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Actualidad
De aquellos fondos; estos
cerpanes
Lo único seguro es que el que
negocie su CERPAN en las condiciones actuales del mercado perderá
por partida doble
Juan Luis Batista
Es verdad que hablarle de inversiones a alguien que hace malabares
para sobrevivir es una canallada. Pero engañarlo con falsas
esperanzas y al final escamotearle, con su propio consentimiento,
lo poco o mucho que ha ahorrado es una ruindad sin nombre.
Eso es lo que ha pasado y lo que pasará con el dichoso CERPAN.
Y lo de canallada sin nombre es literal. Al final, el mercado será
implacable con sus reglas y los ahorristas no sabrán exactamente
quién se llevó un pedazo de su escuálida jubilación.
Retrocedamos en el tiempo para entender toda este fiebre de los
CERPAN atizada por políticos miopes, inversionistas avispados
y ahorristas desesperados.
En 1975 mediante la ley 16 del 31 de marzo se creó el Fondo
Complementario con la idea de contribuir con la jubilación
de los empleados públicos. Se les descontaba a los trabajadores
el 2% del salario mensual para crear un fondo para que los empleados
públicos tuvieran una jubilación un poco más
jugosa que la que daba la Caja de Seguro Social, que se calcula
en base al 60% del salario de los siete mejores años. El
Estado, por su parte, se comprometía a poner un capital semilla
para sustentar financieramente este sistema. No obstante, el Estado
nunca puso el dinero.
En 1997, durante la administración de Ernesto Pérez
Balladares, la Asamblea Legislativa eliminó las jubilaciones
especiales y creó el denominado Sistema de Ahorro y Capitalización
de los Servidores Públicos (SIACAP) mediante la ley 8 del
6 de febrero de 1997. Los ahorros no irían a una cuenta común,
sino a una cuenta individual en la que a cada quien se le registraban
sus aportes, sumados a lo que ya había aportado en el Fondo
Complementario.
El Estado emitió unos bonos por 360 millones de dólares
que garantizaban el dinero de los servidores públicos. Sin
embargo, quedó a voluntad del empleado público aportar
o no al sistema.
Se acordó, igualmente, que el dinero lo manejarían
cuatro administradoras de fondos de pensión y la Caja de
Seguro Social para que ellos le sacaran provecho de acuerdo a las
reglas del mundo financiero.
Todo marchaba en paz hasta ese momento. Los que se jubilaban recibían
su jubilación, más los dineros del SIACAP.
Pero en febrero de este año cientos de empleados públicos
fueron tentados con una propuesta a simple vista atractiva. Algunos
inversionistas empezaron a decirles a los empleados
públicos que si les vendían los ahorros
les daban un 80% del total de las cuentas.
La historia reciente es bastante conocida. La Asamblea Legislativa
aprobó, por petición de la Federación Nacional
de Servidores Públicos (FENASEP), la Ley 29 del 3 de julio
de este año que creó el Certificado de Participación
Negociable (CERPAN). La idea es que los afiliados al SIACAP pudieran
negociar con la banca de licencia general, con la CSS o en la Bolsa
de Valores los dineros aportados entre 1975 y el primero de agosto
de 1999.
Pero ocurre que la CSS no invertirá en CERPAN y probablemente
la Bolsa de Valores sea una enredo demasiado grande para los ahorristas.
Unicamente queda la banca general, que según la FENASEP solo
ofrece cerca del 40%, lo que califican como un robo.
Actualmente los fondos del SIACAP superan los 460 millones de dólares
(hay que incluir los intereses y aportaciones del primero de agosto
a la fecha). Esos fondos tienen un rendimiento anual de 8.27%, según
los últimos reportes de las empresas administradoras. Nadie
paga tanto, a menos que se invierta en cerveza.
La dirigencia de la FENASEP ha pedido que se reforme la ley del
CERPAN para permitir a otros negocios participar en la negociación
de CERPAN. Les han dicho que negociarán los CERPAN a un 100%.
¿Será verdad o será el mismo cuento de febrero
pasado cuando decían que pagarían 80%?
Lo único seguro es que el que negocia su CERPAN en las condiciones
actuales del mercado perderá por partida doble y otros, con
un poco de habilidad y sin mucho esfuerzo, le habrán arrancado
un trozo de su jubilación con su propio consentimiento.
El autor es periodista
Hay esperanza en Afganistán
Según el punto de vista occidental, con
la caída del régimen talibán, Afganistán
gana, pero ¿los afganos comunes y corrientes ganaron algo?
Yasmina Reyes
Nada en Afganistán es sencillo. El país tiene una
geografía accidentada que apenas refleja las complejidades
de su historia y evolución, pero además las rivalidades
de los diferentes grupos étnicos que conviven en el país
complican la situación, si ello es posible en un lugar que
tiene casi 30 años de vivir en guerra. Y ahora, la guerra
contra el terrorismo, que Osama bin Laden, uno de sus más
notorios protegidos y mecenas llevó hasta ellos,
desde no solo miles de kilómetros de distancia, sino de una
era a otra. Un país del siglo XXI que explora el espacio
y tiene el poder para clonar seres humanos y para extinguir a la
humanidad, ataca con armas del siglo XXI a un país atascado
en el Medioevo.
Resulta irónico que una nación que ha derrotado a
los más poderosos ejércitos que ha habido en el mundo
desde hace siglos, haya sido vencida por la incapacidad de su gente
de sentarse a negociar y decidir quién y cómo gobernará
el país.
Según el punto de vista occidental, con la caída
del régimen talibán, Afganistán gana, pero
¿los afganos comunes y corrientes ganaron algo? Digo, aparte
de la posibilidad de escuchar música, ver películas,
cortarse la barba o, en el caso de las mujeres, caminar solas por
la calle sin ser apaleadas. Eso no sirve de mucho cuando se está
hambriento, no tienes casa o pasas frío porque no tienes
ni cobijas ni leña.
Pero hay esperanza. La reunión que se realiza en Bonn, Alemania,
ha despertado muchas esperanzas entre aquellos optimistas que creen
que si logran que los líderes de las diferentes corrientes
políticas se reúnan y conversen se puede encarrilar
al país. Pero, las cuatro facciones que asisten a la conferencia
la Alianza del Norte, la Asamblea de Pe-shawar (de mayoría
pash-tún), el Grupo de Roma (nucleado en torno al ex monarca
Zahir Shah) y el Grupo de Chipre (que aglutina a intelectuales exiliados)
parecen hablar idiomas diferentes y resultará difícil
el que, aun cuando encuentren un idioma común, puedan conciliar
diferencias tan grandes que han llevado al país al punto
en donde está. Justamente por no conciliar esas diferencias,
el Talibán, que sí tenía una visión
clara de lo que quería y el empuje para concretar ese proyecto,
se impuso. Y ahora, en la era post-talibán, Occidente sigue
esperando milagros.
Pero los milagros existen. Los delegados están de acuerdo
en los principios generales para la formación de una administración
de amplia base que brinde estabilidad al país. Ahora viene
lo difícil. ¿Quien encabezará esa administración?
Y, el ministro del Interior de la facción afgana más
poderosa que controla Kabul declaró: Todos los grupos
étnicos deben estar representados. Pero para ello tiene que
haber democracia y comicios libres. Esta declaración
despejó el camino porque resulta crucial que la Alianza del
Norte (o Frente Unido, como prefiere llamarse) que controla la mayor
parte del país, esté dispuesta a compartir el poder.
Al final, la palabra clave para que Afganistán supere estos
treinta años de privaciones parece ser: compartir.
La autora es periodista
El interés por
el FFD
Otras propuestas de reformas se han hecho, pero
han sido rechazadas de plano por la oposición, que controla
el Legislativo
Gionela Jordán
Cinco son las alternativas que se analizan para determinar una
fórmula que le dé un mejor uso al Fondo Fiduciario
para el Desarrollo (FFD), de modo que esos recursos tengan incidencia
directa en la reactivación de la economía nacional,
la que se mantiene en un letargo de casi dos años.
La incidencia en la economía nacional de ese fondo ha sido
cuestionada por sectores populares y por la actual administración,
principalmente.
Son dos las modificaciones importantes que ha sufrido la Ley No.
20 de 1995, que creó el Fondo.
La primera se realizó durante las postrimerías de
la administración de Ernesto Pérez Balladares. Esa
vez se estableció que sólo se podrían utilizar
los intereses del FFD para la realización de obras sociales.
Los opositores dijeron que ese cambio se hizo para amarrarle
las manos al Gobierno entrante.
La otra reforma se efectuó en junio del 2000, después
de difíciles y largos debates entre la oposición y
el Gobierno. Esta vez se acordó utilizar 559 millones producto
de los rendimientos del capital para invertir en obras sociales.
Otras propuestas de reformas se han hecho, pero han sido rechazadas
de plano por la oposición que controla el Organo Legislativo.
Pero ahora pareciera que se avecina otro cambio, ya que, en principio,
los sectores participantes en el diálogo nacional para la
reactivación económica han llegado a un consenso en
ese sentido.
Al respecto, representantes del sector empresarial, laboral, de
la oposición y del Gobierno, en el marco de esas discusiones,
analizan cinco propuestas.
La primera de estas propone que se utilice el FFD para financiar
proyectos de inversión en infraestructura, y de contenido
social en condiciones blandas y manteniendo el 30% del capital de
ese fondo.
A la vez que esta opción ayudaría a promover la reactivación
económica, y a generar el crecimiento del Producto Interno
Bruto (PIB), los integrantes de la mesa del diálogo señalan
que también incrementarán en 2 puntos porcentuales
el costo de la deuda.
La alternativa dos, dispone utilizar hasta el 100% el FFD para
comprar deuda externa (bonos globales como inversión, manteniendo
el capital de esos recursos y aumentando su rendimiento.
Entre la incidencia que tendría esta propuesta, figura que
los flujos de servicio se pueden reinvertir en el país. Sin
embargo, esta opción es indiferente a la calificación
del país, e imposibilita que se pueda invertir en bonos Brady,
pero no afecta la relación deuda Producto Interno Bruto (PIB).
La tercera opción propone la recompra de deuda a través
de una restructuración mayor de (5,000 millones) de la deuda
externa utilizando el FFD como garantía a 30 años.
Según los analistas, esta fórmula pemitiría
la reestructuración, en gran escala, de deuda externa, además
de que disminuye las necesidades de financiamientos anuales y la
obtención de recursos de emisión con un profundo descuento.
No obstante, duplica el saldo de deuda a mediano plazo y también
genera carga negativa en la medida en que se ejecutan las recompras
y pérdidas de ventajas en descuentos de precios, ya que se
compran por encima del valor que está en el mercado.
Las dos últimas propuestas, que son bastante similares,
establecen utilizar el FFD para recompra y cancelación de
deuda externa (bonos Brady). La primera de estas propone utilizar
la totalidad del fondo para esa transacción (unos mil 200
millones) y que se cancele hasta mil 600 millones.
En tanto que la otra dispone usar solamente la suma de 900 millones
de dólares, manteniendo el balance en el FFD.
De acuerdo con los análisis técnicos, estas opciones
reducirían la deuda por encima del 100% invertido y sería
un componente importante a la solución del problema de la
deuda externa panameña.
Los beneficios fiscales agrega el análisis con
esta fórmula serían progresivos y de largo plazo,
además de que habría ahorros en cuentas corrientes
y revertirían re cursos que se van al exterior para ser invertidos
internamente.
También se daría aproximadamente el 2% de ahorro
en la tasa de interés, la posibilidad de obtener grado de
inversión y se podría reestructurar la deuda bajo
términos más favorables. Pero el balance en el FFD
disminuye en la medida en que se ejecutan las compras.
La autora es periodista
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