Los glaciares de la Patagonia
Paola Cairo Roldán
De El país
Cuna de colosales glaciares, la Patagonia argentina ofrece en el verano austral la oportunidad de contemplar inmensas lenguas de hielo que se desploman sobre lagos azules. Al suroeste de la provincia de Santa Cruz está el parque nacional de Los Glaciares y su imán principal, el Perito Moreno, una mole de hielo de fácil acceso cuyos frecuentes desprendimientos de bloques de más de 50 metros de altura lo convierten en un espectáculo que hace enmudecer por su magnitud y estruendo. La popularidad del glaciar va en aumento. Si hace una década solo lo visitaban unos pocos viajeros, ahora son más de 150 los que a diario caminan sobre él y se asoman a sus grietas.
La excursión se inicia a orillas del Brazo Rico del lago argentino, hasta donde los traslada un barco que suele llevar a grupos de 20. Tras caminar unos minutos, se deja atrás una playa para, inesperadamente, acceder al extremo oeste del glaciar. Una vez que los guías atan crampones metálicos al calzado, no hay mayor dificultad para empezar el recorrido sobre una pequeña parte de los 257 kilómetros cuadrados siguientes.
Ráfagas de viento, lluvias ocasionales y hasta ligeras granizadas pueden acompañar el paso de los excursionistas. Al poco de empezar el itinerario, se contemplan las caóticas puntas del glaciar, algunas agujereadas como las lonchas de queso, y sus hendiduras, que se terminan sumergiendo en el mar.
La visita al Perito Moreno puede ser el punto de partida para otros recorridos fascinantes por este parque nacional, que se extiende sobre 600 mil hectáreas y que la UNESCO declaró en 1981 patrimonio natural de la humanidad. Los campos de hielo ocupan más del 30% de la superficie del parque y nutren a 47 de sus glaciares mayores. El conjunto alberga las huellas de remotas glaciaciones: cordones de montañas, bosques subantárticos, lagos abastecidos por el deshielo, arroyos, valles, morrenas, senderos salpicados por enormes rocas erráticas...
Según la zona elegida -las distancias entre distintos sectores del parque exigen generalmente movilizarse varias horas en coche- se pueden combinar actividades diversas: navegar entre los témpanos de hielo -la aproximación al glaciar Upsala, el más grande del parque, regala panorámicas únicas-, pescar en lagos solitarios, cabalgar en medio de bosques, caminar, acampar, escalar montañas o pasear en bicicleta. El viaje a estos parajes también puede ser convertido en una visita al pasado si, en lugar de hospedarse en los albergues y hosterías de pueblos cercanos (como El Calafate y El Chaltén), se opta por las tradicionales estancias patagónicas.
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