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Defensor del lector
Independencia
La independencia de los pueblos y de los hombres
implica pasos en la vida que irremediablemente pueden conducir hacia
la libertad
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
La meta de la independencia siempre conlleva sacrificios, cualesquiera
que sean el ámbito y el tiempo. Así ha sido en las
luchas anticolonialistas, así es en las familias y así
será cada vez que se hable de independencia.
Panamá, como la mayoría de los países de
América Latina, vivió bajo el dominio de la corona
española desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. La conquista
y el sometimiento al estado colonial se caracterizó por una
violencia, a niveles de genocidio, nunca vista en lo que va de la
historia de la humanidad.
Una vez liquidados los pueblos indígenas, o diezmados a
punto de liquidación, el aparato represivo español
comenzó a ejercer un poder político despótico
que, a medida que surgió la clase criolla, arremetió
contra ésta. Los criollos comenzaron a resistir en todo el
continente los golpes no solo políticos, sino también
económicos; hasta que llegó el momento en el cual,
inspirados en las propuestas de la independencia de las colonias
norteamericanas y de la Revolución Francesa, comenzaron a
luchar por su propia independencia.
Con Simón Bolívar a la cabeza de ese pueblo criollo
se recorrieron los Andes, se libraron batallas y se venció
al corrupto ejército colonial. Esta lucha, la más
importante librada por los pueblos latinoamericanos, sembró
en el sur la libertad, la unidad y la independencia. Panamá
fue alcanzada por esos afanes y una década después
de las batallas de Bolívar se une al concierto de las nuevas
naciones de América, el 10 y el 28 de noviembre de 1821.
Esta historia, contada en la distancia, no deja de parecer romántica;
pero no lo fue: como toda lucha implicó pérdida de
vidas, cruzar a lomo de caballo las heladas cordilleras andinas
varias veces, enfrentarse cuerpo a cuerpo con el enemigo en grandes
batallas, que requerían de grandes dosis de valentía
y arrojo, y hasta cierto punto de un espíritu en que la libertad
marcaba el norte.
La independencia se puede simbolizar con el paso que todos en la
vida damos, una, dos o muchas veces. Es una separación en
la cual se adquiere autonomía y libertad, pero que implica
responsabilidades y deberes. Si no hay una clara conciencia (colectiva
o individual, según sea el caso) la independencia se convierte
en un parto sin oxígeno. Ese es el caso de la independencia
de Panamá, se avanza, pero no se alcanza.
Cartas y comentarios
Difieren de comentarios de Aristóloga
23 de noviembre del 2001
Señores;
Por medio de la presente, nos dirigimos a ustedes con el fin de
hacer público y formal uso de nuestro derecho a réplica
con respecto a un artículo, si así se le puede llamar
a tan injuriosa y despectiva pieza, aparecida en vuestro diario
el día 22 de noviembre del año en curso, en la sección
de Revista, firmado por una persona que se escuda bajo el seudónimo
de Aristóloga para opinar con respecto a establecimientos
que se dedican al negocio de los restaurantes en Panamá.
En primer lugar, queremos hacer patente nuestra más enérgica
protesta con respecto al hecho de que La Prensa, que se autodenomina
Diario Libre de Panamá, auspicie a una persona que escribe
de forma licenciosa y falta de todo respeto con respecto a la inversión
privada nacional, escudada bajo el anonimato de un nombre ficticio,
desvirtuando de esta forma a otros periodistas, pensadores e intelectuales,
bien conocidos por la opinión pública de nuestro país
y dignos de todo nuestro respeto y admiración, los cuales
enaltecen a las páginas de La Prensa.
Que quede claro que no nos oponemos a las críticas constructivas
y objetivas a nuestra cocina, ya que no puede ser desatendida cualquiera
opinión o sugerencia del cliente y público en general
con respecto a nuestros productos. A lo que sí nos oponemos
es a que una persona de esta naturaleza utilice las páginas
de una institución tan seria como La Prensa para instaurarse
como un inquisidor y verdugo de tal o cual empresa dedicada al negocio
de restaurante de una forma terrorista.
Ana Alfaro, pues tal es el nombre de nuestra misteriosa autodenominada
periodista gourmet, suponemos que no cuenta con ningún tipo
de respaldo académico, ni en periodismo, ya que si fuera
licenciada en periodismo no se escudaría en el anonimato,
ni en gastronomía, pues de ser así sabría,
por ejemplo, que el arroz jambalaya tiene entre sus ingredientes
fundamentales la carne de pollo, tal y como lo indica, por ejemplo,
Emeril Lagasse, uno de los más reconocidos chefs en el ámbito
mundial y oriundo de la ciudad de Nueva Orleans, cuna del jambalaya,
o por otro lado, sabría que el curry es una salsa pastosa,
producto de la molienda de diferentes clases de ajíes picantes,
siendo este por lo tanto un plato picante.
Alguien que sí goza con una experiencia más que demostrable
en el campo de la cocina es nuestro chef internacional Soheil Saidi,
de una conocida trayectoria en nuestro país y quien además
cuenta con una hoja de vida admirable, avalada por estudios académicos
en Francia y Canadá, así como unas amplias referencias
de trabajo, entre las cuales podemos resaltar a la cadena Hilton
Internacional y el Club Unión de Panamá, razón
por la cual no podemos pasar por alto el hecho de que la cocina
y recetas de alguien con una trayectoria ampliamente probada y seria,
sea objeto de las críticas mal intencionadas de una persona
anónima y sin rostro.
Queremos dejar claro que, de darse el caso de que nuestro establecimiento
se vea afectado, aunque sea mínimamente, como resultado de
la ponzoñosa opinión personal de esta persona, publicada
en La Prensa, la cual, gracias a Dios, dista diametralmente de aquella
de los clientes que nos visitan regularmente desde nuestra apertura
y que aún más regresan más que satisfechos
a nuestro restaurante, nos veremos obligados a recurrir a las instancias
legales correspondientes por daños y perjuicios, además
de difamación, ya sea en su contra o en contra del diario
que publica sus exabruptos, debido a que el esfuerzo y empeño
de las personas que invierten en Panamá y dan trabajo y sustento
a un número plural de familias panameñas, especialmente
en las actuales circunstancias, no pueden ser puestos en peligro
por un ataque tan bajo, sañoso e injustificado, todavía
más cuando va dirigido a algo tan personal y subjetivo como
lo es el buen gusto, mismo del que da todas las señales de
carecer la persona en cuestión.
Por último exigimos una disculpa pública por parte
de La Prensa ya que esta permite el anonimato dentro de su nómina,
encubriendo a este tipo de elementos resentidos e impersonales,
los cuales, en términos vulgares y bajos, además de
escudados en la cobardía de un alias, se dedican a atentar
(defendiendo quién sabe qué intereses), contra el
buen nombre y calidad de establecimientos que, al igual que el nuestro,
se ven afectados por la opinión de alguien, que
gastronómicamente hablando, no es nadie.
David Wizel D. (representante de 49 Street Café)
El director se refiere a carta de Wizel
27 de noviembre del 2001
Señor David Wizel:
En mi calidad de director del diario La Prensa, me permito responder
a su carta del día 23 de noviembre, referente a la opinión
que en la columna de Buen comer, correspondiente al
día 22 de noviembre, emite bajo el seudónimo de Aristóloga,
nuestra colaboradora Ana Alfaro.
Coincidimos en que el buen gusto es algo personal y subjetivo.
Así debe interpretarse la opinión de nuestra colaboradora
quien, por demás, ha venido siendo aceptada por los interesados
en la materia y por los propios restaurantes como suficientemente
autorizada, y por ende digna de ser tomada en cuenta.
Aun cuando encontramos inaceptable la mayor parte de su misiva
la estamos publicando íntegra pues somos respetuosos de la
libertad de opinión.
Gilberto Sucre(director de La Prensa)
Pérez Balladares
fue a Darién
26 de noviembre del 2001
En la edición del sábado 24 de noviembre, el periodista
José Otero publica una noticia sobre Darién, titulada
Darién, en una guerra ajena donde asevera taxativamente
que:
En octubre del 2000, como consecuencia del ataque a Nazaret,
la mandataria Mireya Moscoso viaja a la zona de conflicto. Esta
fue la primera visita de un presidente de la República, en
los últimos diez años, a esta desolada región.
Como quiera que el periodista Otero falta completamente a la verdad,
debo recordarle que el presidente Ernesto Pérez Balladares
viajó innumerables veces a Darién durante su mandato.
En mayo de 1999, cuando se dio el conflicto en La Miel, que desalojó
a todos los moradores de esa población, el presidente Pérez
Balladares viajó a esa población cuando aún
existía el riesgo de que el conflicto no se hubiera solucionado.
En muchas otras ocasiones, inclusive para realizar consejos de Gabinete,
el presidente Pérez Balladares se hizo presente en esa sufrida
provincia, que ha sido agradecida con él, como dan fe los
residentes de Unión Chocó.
Debo recordarle al periodista Otero que el de Nazaret fue un conflicto
inflado, donde lamentablemente perdió la vida una menor,
pero todo aparentó ser por una bala perdida. Si bien la mayoría
de los panameños parecen olvidar algunos detalles, somos
muchos los que, responsablemente, podemos defender lo actuado con
la cabeza en alto y con los hechos, en medio de una amnesia colectiva.
Mariela Sagel (ex ministra de Gobierno y Justicia).
[El incidente aislado de Villa Nazaret, lejos de ser un conflicto
inflado, forma parte de la larga cadena de hechos violentos que
se producen en las áreas cercanas a Colombia. La noticia
del periodista José Otero al referirse a la visita de la
presidenta Mireya Moscoso a esta zona de conflicto o
a esta desolada región se comprende, por un asunto
de contexto informativo, que se trata de Villa Nazaret. Con ello
no se niega que otros presidentes anteriores: Guillermo Endara y
Ernesto Pérez Balladares, durante sus mandatos, fueron a
Darién].
Reclama por edición
de carta
26 de noviembre del 2001
Señor Reyes: unas líneas solamente para agradecerle
su respuesta en la página de defensor del lector
a mi queja sobre la demora, por parte de La Prensa, de escribir
una reseña o comentario acerca de mi libro sobre bioética.
Pero quisiera hacerle las siguientes preguntas. Comprendo que haya
eliminado en la publicación de mi carta mis críticas
al comportamiento poco profesional del periodista [Daniel] Domínguez.
Probablemente fue por un sentimiento de solidaridad con su colega.
Sin embargo, un periodista como Domínguez, que pretende ser
crítico, no debe molestarse porque lo critican.
Lo que no comprendo es por qué usted también eliminó
la referencia que hice de los elogios del presidente de la Asociación
de Bioética de Panamá, Luis Picard Ami, de mi libro,
y también la referencia que hice al hecho de que Ricardo
Arias Calderón le dedicó una página entera
de El Panamá América a la evaluación del libro.
Posiblemente usted piense que ese es el derecho y la labor del editor.
Yo prefiero llamarlo censura.
No obstante estas críticas, reconozco y aprecio su mérito
como uno de los mejores escritores e investigadores de La Prensa.
Si algún día llegan a escribir un comentario, o a
hacer un análisis del libro, me gustaría muchísimo
que usted lo hiciera.
Roberto Hernández
PS. Si acaso deciden publicar esta carta, espero que sea sin operaciones
quirúrgicas.
[No es correcto el calificativo de censura endilgado
a la edición de una carta, publicada el 19 de noviembre del
2001, cuando la única razón para ello estuvo relacionada
con lo extenso de la misiva].
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