Teletón, ¿otra vez?
Hay tal cantidad de necesidades en Panamá que todas las páginas de este periódico no serían suficientes para enumerarlas
Juan B. Mckay
Por allá por el año de 1981, en mi calidad de productor de noticieros de RPC-TV, fui encargado de la producción del segmento de noticieros de lo que fue la primera Teletón 20-30. La verdad es que no conocía a la gran mayoría de los que en aquel entonces integraban esa organización y nunca me imaginé que mi vida fuera a quedar tan marcada por un club de jóvenes que sin contar con mucho respaldo, montaron lo que hoy es considerado el espectáculo más grande de Panamá.
Si bien es cierto que con el tiempo aprendí que Activo 20-30 es mucho más que una teletón, también aprendí lo entregado que es éste grupo para con los niños que menos tienen de este país. Algún tiempo después me incorporé como un soldado más a trabajar para darle una mejor esperanza de vida a aquellos niños que sufren algún tipo de discapacidad, sufren de desnutrición, son abandonados, no pueden estudiar, son huérfanos y en fin todo lo que a algunos niños no les permite crecer y desarrollarse con las mismas oportunidades que nuestros propios hijos.
Desde ese diciembre de 1981 hasta ahora, he recibido muchísimas satisfacciones, pero también he aprendido lo dura que es la vida para muchos niños. He podido aprender que los niños de Darién no crecen tan altos, no tienen todos los servicios básicos o sencillamente viven a 3 ó 4 horas por chingo río arriba por el majestuoso Tuira. He aprendido que hay niños en Bocas del Toro que presentan un cuadro tan severo de desnutrición que nadie daría ni un real por ellos. He aprendido que hay niños en Coclé que tienen que caminar más de 2 horas para ir a la escuela más cercana y no saben lo que es tener cuadernos. Y así por todo el país…
Activo 20-30 me ha enseñado muchísimo. Ojalá y todo Panamá hubiera podido vivir conmigo todas estas experiencias, pero por ahora sólo les queda creerme. Hay tal cantidad de necesidades en Panamá que todas las páginas de éste periódico no serían suficientes para enumerarlas. En esta ocasión quiero abogar por algunos de estos niños. Aquellos que por alguna razón del destino no tienen una piernita, les falta una mano, no se desarrollaron correctamente, o sencillamente por algún accidente fortuito quedaron postrados en una silla de ruedas o atados a una cama.
Ninguno de estos niños tiene la culpa de estar en esa condición; pero, ¿saben qu´e? a todos les encantaría salir de ella, o por lo menos poder valerse por sí mismos. Todos quieren ser productivos en una sociedad que los rechaza o los margina. Todos quieren vivir. ¿Por qué no darles esa oportunidad? ¿Por qué no demostrarles que tenemos un corazón grande y generoso? ¿Por qué no decirles que estamos seguros que sí pueden? ¡Esta es la mejor oportunidad!
No pensemos que es una responsabilidad del Estado. No digamos que la cosa está muy dura y que tenemos para dar ningún tipo de donación. Esa es la salida fácil. Esa es la salida del avestruz, pues todos esos niños siguen ahí, con sus mismos problemas y sus mismas necesidades.
Miremos a la vida de frente y compartamos lo poquito que Dios nos ha prestado, con aquellos que no sólo no tienen nada, sino que no tienen la misma oportunidad de conseguirlo. Seamos positivos y no nos preguntemos que hacen esta partida de locos recogiendo plata en la mitad de una crisis. Veamos en los ojos de los socios de Activo 20-30, los ojos de aquellos niños que no pueden decirnos que ellos sí quieren.
¿Con qué cara podríamos ver a nuestros hijos mañana sabiendo que no hicimos lo suficiente? Los 20-30´ han dicho que de hermano a hermano demos la mano, que juntos todo era posible, que había que rescatar la vida y que teníamos que darle vida a otro corazón. Ahora es la hora de todos decir: ¡A que podemos!
El autor es empresario y comunicador social
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