Panamá, 9 de diciembre de 2001
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En defensa de la Universidad de Panamá

Hoy día, los que dominen el conocimiento en toda su amplitud y potencialidad serán los que en definitiva podrán encontrar las mejores soluciones a los grandes retos del mundo actual y futuro

Justo Medrano

El mundo de hoy se caracteriza por varios fenómenos que, si bien no determinan individualmente las posibilidades reales del desarrollo de los países, sí representan, en conjunto, los elementos a tomar en consideración para lograr una mejor aproximación a lo que se ha dado en llamar, “desarrollo sostenible o sustentable”. Estos fenómenos o elementos son los siguientes:

1. El rápido deterioro de las condiciones ambientales en casi todo el mundo y en particular en nuestro país, producto, sin duda alguna, de las actividades humanas.

2. El incremento y agravamiento de los problemas sociales en gran parte del mundo; entiéndase por ello, desempleo, pobreza, disminución de la calidad de vida, de educación, de atención de salud, de transporte, de vivienda y de alimentación, de la seguridad ciudadana, etc., de los que no escapa nuestra nación.

3. La falta de una planificación adecuada para el desarrollo económico nacional, que contribuya a incentivar las inversiones necesarias y a minimizar los problemas sociales y ambientales citados en los puntos anteriores.

Estos tres elementos constituyen lo que los expertos denominan “las tres dimensiones del desarrollo sostenible”, es decir, la dimensión ambiental, la social y la económica.

Es importante señalar que cuando hablamos del desarrollo sostenible se hace imprescindible sustituir algunos parámetros utilizados por el modelo de desarrollo actual que, precisamente, lo han convertido en un modelo insostenible. Así tenemos, por ejemplo, que el parámetro de enriquecimiento inmediato y acumulación excesiva de riquezas, característico del modelo capitalista o neoliberal, tiene que dar paso a un parámetro de mayor equidad que significa, en fin de cuentas, una mayor y mejor distribución de las riquezas y de las oportunidades para la adecuada movilidad social de los distintos sectores.

Este nuevo parámetro, conceptual para el desarrollo sostenible, se fundamenta en el hecho de que el desarrollo no puede significar generar riquezas por generar riquezas, sino que estas tengan el propósito de dar soluciones a los problemas del ser humano que, en el modelo sostenible, se convierte en el eje en torno al cual deben girar las tres dimensiones antes señaladas, la ambiental, la social y la económica.

Un cuarto elemento a considerar en el momento de planificar un nuevo modelo de desarrollo es, sin duda alguna, el conocimiento. Los expertos no han categorizado el conocimiento como una dimensión de desarrollo sostenible pero lo cierto es que el conocimiento debe constituir el tejido que sirva para unir las tres dimensiones entre sí y ponerlas en función y a favor de lo que hemos denominado el eje del desarrollo sostenible, es decir, el ser humano. El conocimiento de que hablamos no es sólo el científico-técnico que avanza a pasos agigantados en los tiempos modernos sino también, el conocimiento humanista, incluyendo las ciencias sociales, lo que ha permitido la aparición de esta nueva visión del mundo hacia un modelo de desarrollo más humano.

De lo que no cabe duda, hoy día, es que quienes dominen el conocimiento en toda su amplitud y potencialidad serán los que, en definitiva, podrán encontrar las mejores soluciones a los grandes retos del mundo actual y futuro, que no se lograrán sino es a través de la formación, al más alto nivel, del recurso humano nacional y la investigación de los problemas ambientales, sociales y económicos que limitan el desarrollo de nuestros países.

No existe otra alternativa para lograr nuestro pleno desarrollo que centrar nuestro esfuerzo nacional en la formación de los recursos humanos capaces de enfrentar esos grandes retos del futuro. Por ello, toda la inversión que hagamos en la dirección de educar al más alto nivel a nuestra población, será una inversión segura hacia el desarrollo futuro de nuestro país.

En las circunstancias actuales del desarrollo de la civilización humana, impregnada de profundos elementos humanistas como son, los derechos humanos, los derechos de la mujer, el niño y la familia, dirigidos hacia el fortalecimiento del núcleo básico y fundamental de la sociedad, la familia; en momentos en que cada vez más aumenta el deseo de democratización de la sociedad, de una plena libertad de expresión y de participación ciudadana, el conocimiento es la única herramienta que puede garantizar el goce de esos derechos, de la participación democrática y de la plena libertad de expresión. Cada individuo, sin distingo de raza, religión, credo, ideología, sexo o sector social del que proceda debe tener el derecho y el deber de educarse al más alto nivel porque de ello no depende sólo su futuro sino el de la patria.

No es posible pues, insistir en la obsoleta tesis de que la educación superior no debe ser prioritaria para el desarrollo nacional; quienes así piensan no solamente contradicen los esfuerzos hechos por aquellos países que han alcanzado los más elevados niveles de desarrollo y que han dedicado a la educación y la investigación, a nivel superior, grandes inversiones que hoy les permiten estar en el sitial que ocupan a nivel mundial, sino que además, están en contra de los avances logrados en cuanto a los derechos humanos entre los cuales se encuentra el derecho a la educación. Pero ese derecho a la educación no puede entenderse como el derecho a educarse sólo a nivel de educación básica o media pues, esos niveles no son garantía de la plena capacidad para la participación en la sociedad ni para el pleno goce de los derecho humanos.

Quienes hemos tenido la oportunidad de educarnos a niveles superiores tenemos la certeza de que la educación superior representa el único factor real de equidad social con que cuentan cientos de miles de panameños que hoy viven en la pobreza o la miseria, para lograr una verdadera movilidad social y la garantía de poder enfrentar los retos de un mundo cada vez más competitivo y exigente en la productividad, eficiencia y eficacia de los pobladores.

Se hace impostergable y obligante para los que hemos tenido la oportunidad de realizar estudios superiores, salir en defensa de las instituciones de educación superior, sobre todo si son públicas, porque ellas representan la única garantía de atacar la pobreza dando a la gente la herramienta del conocimiento para abrirse su propio camino hacia el futuro. Debilitar estas instituciones con ataques despiadados a las misma, sin que ellos sean una crítica constructiva que aporte al fortalecimiento de las mismas, es como destruir las esperanzas de quienes no poseen otra alternativa para salir de las precarias condiciones de pobreza y miseria en que se encuentran.

La Universidad de Panamá viene siendo atacada de forma poco constructiva por distintos medios de comunicación con la contribución, indudable, de sectores internos de la Universidad que, amparados en el anonimato de una información noticiosa, le hacen un daño irreparable a la institución al ponerla en la mira del cañón de los organismos de financiamiento internacional que presionan a nuestro gobierno para eliminar de sus prioridades el financiamiento, no sólo de la Universidad de Panamá sino también de las otras tres universidades públicas que existen en el país.

Los universitarios y los distintos sectores sociales debemos aceptar que una institución como la Universidad de Panamá, que alberga a más de setenta mil estudiantes, cerca de cuatro mil profesores y unos tres mil administrativos, es una institución con innumerables problemas de orden académico y administrativo que requiere del aporte de la sociedad y de los universitarios en su conjunto, para encontrar las mejores soluciones a los mismos. Estos aportes deben ser constructivos, sin pretender la destrucción de la institución, intentando su descalificación social con críticas acérrimas a sus defectos y al de sus autoridades, sin señalar los posibles correctivos y los grandes aportes que esta institución ha hecho en sus sesenta y seis años de vida en la que ha brindado oportunidades de estudios a cientos de miles de panameños y ha entregado a la sociedad más de ochenta mil profesionales que en gran medida han contribuido, en todos los campos del saber, al desarrollo del país.

Hemos hecho nuestro el lema de “conciencia crítica de la nación”; debemos darle un verdadero contenido a este lema al mismo tiempo que debemos aceptar las críticas constructivas que nos vienen desde fuera para la construcción de una nueva universidad, modernizada y actualizada, en donde cada ciudadano pueda encontrar su camino de superación, personal y familiar, en la excelencia académica como norte y garantía de un futuro mejor para los panameños. Sólo así daremos un verdadero contenido a ese lema impregnado en la mente de cada universitario por nuestro insigne primer rector Octavio Méndez Pereira y haremos honor al creador de nuestra universidad, el Dr. Harmodio Arias Madrid.

Al iniciar un nuevo siglo los universitarios debemos aportar nuestros mejores esfuerzos y conocimiento para resolver los problemas institucionales, en armonía con todos los sectores sociales que deseen aportar al mejoramiento de la institución como el único camino para lograr la excelencia académica y una verdadera relación universidad-sociedad. Este es el camino para defender la institución universitaria y para garantizar que siga siendo la universidad del pueblo panameño, llenando las expectativas de un pueblo deseoso de salir del subdesarrollo en que nos han sumido en gran medida quienes ahora nos hablan de sostenibilidad, pero, al mismo tiempo, pretenden estrangular las instituciones de educación superior pública.

El autor es profesor de química

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