Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com
Lo que vive hoy día el fútbol panameño
me recuerda mi niñez, por estas mismas épocas
de fiestas decembrinas, cuando uno esperaba impaciente para
ver qué iba a traer Santa Claus. Muchas veces no era
lo que uno quería, sino lo que estaba al alcance de nuestros
padres. Total, a la hora de abrir los regalos, uno tenía
que conformarse y adaptarse con lo que te regalaban. De cualquier
manera era mucho más de lo que recibieron nuestros progenitores
en su niñez.
En mis tiempos comienzo de los 70 fue otra época.
Nada parecido a lo que sucede en nuestros tiempos, con todo
este boom comercial que se vive en materia publicitaria
por las fiestas de Pascuas y de Fin de Año.
Son dos épocas que las relaciono con el fútbol
nacional. Una, cuando el fútbol no tenía ni una
pizca de apoyo y, la otra, con la ayuda que se le ha venido
dando, que aunque muchos consideren que no es gran cosa, es
mayor a la que se le dio en otros tiempos.
En la relación que hago de niño y Santa Claus,
el aficionado se puede comparar a un infante que espera sonreír
en el mes de diciembre con un regalo que aún no ha llegado.
Hace un año fue el seleccionado Sub 20, que terminó
por fuera en una eliminatoria regional celebrada aquí
y hace poco días la Sub 21 no pudo conseguir ninguna
medalla en los Juegos Deportivos Centroamericanos de Guatemala.
Dos diciembre sin regalos.
Un regalo que pienso estaba a nuestro alcance en materia de
selecciones juveniles y sobre todo en un torneo meramente centroamericano.
Si hablamos de selecciones mayores la historia es otra. Sería
pedirle demasiado, pero no así con las juveniles que
en el último lustro han sido competitivas con Gary Stempel.
El fútbol es una disciplina que pese a no ser considerada
como el deporte cabecera de Panamá tuvo momentos de efervescencia,
subiendo como espuma de champaña.
Todo ese cambio de épocas decembrinas del que hice referencia,
se viene dando en todas las esferas de la sociedad. El fútbol
la tiene. Que no viva la que experimenta el béisbol,
son otros 20 pesos, pero con todo y ello tiene ínfulas
de grandeza en nuestro territorio.
En los pasados regionales de Guatemala, por ejemplo, el fútbol
se dio el caché de viajar con sus propios
recursos, lo cual es un indicio de que algo ha cambiado respecto
a otras épocas lejanas.
Las expectativas por el fútbol en Panamá son
grandes y, en gran parte, gracias a la difusión que le
dan los medios a este deporte. Basta mover el dial de la radio
a diferentes horas del día para escuchar la diversidad
de programas radiales exclusivos de fútbol. Lo mismo
se da en la televisión y ni qué decir de los medios
impresos.
El apoyo de los medios y del mismo aficionado es una muestra
del respaldo que tiene esta disciplina deportiva. Una época
en que los jugadores no pasan inadvertidos, hoy todos son conocidos.
Por eso no hay queja, el fútbol puede darse por servido,
los que tienen que ponerse en onda son los directivos por tratar
de engrandecerla tanto a nivel de la federación como
de la ANAPROF.
Todos queremos ver resurgir el fútbol nuestro. De parte
de la afición y de los medios está de más
su apoyo incondicional.
Por el momento no queda más que seguir esperando un
regalo de fin de año. Falta ver cuánto tardará.