Vergüenza ferroviaria
Hace algunos días se inauguró nuevamente el tren que une las dos costas de nuestro país, dando un alivio así al transporte de mercancía y pasajeros que se daba a través de la carretera transístmica y el Canal de Panamá.
Para muchos fue todo un acontecimiento; luego de muchos años de ausencia, resurgía nuevamente el movimiento de lado a lado del caballo de hierro transístmico, que desde mediados del siglo XIX estuvo brindando sus servicios de carga y transporte de pasajeros y que en la actualidad serviría para lo mismo, esta vez atrayendo al turista y al empresario y fomentando así la creación de nuevos empleos.
No obstante, fue sorpresa para todos ver en las noticias del 3 de diciembre, de un accidente en el que se estrellaron dos locomotoras en un cruce de líneas. Personalmente, si hubiera sido dueño de algún periódico, o incluso periodista, me hubiera dado mucha vergüenza publicar esto.
¡Cómo es posible que se diera este tipo de situación cuando se trata de un sistema ferroviario supuestamente nuevo, cuando ni en los tiempos del antiguo ferrocarril se vio esta clase de accidentes! La respuesta a esta interrogante es simple. Nuestros gobernantes, como repetidamente sucede, volvieron a contratar gente que no servía y que trajeron un equipo antiguo y en desuso, con un sistema de seguridad inservible (como recientemente lo demostraron) por no decir “inexistente”, lo que produjo un bochornoso accidente, provocó que alrededor de nueve personas salieran heridas y la muerte del conductor que, gracias a su pericia, evitó que más personas salieran lastimadas.
Con este lamentable hecho se ha evidenciado la pésima imagen de la seguridad en nuestro país. ¡Pobre de los turistas que en ese momento iban a bordo del tren!
Ya basta que los que gobiernan tomen las cosas a la ligera, pensando solo en los beneficios que para ellos traerá el negocio. Y ya que eso es por lo visto inevitable, al menos exijan a los inversionistas más seguridad, más calidad en los materiales y en el servicio, que traigan equipos de avanzada, con los debidos sistemas de seguridad y que cumplan estrictamente con todas las medidas que aseguren el bienestar de los usuarios.
De esta manera le dirán a la ciudadanía que al menos les importa algo y ayudarán a aminorar un poco el malestar de la negligencia de sus actos
Héctor Paz Mendieta
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