Panamá, 2 de diciembre de 2001
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Gritos y gemidos de independencia

Por Jorge Eduardo Ritter

Contrario a lo que muchos piensan, el nuestro no es de los países con mayor número de asuetos en el año (me refiero a los oficiales no a los productos de la vagancia). La mayoría de las naciones celebra más fiestas que Panamá, pero nosotros nos ganamos al resto de la humanidad en fiestas de independencia. Es más, con el correr de los años el numero ha crecido, no porque investigaciones históricas hayan arrojado nuevas luces sobre las gestas heroicas de los próceres, sino porque cada pueblo quiere celebrar la independencia en una fecha distinta. No se conforman con el 3 de noviembre, que es de todos: Los Santos necesita celebrar el 10, Colón el 5, Chitré el 8, Santiago el 9, Penonomé el 6, y así sucesivamente. La Chorrera, que no tenía, se apropió del 28, efemérides que comparte con Boquete. Entiendo que solo quedan libres, para los pueblos que aún no cuenten con su fiesta de independencia, el 17 y el 30 de noviembre. Una vez los tomen, los restantes tendrán que irse a diciembre o, si son más audaces, a celebrar su respectivo grito de independencia en octubre. Lo cual sería más bien un gemido previo al primer grito de independencia (que los tableños a su vez reclaman como propio, pues ocurrió, según ellos afirman, horas antes que el de Los Santos).

Las fechas no han sido las únicas que han ido en aumento: la longitud de los desfiles también. A principios de la pasada administración el desfile de dieciséis horas se partió en dos de ocho, con rutas distintas pero intercambiables. Es decir, los planteles escolares se dividieron en dos grupos: cada uno cubría una ruta el 3 y la otra ruta el 4, lo cual los hizo menos agotadores e inhumanos pero igualmente monótonos y aburridos. Vamos a cumplir cien años de estar realizándolos: cuando los colegios eran menos desfilaban los estudiantes de cuadro de honor, ahora que son muchos más -desde el Instituto Nacional hasta la Escuela de Belleza Toña- desfilan todos los estudiantes, incluidos algunos (si es que aún lo son) que deben ser varias veces repitientes pues si fuera solo por la edad que exhiben bien podían haber obtenido varios títulos universitarios. Es harto conocido, además, que buena parte de la demora se debe a las piruetas, saludos militares y morisquetas de los que desfilan, marchando o meneándose, con sables y bayonetas como corresponde a un país que ha proscrito el ejército, y con botas hasta las rodillas y guantes como corresponde a un clima tropical.

El desfile del 28 de noviembre también ha crecido, no porque ahora sean más los bomberos sino porque son más los funcionarios que se disfrazan de tales para cosechar, aunque sea con esa argucia, parte los aplausos que los ciudadanos siempre les dispensan a los popularmente llamados “camisas rojas”. El año pasado fue solo la presidenta la que desfiló, este año se añadieron, o mejor dicho se colaron, un vicepresidente, varios ministros, y un número no determinado de manzanillos. Con esa progresión geométrica, en el desfile del 27 de noviembre de 2003 los bomberos de verdad van a tener que presenciar, desde las aceras, el desfile de funcionarios con antorchas ávidos de recibir por ósmosis el afecto popular de que goza el uniforme del Benemérito. El peligro para éste, sin embargo, es que en lugar de prestarle su simpatía a un gobierno que no la tiene, la corriente afectiva fluya al revés, y el desprestigio de un crecido número de funcionarios termine por contagiar el hasta ahora ileso prestigio de los bomberos.

Para agravar esta epidemia de fiestas de independencia, la Asamblea Legislativa aprobó, y la presidenta raudamente sancionó, la Ley 55 de 7 de noviembre de 2001 que decreta el 5 de noviembre día de fiesta nacional (cuando de fiestas se trata no existe desavenencia alguna entre la Asamblea Legislativa y la Presidenta). Parece ser una manera ingeniosa de cambiar los días puente por semanas puente, porque nadie va a creer que si el 3 de noviembre es día de fiesta nacional, y el 5 también, el 4 va a ser un día normal de trabajo. Esta vez fueron los colonenses los que se salieron con la suya; mañana serán los chitreanos y los penonomeños los que consigan incluir la fecha de sus antojos en la lista cada vez más extensa de las fiestas de la independencia. No veo lejano el día en que podamos ufanarnos, aunque afuera se rían de nosotros, de que son tantas nuestras independencias que tardamos un mes entero en celebrarlas. A propósito: este año el 5 de noviembre no se celebró porque la misma ley 55 establece como fecha de vigencia el 1 de noviembre de 2004. Un legado muy representativo y conmovedor del actual gobierno a las generaciones futuras.

El autor es ex-canciller de la República

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