Panamá, 2 de diciembre de 2001
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¿Hasta cuándo mentiras?

Mariela Sagel

El Hoy por Hoy de La Prensa, del domingo 25 de noviembre señala que a veces, la “buena conciencia puede ser producto de la mala memoria” en relación a la constante reinvención de la historia que hacen nuestros gobernantes cuando de justificar sus actos se trata. Se refería directamente a las desafortunadas declaraciones que hizo la presidenta panameña, Mireya Moscoso, en la reciente Cumbre Iberoamericana, cuando dijo que “gracias a Dios” Vladimiro Montesinos se había ido de Panamá, a pesar de la presión de muchos presidentes del área, y también a pesar de que el gobierno anterior le había dado residencia al ex asesor, acto que su gobierno respetó (sic).

Aquí se cumple lo que dice el popular refrán, de que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad. Y esa mentira se la creen desde la jefa hasta el último funcionario. En el año 2000, cuando Vladimiro Montesinos llegó a Panamá, se esgrimió la excusa de que el gobierno del Presidente Pérez Balladares le había dado la visa y que por esa razón estaba en Panamá. Se aclaró hasta la saciedad que no había sido así, pero tal parece que la señora Presidenta no lee, y se basa en lo que le dicen sus adláteres, que muchas veces no le revelan toda la verdad o le reinventan la realidad. Respetó la decisión, supuesta, del gobierno anterior, para que Montesinos ingresara a Panamá, pero no así los días puente, la sala quinta, las obras de infraestructura que alegremente se endilgó, sin darle el reconocimiento a quienes las hicieron realidad, y cínicamente cortó las cintas inaugurales y todavía hoy creen firmemente que se les debe a su gestión.

En más de 24 meses de gobierno no se ha encontrado mejor excusa que echarle la culpa de todos los males al gobierno anterior, y por lo tanto se olvida (o se reinventa) que Montesinos llegó libremente y se fue libremente, inclusive con el socio en ese entonces de un miembro del gabinete, quien fue su anfitrión durante su estadía. Que la visa que se le concedió en 1999 venció a principios del 2000 y que su ingreso a Panamá se dio posterior al vencimiento de esa visa, con el beneplácito de las autoridades de este gobierno. Y que si algún gobernante del hemisferio presionó al gobierno de la señora Mireya a concederle asilo, no era para sacárselo en cara en una cumbre presidencial, especialmente cuando muchos de los que supuestamente presionaron estaban presentes y se sintieron incómodos y ofendidos con esa recriminación. La reinvención de la historia los ha llevado a acusar al presidente Endara de estar en contra de la presidenta por ser amigo ahora del presidente Pérez Balladares (declaraciones de Alejandro Pérez antes de la convención arnulfista) y de hacerse los mártires por el desastre que es la gestión actual, responsabilizando al gobierno anterior y, últimamente, a la empresa privada.

Pero no solamente los que chapucean en el patio limoso que es este gobierno reinventan la historia. Ahora también lo hacen los periodistas: el reportero José Otero, de este diario, el sábado 24 de noviembre, destacó en su columna “Darién, en una guerra ajena” que.. “En octubre de 2000, como consecuencia del ataque a Nazaret, la mandataria Mireya Moscoso viaja a la zona de conflicto. Esta fue la primera visita de un presidente de la República, en los últimos diez años, a esta desolada región”. Lo que quiere desconocer Otero es que el presidente Pérez Balladares no solamente fue a Darién en medio de verdaderas crisis, sino que dedicó ingentes esfuerzos en dotar de medios a la policía de fronteras, en llegar a acuerdos con entidades internacionales para el desarrollo de esa “desolada región” y que además, especialmente la población de Unión Chocó, le fue agradecida, regalándole un tambo porque fue el único candidato que hizo campaña en sus montañas, en sus costas y en sus ríos, y que cumplió con sus promesas.

Flaco favor hacen los que reinventan la historia porque al final la verdad siempre prevalece, y si no se le da al responsable su lugar correcto, quedan como unos mentirosos. Total, obras son amores, que no buenas razones.

La autora es arquitecta y ex-ministra de Estado

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