Panamá, 30 de noviembre de 2001
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Defensor del lector

Independencia

La independencia de los pueblos y de los hombres implica pasos en la vida que irremediablemente pueden conducir hacia la libertad

HERASTO REYES
hreyes@prensa.com

La meta de la independencia siempre conlleva sacrificios, cualesquiera que sean el ámbito y el tiempo. Así ha sido en las luchas anticolonialistas, así es en las familias y así será cada vez que se hable de independencia.

Panamá, como la mayoría de los países de América Latina, vivió bajo el dominio de la corona española desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. La conquista y el sometimiento al estado colonial se caracterizó por una violencia, a niveles de genocidio, nunca vista en lo que va de la historia de la humanidad.

Una vez liquidados los pueblos indígenas, o diezmados a punto de liquidación, el aparato represivo español comenzó a ejercer un poder político despótico que, a medida que surgió la clase criolla, arremetió contra ésta. Los criollos comenzaron a resistir en todo el continente los golpes no solo políticos, sino también económicos; hasta que llegó el momento en el cual, inspirados en las propuestas de la independencia de las colonias norteamericanas y de la Revolución Francesa, comenzaron a luchar por su propia independencia.

Con Simón Bolívar a la cabeza de ese pueblo criollo se recorrieron los Andes, se libraron batallas y se venció al corrupto ejército colonial. Esta lucha, la más importante librada por los pueblos latinoamericanos, sembró en el sur la libertad, la unidad y la independencia. Panamá fue alcanzada por esos afanes y una década después de las batallas de Bolívar se une al concierto de las nuevas naciones de América, el 10 y el 28 de noviembre de 1821.

Esta historia, contada en la distancia, no deja de parecer romántica; pero no lo fue: como toda lucha implicó pérdida de vidas, cruzar a lomo de caballo las heladas cordilleras andinas varias veces, enfrentarse cuerpo a cuerpo con el enemigo en grandes batallas, que requerían de grandes dosis de valentía y arrojo, y hasta cierto punto de un espíritu en que la libertad marcaba el norte.

La independencia se puede simbolizar con el paso que todos en la vida damos, una, dos o muchas veces. Es una separación en la cual se adquiere autonomía y libertad, pero que implica responsabilidades y deberes. Si no hay una clara conciencia (colectiva o individual, según sea el caso) la independencia se convierte en un parto sin oxígeno. Ese es el caso de la independencia de Panamá, se avanza, pero no se alcanza.


Cartas y comentarios

Difieren de comentarios de Aristóloga

23 de noviembre del 2001

Señores;

Por medio de la presente, nos dirigimos a ustedes con el fin de hacer público y formal uso de nuestro derecho a réplica con respecto a un artículo, si así se le puede llamar a tan injuriosa y despectiva pieza, aparecida en vuestro diario el día 22 de noviembre del año en curso, en la sección de Revista, firmado por una persona que se escuda bajo el seudónimo de Aristóloga para “opinar” con respecto a establecimientos que se dedican al negocio de los restaurantes en Panamá.

En primer lugar, queremos hacer patente nuestra más enérgica protesta con respecto al hecho de que La Prensa, que se autodenomina Diario Libre de Panamá, auspicie a una persona que escribe de forma licenciosa y falta de todo respeto con respecto a la inversión privada nacional, escudada bajo el anonimato de un nombre ficticio, desvirtuando de esta forma a otros periodistas, pensadores e intelectuales, bien conocidos por la opinión pública de nuestro país y dignos de todo nuestro respeto y admiración, los cuales enaltecen a las páginas de La Prensa.

Que quede claro que no nos oponemos a las críticas constructivas y objetivas a nuestra cocina, ya que no puede ser desatendida cualquiera opinión o sugerencia del cliente y público en general con respecto a nuestros productos. A lo que sí nos oponemos es a que una persona de esta naturaleza utilice las páginas de una institución tan seria como La Prensa para instaurarse como un inquisidor y verdugo de tal o cual empresa dedicada al negocio de restaurante de una forma terrorista.

Ana Alfaro, pues tal es el nombre de nuestra misteriosa autodenominada periodista gourmet, suponemos que no cuenta con ningún tipo de respaldo académico, ni en periodismo, ya que si fuera licenciada en periodismo no se escudaría en el anonimato, ni en gastronomía, pues de ser así sabría, por ejemplo, que el arroz jambalaya tiene entre sus ingredientes fundamentales la carne de pollo, tal y como lo indica, por ejemplo, Emeril Lagasse, uno de los más reconocidos chefs en el ámbito mundial y oriundo de la ciudad de Nueva Orleans, cuna del jambalaya, o por otro lado, sabría que el curry es una salsa pastosa, producto de la molienda de diferentes clases de ajíes picantes, siendo este por lo tanto un plato picante.

Alguien que sí goza con una experiencia más que demostrable en el campo de la cocina es nuestro chef internacional Soheil Saidi, de una conocida trayectoria en nuestro país y quien además cuenta con una hoja de vida admirable, avalada por estudios académicos en Francia y Canadá, así como unas amplias referencias de trabajo, entre las cuales podemos resaltar a la cadena Hilton Internacional y el Club Unión de Panamá, razón por la cual no podemos pasar por alto el hecho de que la cocina y recetas de alguien con una trayectoria ampliamente probada y seria, sea objeto de las críticas mal intencionadas de una persona anónima y sin rostro.

Queremos dejar claro que, de darse el caso de que nuestro establecimiento se vea afectado, aunque sea mínimamente, como resultado de la ponzoñosa opinión personal de esta persona, publicada en La Prensa, la cual, gracias a Dios, dista diametralmente de aquella de los clientes que nos visitan regularmente desde nuestra apertura y que aún más regresan más que satisfechos a nuestro restaurante, nos veremos obligados a recurrir a las instancias legales correspondientes por daños y perjuicios, además de difamación, ya sea en su contra o en contra del diario que publica sus exabruptos, debido a que el esfuerzo y empeño de las personas que invierten en Panamá y dan trabajo y sustento a un número plural de familias panameñas, especialmente en las actuales circunstancias, no pueden ser puestos en peligro por un ataque tan bajo, sañoso e injustificado, todavía más cuando va dirigido a algo tan personal y subjetivo como lo es el buen gusto, mismo del que da todas las señales de carecer la persona en cuestión.

Por último exigimos una disculpa pública por parte de La Prensa ya que esta permite el anonimato dentro de su nómina, encubriendo a este tipo de elementos resentidos e impersonales, los cuales, en términos vulgares y bajos, además de escudados en la cobardía de un alias, se dedican a atentar (defendiendo quién sabe qué intereses), contra el buen nombre y calidad de establecimientos que, al igual que el nuestro, se ven afectados por la “opinión” de alguien, que gastronómicamente hablando, no es nadie.

David Wizel D. (representante de 49 Street Café)


El director se refiere a carta de Wizel

27 de noviembre del 2001

Señor David Wizel:

En mi calidad de director del diario La Prensa, me permito responder a su carta del día 23 de noviembre, referente a la opinión que en la columna de “Buen comer”, correspondiente al día 22 de noviembre, emite bajo el seudónimo de Aristóloga, nuestra colaboradora Ana Alfaro.

Coincidimos en que el buen gusto es algo personal y subjetivo. Así debe interpretarse la opinión de nuestra colaboradora quien, por demás, ha venido siendo aceptada por los interesados en la materia y por los propios restaurantes como suficientemente autorizada, y por ende digna de ser tomada en cuenta.

Aun cuando encontramos inaceptable la mayor parte de su misiva la estamos publicando íntegra pues somos respetuosos de la libertad de opinión.

Gilberto Sucre(director de La Prensa)

Pérez Balladares fue a Darién

26 de noviembre del 2001

En la edición del sábado 24 de noviembre, el periodista José Otero publica una noticia sobre Darién, titulada “Darién, en una guerra ajena” donde asevera taxativamente que:

“En octubre del 2000, como consecuencia del ataque a Nazaret, la mandataria Mireya Moscoso viaja a la zona de conflicto. Esta fue la primera visita de un presidente de la República, en los últimos diez años, a esta desolada región”.

Como quiera que el periodista Otero falta completamente a la verdad, debo recordarle que el presidente Ernesto Pérez Balladares viajó innumerables veces a Darién durante su mandato. En mayo de 1999, cuando se dio el conflicto en La Miel, que desalojó a todos los moradores de esa población, el presidente Pérez Balladares viajó a esa población cuando aún existía el riesgo de que el conflicto no se hubiera solucionado. En muchas otras ocasiones, inclusive para realizar consejos de Gabinete, el presidente Pérez Balladares se hizo presente en esa sufrida provincia, que ha sido agradecida con él, como dan fe los residentes de Unión Chocó.

Debo recordarle al periodista Otero que el de Nazaret fue un conflicto inflado, donde lamentablemente perdió la vida una menor, pero todo aparentó ser por una bala perdida. Si bien la mayoría de los panameños parecen olvidar algunos detalles, somos muchos los que, responsablemente, podemos defender lo actuado con la cabeza en alto y con los hechos, en medio de una amnesia colectiva.

Mariela Sagel (ex ministra de Gobierno y Justicia).


[El incidente aislado de Villa Nazaret, lejos de ser un conflicto inflado, forma parte de la larga cadena de hechos violentos que se producen en las áreas cercanas a Colombia. La noticia del periodista José Otero al referirse a la visita de la presidenta Mireya Moscoso a esta “zona de conflicto” o a “esta desolada región” se comprende, por un asunto de contexto informativo, que se trata de Villa Nazaret. Con ello no se niega que otros presidentes anteriores: Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares, durante sus mandatos, fueron a Darién].

Reclama por edición de carta

26 de noviembre del 2001

Señor Reyes: unas líneas solamente para agradecerle su respuesta en la página de “defensor del lector” a mi queja sobre la demora, por parte de La Prensa, de escribir una reseña o comentario acerca de mi libro sobre bioética.

Pero quisiera hacerle las siguientes preguntas. Comprendo que haya eliminado en la publicación de mi carta mis críticas al comportamiento poco profesional del periodista [Daniel] Domínguez. Probablemente fue por un sentimiento de solidaridad con su colega. Sin embargo, un periodista como Domínguez, que pretende ser crítico, no debe molestarse porque lo critican.

Lo que no comprendo es por qué usted también eliminó la referencia que hice de los elogios del presidente de la Asociación de Bioética de Panamá, Luis Picard Ami, de mi libro, y también la referencia que hice al hecho de que Ricardo Arias Calderón le dedicó una página entera de El Panamá América a la evaluación del libro. Posiblemente usted piense que ese es el derecho y la labor del editor. Yo prefiero llamarlo “censura”.

No obstante estas críticas, reconozco y aprecio su mérito como uno de los mejores escritores e investigadores de La Prensa. Si algún día llegan a escribir un comentario, o a hacer un análisis del libro, me gustaría muchísimo que usted lo hiciera.

Roberto Hernández

PS. Si acaso deciden publicar esta carta, espero que sea sin operaciones quirúrgicas.

[No es correcto el calificativo de “censura” endilgado a la edición de una carta, publicada el 19 de noviembre del 2001, cuando la única razón para ello estuvo relacionada con lo extenso de la misiva].

 




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