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Defensor del lector
Encuentro
en el Tomás Alva Edison
La preparación vocacional es
de gran valía para el desarrollo de un país. La formación
técnica debe recibir más atención de las autoridades
gubernamentales
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
El día 4 de noviembre del 2001, una noticia sobre la situación
de las escuelas técnicas citaba al estudiante de mecánica
Johnatan Barba del Instituto Tomás Alva Edison, quien tras
asistir a la Asamblea Legislativa el 27 de octubre, Día del
Estudiante, se quejó contra el gobierno al que exhortaba
para que haga algo urgente por las escuelas técnicas y vocacionales
del país.
A raíz de ello, el director del Instituto Tomás
Alva Edison, el educador Manuel A. Caballero, envió una carta
a los periodistas José Quintero De León y José
Arcia, firmantes de la nota, en la que deseaba aclarar su posición
frente a las declaraciones de Barba. La nota fue remitida al defensor
del lector por lo que, tras hablar con Caballero, se decidió
hacer una visita al colegio.
El Instituto Tomás Alva Edison fue fundado en 1962, por
lo que próximamente cumplirá 40 años de servicio
a la comunidad. Su especialidad es la formación vocacional,
por tres años, de muchachos egresados de la escuela primaria,
en mecánica automotriz y diesel, soldadura eléctrica
y autógena, electrónica, radio y televisión,
electricidad industrial y residencial, refrigeración y aire
acondicionado; recientemente se incluyeron cursos de secretariado
comercial, perito comercial y oficinista. Unos 300 estudiantes asisten
regularmente a sus instalaciones ubicadas frente al parque Amelia
Denis De Icaza en El Chorrillo.
Aparte del profesor Caballero, participan de la labor educativa
educadores de gran experiencia como Jorge Luis March y Ramón
E. Tejada Mora, así como un cuerpo docente tanto en las llamadas
materias académicas como en los talleres.
Una sólida voluntad, tanto de los docentes como de los propios
estudiantes, permite que el proceso enseñanzaaprendizaje,
que en este caso es altamente práctico, se lleve adelante
hasta donde las condiciones lo permitan.
Los educadores se enfrentan a una realidad y ambiente social difícil.
Las condiciones de vida, en muchos casos de pobreza, de desintegración
familiar, de falta de modelos y de normas de moral y de conducta
aceptables, hacen que la educación general de la juventud
no se desarrolle en las mejores condiciones. El esfuerzo de los
educadores tiene un límite cuando se encuentra con la vulgaridad
de la radio, la televisión y algunos medios impresos, o cuando
el profesor o maestro no puede suplir las duras dolencias económicas
que padecen muchos de sus estudiantes.
Estas y muchas otras reflexiones surgieron en el diálogo
con los profesores Caballero, March y Tejada Mora, mientras un grupo
de estudiantes trabajaba en el taller de mecánica en un motor
de trasmisión automática bajo la dirección
de su profesor. Esto es asunto de todos los días: la búsqueda
constante de la práctica.
Y con ese propósito los estudiantes del Instituto Tomás
Alva Edison atienden las necesidades eléctricas, de soldadura
y de mecánica de instituciones educativas y de salud del
barrio. Lo hacen como práctica de sus carreras, para aprender;
pero también para servir a la comunidad.
En este centro educativo se hace énfasis en la educación
integral de los jóvenes, varias actividades extracurriculares
buscan crear en los estudiantes la autoestima, la fuerza de voluntad
y la disciplina recta que les permita ser profesionales técnicos
de bien, cuando dejen atrás los pasillos y los talleres del
Instituto Tomás Alva Edison.
Cartas y comentarios
Las reseñas de libros
15 de noviembre del 2001
Señor Reyes:
Le escribo esta nota para preguntarle cuáles son los criterios
que usa La Prensa para publicar una reseña o alguna información
sobre un libro recién publicado. Le hago esta pregunta porque
hace cuatro meses o más llevé personalmente un libro
que había escrito y que acababa de publicarse al periodista
Daniel Domínguez para que me escribiera una reseña
o un análisis. Domínguez me dijo que leería
el libro y que después publicaría algo en La Prensa.
El libro se titula Cuatro Ensayos de Bioética: aborto, eutanasia,
reproducción asistida, clonación humana y se presentó
en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá
hace varios meses. El libro es una investigación exhaustiva
sobre las dimensiones éticas de estas cuatro prácticas.
Incluye además tres comentarios críticos de Ricardo
Arias Calderón, quien ofrece un punto de vista contrario
al autor. Esta obra ha tenido una recepción favorable en
la Universidad de Panamá y ya la primera edición está
casi agotada. Ha generado mucho interés porque es el primer
libro publicado por un panameño sobre una disciplina relativamente
nueva y de mucha actualidad, la bioética, y también
porque entra en el debate ético sobre cuatro temas muy controversiales,
el aborto, la eutanasia, la reproducción asistida, y la clonación
humana.
Estoy interesado especialmente en que La Prensa hiciera un comentario
por dos razones; una, porque es el periódico que más
circula en el país y, dos, porque el tema del libro exige
del lector cierta concentración intelectual, pues no es un
escrito que puede leerse superficialmente en un día, no obstante
la actualidad del tema. Un comentario y la publicidad que el periódico
le daría al libro, motivaría a muchos lectores que
no conocen las particularidades y los problemas morales relacionados
al tema a leerlo.
Roberto Hernández
A raíz de su carta discutimos el tema de las reseñas
bibliográficas. Es una deuda que tiene el periódico
con los lectores y los autores panameños. Hemos planteado
una propuesta que resuelva esta necesidad; ahora es asunto de encontrar
un espacio regular y organizarnos para que un equipo de periodistas
se divida las reseñas y se encargue de escribirlas. Creo
que pronto tendremos la solución.
En cuanto a su libro, no lo hemos olvidado, y tan pronto como podamos,
publicaremos un comentario.
Muchas gracias por su carta y vayan con esta nota nuestras disculpas.
Más sobre el caso Ruiloba
En una extensa carta del 13 de noviembre del 2001, la estudiante
Ana Lorena Carballeda, del círculo de lectura de la Universidad
Santa María la Antigua, y que indica que no es necesario
que se publique, dice que me sumo al sentir de todas aquellas
personas que asistieron a la gala de presentación del libro
La piel del cielo, de la escritora mexicana Elena Poniatowska, respecto
al comportamiento del director del Instituto Nacional de Cultura,
señor Rafael Ruiloba. En ese acto, dice, vivió
una vergüenza ajena ante el proceder del director.
Por otra parte el periodista y escritor Federico Meléndez
Valdelamar ha escrito una nota Entendiendo al señor
Ruiloba, cuyo texto se publica a continuación:
No sé por qué se ha sobre dimensionado tanto la supuesta
conducta irregular del escritor panameño, profesor de semiótica,
ganador varias veces del premio Ricardo Miró y director del
Instituto Nacional de Cultura, señor Rafael Ruiloba, en el
homenaje que se le hizo aquí en Panamá, a la escritora
mexicana Elena Poniatowska, en la Biblioteca Nacional.
El tema, que por lo visto ya toma ribetes de un culebrón,
con claros signos de desprestigiar a una de las plumas emergentes
más profundas con que cuenta el mundo literiario panameño,
más que enriquecer un debate fecundo y edificante, lo que
conduce a pensar es que se quiere quitar del camino a uno de los
pocos bastiones de la novelística panameña que se
han mantenido consecuentes con sus principios.
Considero oportuno invitar a las personas a las que se le han abierto
los grifos en las páginas de la sección del defensor
del lector, del cotidiano La Prensa, para recrear una escena, que
a decir de los impolutos y quisquillosos quejosos de conductas,
dejó mucho que decir de los buenos modales que debe tener
un funcionario, a leer la colección completa de los aportes
de Ruiloba, y se darán cuenta de que la cuestionada conducta
es un detalle al lado de la prolífica y fecunda labor de
un panameño que no surge de las entrañas de la oligarquía
ilustrada de Panamá, todo lo contrario. Ruiloba emerge del
Panamá profundo, del Panamá del que muchos reniegan
y al que se le niega la posibilidad de vivir con justicia y equidad.
De igual forma, los invito a hurgar las vidas de las grandes personalidades
de la literatura y otros quehaceres, y se encontrarán con
bellezas, no obstante, a ellos se les idolatra y nos los presentan
como los grandes paradigmas a seguir.
Por allí anda un historiador, experto en narración
descriptiva, que se hala los cabellos y vocifera a voz en cuello,
cuando algún fotógrafo se le acerca y nadie le dice
nada. El bachiller Ford, en una ocasión, llamó maricas
a los policías y todo el mundo lo celebró.
Ruiloba es un mortal con más fortalezas que debilidades,
y como todo ser humano, también puede errar hasta en momentos
y en escenarios en donde al ser humano se le tiene prohibido equivocarse.
Creo que si fuéramos perfectos, en toda la extensión
de la palabra, el anunciado rapto bíblico ya
hubiese iniciado la depurada tarea de llevarnos al cielo.
Queja de un colaborador de Opinión
12 de noviembre del 200
Parece difícil que aparezcan colaboraciones en La Prensa.
Primeramente, hay tres escritores cuyas líneas salen semanalmente.
No discuto ese derecho, por lo que representan para el periódico.
Se trata de I. Roberto Eisenmann Jr., Guillermo Sánchez B.
y María del C. Cabello. A ellos se suman con la misma frecuencia,
Betty Brannan J., que hizo sus armas en la lucha civilista y Carlos
I. Zúñiga, de reciente incorporación.
Desde el 1 de octubre hasta la fecha, 12 de noviembre, hay siete
personas cuyos escritos han visto la tinta en tres ocasiones: Xavier
Sáez-Llorens, Alvaro González C., Ernesto Endara,
Adolfo Ahumada, Mario Pezzotti, Juan D. Morgan y Jorge E. Ritter.
Ellos tienen el segundo lugar en la lista de paso expedito. En el
escalón siguiente están Rómulo Emiliani, Roberto
Díaz H., Juan C. Ansin, Fernán Molinos, Teresita Y.
De Arias y Marco J. De Obaldía, con dos publicaciones en
el mismo lapso.
El 26 de octubre apareció un artículo con mi firma,
que ya había estado en lista de espera buen tiempo. El 2
de noviembre remití Naciones Unidas. Quién es
quién, y al requerir por él me dicen que tenga
paciencia. Hace hoy 17 días y tendré paciencia. Escribo
cuando hay un tema de interés actual. Estos pierden vigencia
y, al salir, son anodinos. Sin socaliña, fui colaborador
de vez en tanto, desde los tiempos de Dimas L. Pittí. En
tiempos de Mileika Bernal dejé de enviar, porque entre
otras razones los correctores cambiaban el estilo
sin consultarme.
Sinceramente pienso que el defensor del lector (y del colaborador)
debiera auditar el método usado para escoger los escritos
y designar la fecha de edición de los artículos de
colaboración.
Alexis E. Robles
Reclama por artículo no publicado
13 de noviembre del 2001
Señor Herasto Reyes: como a usted también le remití
el artículo al cual me refiero en el mensaje que le acabo
de enviar a Lina Vega, le pido nuevamente el favor de informarme,
de ser posible, qué ha pasado, por qué no publican
el artículo. ¿Será posible su respuesta? Muy
agradecido.
El texto que sigue fue el mensaje enviado a Vega:
Le pido un favor, hace buen tiempo le remití un artículo
para la sección a su cargo sobre el diálogo nacional,
sin embargo aún no ha salido. ¿Será posible
que me informe usted si fue rechazado o qué posibilidades
hay de que se publique ahora, cuando el tema tiene plena vigencia?
Le agradezco infinitamente el favor de su respuesta, porque en caso
de haber sido rechazado, créame que lo entiendo y lo acepto;
pero ello me permitiría buscar otra alternativa.
Leopoldo E. Santamaría.
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