El riesgo de la carga radioactiva por el Canal
Antes, la tesis era quelos terroristas tenían más interés en publicidad para su causa que en muertos y heridos; pero los ataques del 11 de septiembre comprobaron todo lo contrario
Betty Brannan Jaén
“Yo veo la posibilidad de un ataque terrorista catastrófico que involucre naves. La gente tiene ahora que pensar lo impensable. Podría ser un ataque suicida sobre un crucero de pasajeros, el secuestro de una nave cargada de gas líquido para hacerlo explotar ...o el hundimiento deliberado de un tanquero con petróleo o carga peligrosa”: ...Tim Spicer, experto en terrorismo y seguridad marítima, International Herald Tribune, 26 de noviembre de 200
Un artículo reciente en el Washington Post informó de un pleito civil en Georgia que nos debiera interesar.
Resulta que un grupo de ciudadanos preocupados por la falta de seguridad en un planta nuclear propuesta para el estado de Georgia, recurrió a los tribunales para exigir que la Comisión de Regulación Nuclear (NRC, por sus siglas en inglés) hiciera un análisis del riesgo de que la planta sea el blanco de “actos malévolos”. Respondiendo al pleito, la NRC adujo que no tenía obligación de hacer tal análisis porque “las agencias federales solo tienen que dirigirse a actos que sean razonablemente previsibles”. Actos terroristas, afirmó la NRC en un alegato al tribunal, “no caen dentro de la gama de eventos razonablemente previsibles”.
Ese alegato fue presentado el pasado 12 de septiembre. El mundo había cambiado el día anterior, pero la NRC no se había dado cuenta.
En los meses transcurridos desde entonces, sin embargo, hasta los funcionarios de la NRC se han percatado de que estamos en un mundo nuevo. Según el Washington Post, la NRC ha cambiado totalmente su idea de cuáles son riesgos “razonablemente previsibles” y ha iniciado una reevaluación completa de sus medidas de seguridad. Entre otras cosas, la NRC admite que las plantas nucleares en Estados Unidos no podrían resistir un ataque como el de las Torres Gemelas.
Esa es la pregunta crucial, advierte Paul Leventhal, director del grupo ambientalista Nuclear Control Institute (NCI, por sus siglas en inglés). “Los panameños tienen que preguntarse si los buques con carga radioactiva que pasan por el Canal resistirían un ataque como el de las Torres Gemelas”, dijo Leventhal a La Prensa.
Por otro lado, las empresas involucradas en el tránsito de basura nuclear aseguran que se han tomado las medidas de seguridad pertinentes y que se ha cumplido con todos los requisitos de las agencias que regulan este asunto, como la Organización Marítima Internacional (OMI) y la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA). Para mí, eso es poco consuelo, sobre todo si usamos a las aerolíneas como analogía. Antes del 11 de septiembre, las aerolíneas estadounidenses también habían cumplido con todos los requisitos de la Agencia de Aviación Federal (FAA, por sus siglas en inglés) y ahora sabemos que esos requisitos eran trágicamente insuficientes, así como hemos confirmado que la FAA es una agencia incapaz que puso su deber de velar por la seguridad de los pasajeros muy por debajo de su deseo de complacer a los directivos de las grandes aerolíneas.
Las aerolíneas, por su lado, con una confianza injustificada en el supuestamente remoto riesgo terrorista, dejaron que crudas consideraciones de costo dictaran el nivel de seguridad, por lo que fueron recortando y recortando hasta que la seguridad -para los efectos prácticos- era nula.
Transfiriendo esas duras lecciones al problema de la basura nuclear por el Canal, yo veo que para las empresas transportadoras, esto es un negocio. Como cosa de negocios, su interés es minimizar costos y maximizar ganancias. Sabiendo que el mismo afán que tienen en usar la ruta canalera porque ello les ahorra dinero los motivará a tratar de ahorrar en las medidas de seguridad, me parece ingenuo creer todo lo que nos dicen. En vista del riesgo terrorista, debemos exigir análisis de riesgo, análisis de impacto ambiental, seguros ilimitados, y medidas extraordinarias de seguridad a ser pagadas por las empresas transportadoras, no por el Canal. Y no debemos descartar la posibilidad de sencillamente negarle paso a estos buques.
A principios de noviembre, las Naciones Unidas celebró una conferencia sobre terrorismo nuclear en Austria. Según un cable de Knight Ridder, “un orador tras otro advirtió que las reglas del juego habían cambiado desde el 11 de septiembre”. Antes, la tesis era que los terroristas tenían más interés en publicidad para su causa que en muertos y heridos; pero los ataques del 11 de septiembre comprobaron todo lo contrario. Los nuevos terroristas buscarán la manera de causar el mayor daño posible, por aire, tierra, o mar.
Corresponsal de La Prensa en Washington
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