Panamá, 20 de noviembre de 2001
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Defensor del lector

Encuentro en el Tomás Alva Edison

La preparación vocacional es de gran valía para el desarrollo de un país. La formación técnica debe recibir más atención de las autoridades gubernamentales

HERASTO REYES
hreyes@prensa.com

El día 4 de noviembre del 2001, una noticia sobre la situación de las escuelas técnicas citaba al estudiante de mecánica Johnatan Barba del Instituto Tomás Alva Edison, quien tras asistir a la Asamblea Legislativa el 27 de octubre, Día del Estudiante, se quejó contra el gobierno al que exhortaba para que haga algo urgente por las escuelas técnicas y vocacionales del país.

A raíz de ello, el director del Instituto Tomás Alva Edison, el educador Manuel A. Caballero, envió una carta a los periodistas José Quintero De León y José Arcia, firmantes de la nota, en la que deseaba aclarar su posición frente a las declaraciones de Barba. La nota fue remitida al defensor del lector por lo que, tras hablar con Caballero, se decidió hacer una visita al colegio.

El Instituto Tomás Alva Edison fue fundado en 1962, por lo que próximamente cumplirá 40 años de servicio a la comunidad. Su especialidad es la formación vocacional, por tres años, de muchachos egresados de la escuela primaria, en mecánica automotriz y diesel, soldadura eléctrica y autógena, electrónica, radio y televisión, electricidad industrial y residencial, refrigeración y aire acondicionado; recientemente se incluyeron cursos de secretariado comercial, perito comercial y oficinista. Unos 300 estudiantes asisten regularmente a sus instalaciones ubicadas frente al parque Amelia Denis De Icaza en El Chorrillo.

Aparte del profesor Caballero, participan de la labor educativa educadores de gran experiencia como Jorge Luis March y Ramón E. Tejada Mora, así como un cuerpo docente tanto en las llamadas materias académicas como en los talleres.

Una sólida voluntad, tanto de los docentes como de los propios estudiantes, permite que el proceso enseñanza—aprendizaje, que en este caso es altamente práctico, se lleve adelante hasta donde las condiciones lo permitan.

Los educadores se enfrentan a una realidad y ambiente social difícil. Las condiciones de vida, en muchos casos de pobreza, de desintegración familiar, de falta de modelos y de normas de moral y de conducta aceptables, hacen que la educación general de la juventud no se desarrolle en las mejores condiciones. El esfuerzo de los educadores tiene un límite cuando se encuentra con la vulgaridad de la radio, la televisión y algunos medios impresos, o cuando el profesor o maestro no puede suplir las duras dolencias económicas que padecen muchos de sus estudiantes.

Estas y muchas otras reflexiones surgieron en el diálogo con los profesores Caballero, March y Tejada Mora, mientras un grupo de estudiantes trabajaba en el taller de mecánica en un motor de trasmisión automática bajo la dirección de su profesor. Esto es asunto de todos los días: la búsqueda constante de la práctica.

Y con ese propósito los estudiantes del Instituto Tomás Alva Edison atienden las necesidades eléctricas, de soldadura y de mecánica de instituciones educativas y de salud del barrio. Lo hacen como práctica de sus carreras, para aprender; pero también para servir a la comunidad.

En este centro educativo se hace énfasis en la educación integral de los jóvenes, varias actividades extracurriculares buscan crear en los estudiantes la autoestima, la fuerza de voluntad y la disciplina recta que les permita ser profesionales técnicos de bien, cuando dejen atrás los pasillos y los talleres del Instituto Tomás Alva Edison.


Cartas y comentarios

Las reseñas de libros

15 de noviembre del 2001

Señor Reyes:

Le escribo esta nota para preguntarle cuáles son los criterios que usa La Prensa para publicar una reseña o alguna información sobre un libro recién publicado. Le hago esta pregunta porque hace cuatro meses o más llevé personalmente un libro que había escrito y que acababa de publicarse al periodista Daniel Domínguez para que me escribiera una reseña o un análisis. Domínguez me dijo que leería el libro y que después publicaría algo en La Prensa. El libro se titula Cuatro Ensayos de Bioética: aborto, eutanasia, reproducción asistida, clonación humana y se presentó en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá hace varios meses. El libro es una investigación exhaustiva sobre las dimensiones éticas de estas cuatro prácticas. Incluye además tres comentarios críticos de Ricardo Arias Calderón, quien ofrece un punto de vista contrario al autor. Esta obra ha tenido una recepción favorable en la Universidad de Panamá y ya la primera edición está casi agotada. Ha generado mucho interés porque es el primer libro publicado por un panameño sobre una disciplina relativamente nueva y de mucha actualidad, la bioética, y también porque entra en el debate ético sobre cuatro temas muy controversiales, el aborto, la eutanasia, la reproducción asistida, y la clonación humana.

Estoy interesado especialmente en que La Prensa hiciera un comentario por dos razones; una, porque es el periódico que más circula en el país y, dos, porque el tema del libro exige del lector cierta concentración intelectual, pues no es un escrito que puede leerse superficialmente en un día, no obstante la actualidad del tema. Un comentario y la publicidad que el periódico le daría al libro, motivaría a muchos lectores que no conocen las particularidades y los problemas morales relacionados al tema a leerlo.

Roberto Hernández

A raíz de su carta discutimos el tema de las reseñas bibliográficas. Es una deuda que tiene el periódico con los lectores y los autores panameños. Hemos planteado una propuesta que resuelva esta necesidad; ahora es asunto de encontrar un espacio regular y organizarnos para que un equipo de periodistas se divida las reseñas y se encargue de escribirlas. Creo que pronto tendremos la solución.

En cuanto a su libro, no lo hemos olvidado, y tan pronto como podamos, publicaremos un comentario.

Muchas gracias por su carta y vayan con esta nota nuestras disculpas.

Más sobre el caso Ruiloba

En una extensa carta del 13 de noviembre del 2001, la estudiante Ana Lorena Carballeda, del círculo de lectura de la Universidad Santa María la Antigua, y que indica que no es necesario que se publique, dice que “me sumo al sentir de todas aquellas personas que asistieron a la gala de presentación del libro La piel del cielo, de la escritora mexicana Elena Poniatowska, respecto al comportamiento del director del Instituto Nacional de Cultura, señor Rafael Ruiloba”. En ese acto, dice, vivió una vergüenza ajena ante el proceder del director.

Por otra parte el periodista y escritor Federico Meléndez Valdelamar ha escrito una nota “Entendiendo al señor Ruiloba”, cuyo texto se publica a continuación:


No sé por qué se ha sobre dimensionado tanto la supuesta conducta irregular del escritor panameño, profesor de semiótica, ganador varias veces del premio Ricardo Miró y director del Instituto Nacional de Cultura, señor Rafael Ruiloba, en el homenaje que se le hizo aquí en Panamá, a la escritora mexicana Elena Poniatowska, en la Biblioteca Nacional.

El tema, que por lo visto ya toma ribetes de un culebrón, con claros signos de desprestigiar a una de las plumas emergentes más profundas con que cuenta el mundo literiario panameño, más que enriquecer un debate fecundo y edificante, lo que conduce a pensar es que se quiere quitar del camino a uno de los pocos bastiones de la novelística panameña que se han mantenido consecuentes con sus principios.

Considero oportuno invitar a las personas a las que se le han abierto los grifos en las páginas de la sección del defensor del lector, del cotidiano La Prensa, para recrear una escena, que a decir de los impolutos y quisquillosos quejosos de conductas, dejó mucho que decir de los buenos modales que debe tener un funcionario, a leer la colección completa de los aportes de Ruiloba, y se darán cuenta de que la cuestionada conducta es un detalle al lado de la prolífica y fecunda labor de un panameño que no surge de las entrañas de la oligarquía ilustrada de Panamá, todo lo contrario. Ruiloba emerge del Panamá profundo, del Panamá del que muchos reniegan y al que se le niega la posibilidad de vivir con justicia y equidad.

De igual forma, los invito a hurgar las vidas de las grandes personalidades de la literatura y otros quehaceres, y se encontrarán con bellezas, no obstante, a ellos se les idolatra y nos los presentan como los grandes paradigmas a seguir.

Por allí anda un historiador, experto en narración descriptiva, que se hala los cabellos y vocifera a voz en cuello, cuando algún fotógrafo se le acerca y nadie le dice nada. El bachiller Ford, en una ocasión, llamó “maricas” a los policías y todo el mundo lo celebró.

Ruiloba es un mortal con más fortalezas que debilidades, y como todo ser humano, también puede errar hasta en momentos y en escenarios en donde al ser humano se le tiene prohibido equivocarse. Creo que si fuéramos perfectos, en toda la extensión de la palabra, el anunciado “rapto bíblico” ya hubiese iniciado la depurada tarea de llevarnos al cielo.

Queja de un colaborador de Opinión

12 de noviembre del 200

Parece difícil que aparezcan colaboraciones en La Prensa. Primeramente, hay tres escritores cuyas líneas salen semanalmente. No discuto ese derecho, por lo que representan para el periódico. Se trata de I. Roberto Eisenmann Jr., Guillermo Sánchez B. y María del C. Cabello. A ellos se suman con la misma frecuencia, Betty Brannan J., que hizo sus armas en la lucha civilista y Carlos I. Zúñiga, de reciente incorporación.

Desde el 1 de octubre hasta la fecha, 12 de noviembre, hay siete personas cuyos escritos han visto la tinta en tres ocasiones: Xavier Sáez-Llorens, Alvaro González C., Ernesto Endara, Adolfo Ahumada, Mario Pezzotti, Juan D. Morgan y Jorge E. Ritter. Ellos tienen el segundo lugar en la lista de paso expedito. En el escalón siguiente están Rómulo Emiliani, Roberto Díaz H., Juan C. Ansin, Fernán Molinos, Teresita Y. De Arias y Marco J. De Obaldía, con dos publicaciones en el mismo lapso.

El 26 de octubre apareció un artículo con mi firma, que ya había estado en lista de espera buen tiempo. El 2 de noviembre remití “Naciones Unidas. Quién es quién”, y al requerir por él me dicen que tenga paciencia. Hace hoy 17 días y tendré paciencia. Escribo cuando hay un tema de interés actual. Estos pierden vigencia y, al salir, son anodinos. Sin socaliña, fui colaborador de vez en tanto, desde los tiempos de Dimas L. Pittí. En tiempos de Mileika Bernal dejé de enviar, porque —entre otras razones— los correctores cambiaban el “estilo” sin consultarme.

Sinceramente pienso que el defensor del lector (y del colaborador) debiera auditar el método usado para escoger los escritos y designar la fecha de edición de los artículos de colaboración.

Alexis E. Robles

Reclama por artículo no publicado

13 de noviembre del 2001

Señor Herasto Reyes: como a usted también le remití el artículo al cual me refiero en el mensaje que le acabo de enviar a Lina Vega, le pido nuevamente el favor de informarme, de ser posible, qué ha pasado, por qué no publican el artículo. ¿Será posible su respuesta? Muy agradecido.

El texto que sigue fue el mensaje enviado a Vega:

Le pido un favor, hace buen tiempo le remití un artículo para la sección a su cargo sobre el diálogo nacional, sin embargo aún no ha salido. ¿Será posible que me informe usted si fue rechazado o qué posibilidades hay de que se publique ahora, cuando el tema tiene plena vigencia? Le agradezco infinitamente el favor de su respuesta, porque en caso de haber sido rechazado, créame que lo entiendo y lo acepto; pero ello me permitiría buscar otra alternativa.

Leopoldo E. Santamaría.

 




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