de 30% sobre Oranges. Pero, entre pifias y aciertos
en la discutible función de pronóstico electoral,
La Prensa impone sus encuestas, y junto a caricaturas, Hoy por Hoy
y páginas de opinión, constituyen pilar de su identidad
corporativa.
La era encuestolítica superior aterriza en el nuevo siglo.
Inaugura la galaxia reformista de Ricardo Alberto, de cuya mano
el periódico ingresa a la constelación de los 35 centavos
por ejemplar y reorganiza su pedestal. Mientras, zumba la circulación
a 60 mil ejemplares. Aún no coincide su era con algún
torneo electoral, de esos que tanto ayudan a practicar dividirnos,
pero que plantean prueba de fuego a encuestas, y por ende, al periódico.
Para algunos, lo que necesita La Prensa es más encuestas.
El presidente RAA, somete a prueba la original hipótesis.
Quiebra la frecuencia trimestral mantenida durante 10 años
del encuestolítico inferior, y la triplica a mensual. Entonces,
nos preguntamos, ¿la frecuencia durante períodos electorales,
llegará a diaria?
Las encuestas políticas exhiben la virtud y el defecto de
dar primicias, adelantos del torneo electoral. Para unos, mantienen
alto el interés en la vida pública. Para otros, esto
es lo que menos necesita el país. Pero, igual que el sancocho,
cuando se engulle demasiado, terminan por indigestar. Encuestas
políticas mensuales, equivalen a sancocho diario.
Para algunos, las encuestas devinieron en periódico de ayer.
Repiten casi al unísono: los tres poderes del estado no convencen,
la esperanza en el futuro va deteriorándose, Vallarino galopa
hacia Martín, la percepción de corrupción oficial
marca alta. La percepción del desempleo como el principal
problema, ya redunda. Y como también han hecho desde siempre,
dibujan una ilusión para aquel candidato independiente. Para
ellos, las de La Prensa resultan reiterativas hasta en sus fallos.
Así, una quinta parte de los entrevistados, repite el error
de incluir a Moscoso entre los presidenciables para el 2004, sin
que algún piadoso les aclare que la reelección se
rechazó en 1998. Pierden así la virtud de sorprendernos.
Tal lluvia de palos sólo confirma las convulsiones de una
era encuestolítica emergente, cuyas placas tectónicas
friccionan, para poner a vivir a un mundillo político rendido
ante ellas.
Parte de la población, exhibe tal grado de despiste, que
no acierta sobre fechas de la nacionalidad, como lo proyectan las
cámaras, año tras año. Evidencian ningún
interés en incluirse en la corriente de opinión. A
pesar de aquel segmento importante, que prefiere seguir a Pedro
el Escamoso que a nuestra presidenta, es en la vida política
donde los medios escritos concentran sustancia. Vibran emocionados
cuando demuestran con cifras, lo mal evaluado que los políticos
aparecen. La percepción de corrupción crece, reclama
la oposición. Para el oficialismo, Mireya aumenta, mas ambos
viven una ilusión. Caen dentro de aquello que llaman intervalo
de confianza, y que hace que variaciones de seis por ciento y menos,
no sean significativas. En el lapso de sólo un mes, rara
vez algo cambiará significativamente.
Pero el país político domina con creces al país
económico. Las primeras planas viven varadas en los detalles
de la lucha entre oposición y gobierno, mientras la campaña
nunca para. No en vano un semanario especializado en la vital economía,
como Capital, consigue circular sólo 50 veces al año.
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