Ring
Side
La otra cara del boxeo
Nicolás Espinosa s.
nespinos@prensa.com
En el mes de agosto, el ex campeón
Tommy Hearns visitó la isla de Puerto Rico con el fin de
visitar a su ex contrincante y hoy amigo, Wilfredo Benítez,
quien se encuentra recluido en una casa de salud afectado por daños
cerebrales.
El impacto que recibió el cinco veces campeón del
mundo fue de tal magnitud, que Hearns se vio motivado a montar una
cartelera en Bayamón a beneficio del ex monarca boricua.
Esto no es un regreso ni me he retirado, es para mi gran
amigo Wilfredo, a quien quiero mucho y deseo que mejore, declaró
Hearns a los medios al anunciar la función boxística.
No había terminado de leer la nota periodística cuando
recordé aquella visita que hiciera Roberto Durán,
el 15 de abril de 1989, en el lecho de enfermo del también
ex campeón puertorriqueño Esteban De Jesús,
quien murió poco después afectado por el mal del SIDA.
Ambas ocasiones han sido propicias para demostrar que el boxeo,
una actividad malquerida por muchos, tiene otro rostro. Uno más
humano, más sensible y en el que no cabe la maldad, la envidia
ni los bajos instintos.
En el afán de vender el producto, algunos le llaman mercadeo,
las empresas que montan los espectáculos boxísticos
tienden, a veces, a exagerar los verdaderos sentimientos de los
protagonistas. No hay odio, mucho menos el deseo de hacerle daño
a su adversario, pero frente a las cámaras y ante la necesidad
de vender se hace un show, se crean discrepancias que jamás
existieron ni existirán. El boxeo es un negocio y de esa
forma hay que verlo.
Habrán algunos que pensarán que, en el caso de los
dos ex campeones boricuas, la situación estaba dada y que
menos no podría pedirse de la actitud de Hearns y Durán.
Tal vez tengan algo de razón los que piensen de esta forma,
cualquiera podría sentir una pizca de lástima por
Benítez y De Jesús.
No obstante, una vez más queda demostrado que el boxeo es
mucho más que tratar de infligirse castigo dentro de un cuadrilátero.
Es una forma de ganarse la vida, ruda, pero honradamente.
Sé que hay muchas formas de demostrar que el boxeo tiene
su lado insano, y esto es porque siempre lo malo y lo morboso llega
a tener más publicidad. Solo como ejemplo les menciono que
muy pocos conocieron que la empresa Panaprom, del empresario Luis
Spada, promovió el pasado viernes la asistencia a un misa
por la salud del ex monarca Roberto Durán, quien a principios
de octubre sufrió un accidente en Buenos Aires y hoy está
en recuperación.
Tampoco se conoce mucho de que algunos apoderados panameños
hacen de tutores de sus pupilos y los estimulan a que estudien,
para que el día en que dejen esta difícil profesión
puedan ganarse la vida honradamente.
Aún existen los explotadores disfrazados de empresarios,
promotores y apoderados, y con ellos sus cómplices escondidos
debajo de las mantas de las diversas organizaciones internacionales.
Pese a ello, sin embargo, es bueno poder afirmar que no todo es
oscuro en el boxeo.
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