Antrax, terror bacteriológico
Si 220 libras de ántrax fueran diseminadas sobre Washington, D. C. perderían la vida hasta tres millones de personas
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
A pesar de la latente amenaza bacteriológica, la cual podría prolongarse por meses, incluso años, los norteamericanos intentan continuar con sus vidas, como es el caso de Roy Lamb, quien trabaja como taxista en la ciudad de Miami.
El primer caso de ántrax –de lo que después se descubriría que se trataba de un ataque biológico a gran escala– fue descubierto en Boca Ratón, ciudad que se encuentra a aproximadamente 45 minutos del centro urbano de Miami.
No obstante, esto no ha evitado que Lamb y otros floridianos mantengan su rutina normal. Eso sí, el taxista confiesa que ahora es extremadamente cauteloso al momento de revisar su correo.
Aunque reconoce que la situación es digna de preocupación, el doctor Simón Miguel Sadowick, vicepresidente del Comité para el Control de Infecciones del Memorial Regional Hospital de la Florida, afirma que el ántrax o carbunco no es nada nuevo, y que la humanidad ha convivido con este flagelo desde tiempos inmemoriales.
Variantes y vías de contagio
De acuerdo con Sadowick, el ántrax o Bacillus anthracis es un bacilo grampositivo de tonalidad azul y de forma alargada. Como todo miembro del género de los Bacillus, tiene la capacidad de generar esporas y en la naturaleza se encuentra principalmente en los animales, especialmente entre el ganado.
Debido a que las esporas miden de uno a cinco micrones son lo suficientemente minúsculas como para traspasar el papel de los sobres de correo, como fue el caso de la carta enviada al senador Tom Daschle.
El galeno especifica que hay cuatro vías de contagio: la inhalación de esporas (en números de 8 a 10 mil); el contacto con animales enfermos, el consumo de carne contaminada y, más recientemente, el manejo de correo infectado.
La enfermedad puede manifestarse en tres variantes: ántrax cutáneo, respiratorio y gastrointestinal.
La forma más común es la cutánea, la cual tiene un período de incubación de aproximadamente una semana. Inicialmente aparece como un úlcera que se va agrandando paulatinamente, y que puede surgir en cualquier parte del cuerpo.
Mucho más letal resulta la forma respiratoria. El diagnóstico es difícil, ya que el individuo experimenta síntomas que semejan los de la gripe por un período que puede durar hasta tres días, seguido por dificultad al respirar. El tratamiento temprano con antibióticos es crucial, ya que la mortandad alcanza el 90% en los casos avanzados.
En cuanto al ántrax gastrointestinal se ha descubierto que se adquiere cuando se ingiere alimentos contaminados con las esporas.
Al igual que la variante respiratoria es difícil de diagnosticar. El individuo sufre de gastroenteritis hemorrágica por un período de hasta siete días. El contagio se puede evitar si la carne es bien cocinada, ya que la bacteria es destruida si se somete a altas temperaturas durante 20 ó 30 minutos.
Hay varios métodos de diagnóstico. En el caso del ántrax cutáneo se puede hacer por cultivo, conociéndose los resultados en dos días, mientras que a través de una biopsia de la piel, los resultados se pueden obtener en cinco o seis horas.
En el aire
El cuadro respiratorios puede diagnosticarse con la ayuda de radiografías de tórax, cultivos de sangre, nariz y otros métodos nasofaríngeos.
A pesar del terror que provoca la bacteria del ántrax, el Saowick aclara que esta en sí no produce la infección, sino las esporas, las cuales se introducen en los macrocitos, células que forman parte del torrente sanguíneo.
Dentro de los macrocitos las esporas germinan y empiezan a invadir células vecinas. Lo que al final causa la enfermedad son las toxinas liberadas en el organismo durante este proceso.
Prevención y tratamiento
De acuerdo con Sadowick, existen dos países que han podido elaborar vacunas para el ántrax: Rusia y Estados Unidos. La vacuna norteamericana está compuesta de bacterias muertas, mientras que la rusa de bacterias vivas.
Para que la vacuna resulte efectiva es preciso seguir un período de inmunización a la enfermedad, el cual requiere de hasta seis inyecciones en un período de aproximadamente año y medio.
Si hasta ahora no se ha implementado un plan de vacunación masiva en Estados Unidos se debe en gran parte a que la vacuna puede provocar reacciones adversas en el individuo.
Esto fue precisamente lo que ocurrió durante la Guerra del Golfo, en la cual fueron vacunados un gran número de efectivos estadounidenses. Estos soldados reportaron todo tipo de efectos secundarios, entre ellos fiebre, dolores de cabeza, diarrea, infecciones en el intestino, problemas renales, etc.
En cuanto a la profilaxis con antibióticos, se recomienda el uso de Cipro, ya que la bacteria puede ser manipulada genéticamente para que sea resistente a la penicilina.
Actualmente, las personas que han estado expuestas a las cartas infectadas con ántrax en Estados Unidos están siendo sometidas a un tratamiento preventivo con antibióticos, el cual debe prolongarse durante dos meses. Si es interrumpido antes de tiempo, existe la posibilidad de que las esporas germinen.
El tratamiento a largo plazo con antibióticos no se recomienda si no existen síntomas o sospecha de contagio, ya que el mismo puede acarrear efectos secundarios.
De acuerdo con escenarios previstos por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, si 220 libras de ántrax fueran diseminadas sobre Washington, D.C. (tal vez con la ayuda de un avión fumigador), y en condiciones atmosféricas propicias, perderían la vida hasta tres millones de personas. Es por ello que las autoridades estadounidenses han tomado muy en serio estos últimos actos de bioterrorismo, aunque para muchos el ántrax palidece en comparación con virus como el de la viruela y el ébola. Para el primero, la vacuna no se encuentra disponible en Estados Unidos, mientras que para el ébola no se conoce vacuna o tratamiento efectivo.
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