Panamá, 14 de diciembre de 2001
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
Trasfondo
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Revista
Reseña
Tecnología
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
Talingo
SEPARATAS
Pulso de la Nación
Punto exe
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

“Secuestraron a Dios”

El aislamiento de cualquier tipo de fe es peligroso en el mundo de hoy

I. Roberto Eisenmann, jr.

El título de este escrito salió de una conversación con una pareja de queridos amigos. El vivió los horrores de la guerra, de manera que conoce la tragedia humana de primera mano y además, por ser estudioso y leído, conoce con bastante amplitud muchas religiones, además de la que practica. Hoy, frente a la situación de crisis que vive el mundo y los miles de muertos que se producen, nuevamente en nombre de Dios, nos dice que las ortodoxias de todas las religiones, incluso la propia —que conducen al fanatismo extremista— “¡han secuestrado a Dios”.

Thomas Friedman, escribiendo sobre el mismo tema en The New Yor Times, lo llama la “Ideología del totalitarismo religioso”; una visión del mundo según la cual la fe propia debe reinar suprema, y todas las demás deben ser negadas.

Distinto al nazismo -—dice Friedman— el totalitarismo religioso no puede ser combatido únicamente por ejércitos, sino que además debe ser combatido en escuelas, iglesias, sinagogas, mezquitas, y sólo puede ser derrotado con la participación activa de rabinos, imanes y sacerdotes que abracen la modernidad sin debilitar la pasión religiosa, pero afirmando que Dios no habla un solo idioma y no está presente tan solo en una fe. Es un Dios que no puede ser secuestrado por ninguna fe, ni siquiera la propia. Estos sacerdotes, rabinos e imanes tienen que predicar lo contrario al totalitalismo religioso, cual es la ideología del pluralismo, de la diversidad religiosa que considera que la fe propia puede ser nutrida y fortalecida sin proclamarla como la única, la única verdad, la fe exclusiva que niega todas las demás.

Es por eso que cualquier aislamiento de cualquier fe es peligroso en el mundo de hoy. Las escuelas con base religiosa —ya sean cristianas, judías, musulmanas, budistas y otras— deben preocuparse por aceptar a niños de otras religiones para evitar los odiosos aislamientos que no hacen más que impregnar odios en los que están adentro, y también en los que están afuera.

Friedman indica que toda religión que nace de la tradición bíblica —judaísmo, cristianismo e islamismo—tiene la tendencia a creerse dueña de una verdad exclusiva. Cuando los talibán recientemente destruyeron las maravillosas estatuas budistas, ese era su mensaje, pero otros envían ese mismo mensaje —en forma menos dramática— todos los días, sembrando las fundaciones de odio, de secuestro y de muerte. Juergensmeyer, en su libro Terror en la mente de Dios, anota que, curiosamente, el objetivo de toda violencia religiosa es la paz y —en lo que es obviamente un ciclo vicioso, a pesar de que la religión ha sido usada para justificar violencia— la violencia a su vez ha sido factor de empoderamiento de la religión.

Por todo lo anterior hay que mantener bien separada la religión de la política. Dicho en palabras cónsonas con la jerga del momento, hay que mantener privatizada a la religión, y esa es una privatización con la que todos estaremos de acuerdo. La religión —cualquiera que ella sea— debe ser la luz que alumbra los valores morales de la sociedad, de manera que, en otra curiosidad, la cura de la violencia religiosa, en última instancia, podría estar en que todos tengamos una apreciación renovada del valor de las religiones en elevar nuestra espiritualidad y valores morales. ¡No permitamos jamás que —ni siquiera por nuestro silencio cómplice— alguien secuestre a Dios!

El autor es presidente de la Fundación Libertad Ciudadana

Además en opinión

Los males del hermetismo: Fernando Berguido G.
Yo, mi bolsillo y usted: Herminio Duarte González
“Secuestraron a Dios”: I. Roberto Eisenmann, jr.
Inconveniencias de un tren ligero: Raúl Cuestas Gómez
Teletón, ¿otra vez?: Juan B. Mckay
Carta de un fanático: Rómulo Emiliani






¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ Trasfondo¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios ¦ UH Deportes ¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦
Derechos reservados, Corporación La Prensa.internet@prensa.com