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Actualidad
CAT
por liebre
Le corresponde ahora al Gobiernoevitar
que losseudoempresarios le sigan vendiendo CAT por liebre
Manuel Domínguez
mdominguez@prensa.com
La fórmula es, por decir lo menos, simple: invente un producto,
invente que lo exporta y hágase millonario. Así de
fácil. Usted pone un poco de imaginación y del resto
se encarga un sistema caduco que se basa, a estas alturas, en la
buena fe de quienes lo usan -y abusan.
Se trata de los Certificados de Abono Tributario (CAT). Un subsidio
-¿premio?- ideado por el establishment económico de
los militares en 1974 para motivar la exportación de los
denominados productos no tradicionales.
Los mismos cuya vigencia (por acuerdos con la OMC iban a desaparecer
en el 2002) el ministerio de Comercio e Industrias logró
expandir en la reciente cita convocada por la Organización
Mundial de Comercio en Doha, Qatar.
Son los mismos CAT que, últimamente, han hecho titulares
dado los escándalos descubiertos al comprobarse que varias
empresas han obtenido millonarias sumas de dinero al presentar información
falsa sobre sus exportaciones.
Y sabemos, de buena fuente, que las operaciones de otras exportadoras
de productos no tradicionales reflejan un éxito que da pie
a la sospecha.
Sospecha también provoca el aumento de las exportaciones
de este tipo de productos: en 1998, 330 millones de dólares;
352 millones 600 mil dólares en 1999; mientras que en el
2000 subieron a 468 millones 600 mil dólares (fuente: la
Contraloría).
Solo en 1999, se emitieron mil 295 resoluciones de CAT por un monto
total de 34.3 millones de dólares.
Los CAT pueden ser usados para pagar varios impuestos (entre ellos
impuesto sobre la renta e ITMB); a mayor exportación, más
grande es el CAT. Cuando se emite la resolución que luego
dará origen al CAT en sí, el exportador la negocia
en el mercado secundario y la convierte en efectivo. El CAT equivale
al 15% del valor agregado nacional (VAN) que contenga el producto
exportado.
Si la resolución es por 1 millón de dólares,
por ejemplo, puede ser comprada en 800 mil. Así, el exportador
se queda con un dinero que antes no tenía y el comprador
se beneficia con un documento que cuando se haga efectivo valdrá
considerablemente más de lo que le costó.
Originalmente, y esto me lo dijo alguien que cree en ellos, el
propósito de los CAT era benévolo: impulsar el crecimiento
de los exportadores para así crear empleos. Hasta aquí
todo bien.
El problema surgió en el sistema de verificación
de las exportaciones. Un repaso a los últimos casos hacen
esto evidente. Algunas empresas simplemente presentaron a la Comisión
de Incentivo a la Exportación documentos falsos sobre el
volumen de sus exportaciones.
No hubo, ni hay, un funcionario verificando que realmente esa empresa
exporta tantos contenedores por semana, o que efectivamente esos
contenedores transporten algo.
Los funcionarios encargados de otorgar los CAT -no todos, por suerte-,
más interesados en engrosar las estadísticas de exportación
que en verificar la legitimidad de la información que reciben,
firman rápidamente el visto bueno. Generalmente el daño
se descubre cuando ya está hecho.
Se otorgan las resoluciones, el exportador las vende y todos felices.
Hasta que se descubre que en realidad no hubo tales exportaciones
y que, por consiguiente, los CAT fueron obtenidos fraudulentamente.
Las autoridades solo perciben que hay algo anómalo cuando
las estadísticas de cierta empresa arrojan cifras escandalosas
(cito el ejemplo de una empresa dedicada a la fabricación
y exportación de cosméticos, con sólo dos años
de operación, que reportaba exportaciones por 13 millones
de dólares al año, lo que le permitió recibir
más de tres millones en CAT en 1999).
Cierra este proceso el Gobierno que, con la plata de todos los
panameños, cree en la buena fe de quienes compraron las resoluciones
y da legitimidad a un documento negociable cuya génesis fue
la corrupción.
Muchas empresas, eso me consta, obtienen los CAT de forma legítima.
Subsidios como este son comunes en el mundo. Pero, en lugar de un
incentivo, los CAT han degenerado en una tabla de salvación
sin la cual muchas exportadoras desaparecerían.
El problema es que, pese a los importantes casos de irregularidades
en la obtención de estos documentos, las autoridades no hacen
mucho por ajustar los controles y evitar más corrupción.
Es un hecho: la OMC ha permitido a Panamá que los CAT se
mantengan vigentes. Le corresponde ahora al Gobierno evitar que
los seudoempresarios le sigan vendiendo CAT por liebre.
El autor es periodista
Alberto Vallarino también
volvió
El inesperado, pero no sorpresivo encuentro, ha
levantado una justificada polvareda política
Hermes Sucre Serrano
hsucre@prensa. com
Volveremos, las proféticas palabras pronunciadas
por Arnulfo Arias Madrid aquel sangriento 10 de mayo de 1951, cuando
salía de la Presidencia -con el saco al hombro y del brazo
de su esposa, doña Ana Matilde Linares de Arias- luego de
ser derrocado por un golpe militar, no pierden vigencia. Son muchos
los arnulfistas que vuelven, uno de los último fue Alberto
Vallarino Clement, ex candidato presidencial en las elecciones de
mayo de 1999.
Arnulfo Arias cumplió su palabra en octubre de 1968, pero
nuevamente fue derrocado por una rebelión militar encabezada
por los oficiales Boris Martínez y Omar Torrijos Herrera.
Sus seguidores aseguran que también regresó en mayo
de 1984 cuando -supuestamente- perdió las elecciones frente
a Nicolás Ardito Barletta. Otros que hicieron honor a la
promesa del Caudillo de Arco Iris fueron Guillermo Endara
Galimany, en 1989, y Mireya Moscoso Rodríguez, en 1999.
Hoy nos ocuparemos del regreso, a manera de acercamiento, de Alberto
Vallarino Clement, quien esta semana se reunió con la presidenta
Mireya Moscoso, y con otros jerarcas del arnulfismo. La presidenta
anunció que a partir del 2002 se abrirán los libros
de inscripción de esa agrupación política.
Aunque Vallarino no habló de inscribirse, sí confesó
que toda su vida, que incluye el episodio de su postulación
presidencial por el Partido Demócrata Cristiano (PDC) en
1999, se ha sentido arnulfista.
El inesperado, pero no sorpresivo encuentro, ha levantado una justificada
polvareda política, porque se trata de dos figuras relevantes
en la política criolla. Nadie puede negar que Mireya Moscoso
es una mujer con mucha fuerza política, y así lo demostró
con su victoria en mayo de 1999 y con el dominio que ha mantenido
desde hace muchos años a lo interno del Partido Arnulfista
(PA). Además, en los últimos meses lidera una guerra
sin cuartel con sus tradicionales adversarios del Partido Revolucionario
Democrático (PRD). Por su lado, Vallarino demostró
tener poder de convocatoria cuando en mayo de 1999 obtuvo alrededor
de 190 mil votos, a pesar de no estar acuerpado por una fuerza electoral
comparable con el PA y el PRD.
Alberto Vallarino ha dicho que todavía las elecciones están
muy lejos para hablar de candidaturas; sin embargo, esto mismo decía
en 1999, antes de disputarse las primarias con Moscoso. A lo interno
del arnulfismo se mencionan otros presidenciables como Víctor
Juliao, José Miguel Alemán y José Manuel Terán.
A muchas personas les sorprendió la reunión del pasado
martes, no obstante, la pregunta que se hacen los que creen que
en política todo es posible es: ¿pudieron haber estado
Mireya Moscoso y Alberto vallarino más distanciados que el
PRD y el PDC?
Vallarino sí quiere ser presidente de Panamá; así
lo ha dicho y así lo siente. Su propuesta de gobierno de
1999 cobra hoy mayor vigencia que nunca. Además mantiene
un contacto permanente con las comunidades pobres del país,
mediante programas de asistencia social que desarrolla mensualmente
en compañía de los empleados de todas las sucursales
de su banco.
Muchos analistas políticos consideran que Vallarino es un
Napoleón sin caballo, porque no tiene un partido
político fuerte para ganar las elecciones del 2004. Pero
su posible regreso a las filas arnulfistas significa que podría
cambiar el panorama. Y no se necesita ser la reencarnación
de Maquiavelo para pensar que lo último que desearía
Mireya Moscoso es entregarle (en septiembre del 2004) la silla a
un perredista. Sin embargo, en el tarot de la política no
hay nada escrito.
El autor es periodista
El Fondo busca rendimiento
Víctor D. Torres
vdagoberto@prensa.com
Corría el año 1994 cuando se intensificó la
fiebre de los procesos de privatización de empresas estatales
en América Latina. Por supuesto, Panamá no estaba
aislada de esa inevitable corriente. El proceso lo inició
aquí el gobierno de Guillermo Endara Galimani, cuando pritavizó
lo que es hoy la Terminal Internacional de Manzanillo (MIT, por
sus siglas en inglés).
El ex presidente de la República Ernesto Pérez Balladares
acababa de iniciar su gobierno cuando emprendió un ambicioso
plan de privatización de empresas estatales.
En los siguientes años de su gobierno, los principales sectores
de la prestación de servicios públicos -electricidad,
telefonía puertos, los casinos y otras instituciones estatales-
eran entregados al sector privado.
Es así como en 1995 con Pérez Balladares nace el
Fondo Fiduciario para el Desarrollo (FFD), el cual está compuesto
por los dineros provenientes de la privatización de empresas
estatales y la venta de las tierras y propiedades de las áreas
revertidas a Panamá por el Gobierno norteamericano.
La venta de las empresas estatales produjo el Fondo Fiduciario
para el Desarrollo, constituido por poco más de mil 313 millones
de dólares. Actualmente, ese capital ha disminuido a mil
252 millones 333 mil 407 dólares . Su disminución
obedece a que el Gobierno ha pellizcado parte del capital,
en lugar de limitarse a utilizar los intereses que genera. Esto
no debería suceder, porque la ley establece que las obras
se financiarían con los intereses producidos por el Fondo.
¿Qué hacer con el FFD?
En 1995, la Asamblea Legislativa aprobó la Ley 20 de 1995,
por medio de la cual se creó el FFD. Desde entonces, el Fondo
ha estado en la mira. Pero la ley del Fondo tiene una limitante:
solo se puede invertir en instrumentos de títulos o valores
en los mercados de capital nacional e internacional, a corto, mediano
y largo plazo, y que garanticen una rentabilidad adecuada de acuerdo
con las condiciones del mercado.
Hoy el Diálogo Nacional, donde covergen todos los sectores
del país para encontrar una salida a la crisis económica
que vive Panamá, también busca reformar la ley del
FFD para tener otras opciones de utilizar el dinero.
En el diálogo se ha acordado recomprar deuda con el FFD.
La fórmula que se utilizará aún queda pendiente,
como también el monto a tomar y los instrumentos que se comprarán.
El mercado espera que sean los bonos globales que están
a descuento (precio superior a 100), ya que son los que ofrecen
mayor rendimiento.
Lo que habría que analizar con cuidado es si aún
es rentable comprar deuda, toda vez que el rendimiento de las inversiones
del Fondo se ha incrementado en 11.37%, al menos en el mes de octubre.
En casi todo el año 2001, la rentabilidad del Fondo aumentó
a 6.39%. Antes de que se transfirieran en agosto 813 millones de
dólares a los tres bancos de inversión (Goldman Sachs,
Morgan Stanley y Black Rock), el Fondo tenía apenas un rendimiento
de 3%.
En tiempos de volatilidad de los mercados, el Gobierno debe considerar
con más detenimiento todas las opciones de inversión.
No vaya a ser que, lejos de incrementar el capital del FFD, nos
quedemos sin Fondo para siempre.
El autor es periodista
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