Se necesita un líder
Jorge Bravo
Los niveles de desesperación que está alcanzando la población panameña, producto de la situación económica, del desgobierno, la corrupción, el desempleo la falta de repuestas a sus principales necesidades, constituyen un barril de pólvora o, en el mejor de los casos, el campo abonado para que surja un líder.
Un líder no se hace de la noche a la mañana y como es natural, salvo raras excepciones, no proviene de la clase acomodada, ya que se forja al calor de las luchas de reivindicación social. De allí que su aparición, específicamente en el campo político o social, ya de la mano con la existencia de condiciones de opresión contra un pueblo o nación, de descontento generalizado o frente a la presencia de gobernantes que muestran incapacidad en el cargo o se vuelven corruptos en el desempeño del mismo.
La conducción del gobierno actual, es cierto, tiende peligrosamente a semejarse a las que han motivado golpes de Estado no solo en este país, sino en otros de la región, aún cuando las condiciones actuales no son las mismas que en aquellas épocas de oscurantismo político. No en vano la mandataria de la nación ha exteriorizado sus temores ante esta eventualidad, derivados estos, básicamente, de su propia incapacidad de proyectar el futuro, un futuro promisorio para el país.
El estado de cosas en Panamá parece sugerir de la falta de un líder que aglutine la voluntad popular y le diga al Gobierno basta ya de tanta incapacidad e improvisación para solucionar los problemas más comunes de los panameños; de tanto engaño, corrupción y nepotismo; de tanto desprecio a las necesidades del pueblo. Alguien que aglutine el descontento generalizado que existe y lo traduzca en un programa de gobierno, en una política económica y social, en ideas para hacer de este un mejor país.
Existen, sí, figuras interesadas en candidatizarse para la presidencia de la República, pero hace falta algo más que evidenciar las intenciones de ser presidente. Es preciso evidenciar capacidad, liderazgo y cualidades de estadista. Ello no implica que los potenciales candidatos no cuenten con estas características, pero ¿las demuestran? A nuestro juicio, hace falta más chispa.
Más que un candidato, Panamá necesita de una figura que llene las expectativas del pueblo, que sienta y se identifique con sus necesidades, que lo guíe, que demuestre liderazgo, que se sienta orgulloso de ser panameño y esté dispuesto a servirle a su nación y no a servirse de ella.
¿Existe en el espectro político actual esta figura? Cómo saberlo, pero los interesados en lograr la atención popular lo menos que pueden hacer es aspirar a serlo. Aún faltan tres años de este gobierno y el pueblo espera con ansias que alguien recoja la bandera de su desesperación y se comprometa de corazón a acabar con tantos problemas que lo agobian.
Hay mucho descontento en la población y se acercan momentos de gran tensión producto de la pretendida alza del pasaje en el servicio del transporte colectivo, medida que, en países de nuestra América Latina así como de otras regiones, ha sido el detonante de alzamientos populares, como lo demuestran innumerables ejemplos a través de la historia.
A la actual mandataria de la Nación le ha correspondido el múltiple honor de ser la primera mujer en llegar a la Presidencia del país; de haber recibido el Canal y con ello la plena soberanía en todo el territorio nacional; de ser el primer Gobierno de este siglo, y, como si todo esto fuera poco, de ser el Gobierno a la fecha en que Panamá cumplirá sus primeros 100 años de vida republicana; razones más que suficientes para, por lo menos, esmerarse en regalarle a sus ciudadanos, sino el mejor, uno de los mejores gobiernos en la historia de este país.
Ojalá los virtuales candidatos se miren en este espejo porque ni Panamá ni los panameños soportaríamos cinco años más de lo mismo que estamos viviendo en estos momentos. El reto está planteado, las condiciones existen y hay un pueblo hastiado. ¿Habrá quien llene la vacante?
El autor es periodista
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