Panamá, 18 de noviembre de 2001
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Raíces del Carnaval

TEXTOS: Harry Castro Stanziola
FOTOGRAFIAS: Todos los derechos reservados por R. López Arias

 

Nos encontramos en la esquina de la Avenida Central con la Calle 12 este. No parece caber duda de que el desfile que apreciamos tiene que ver con el Carnaval. La ausencia de banderas nacionales. En el grupo de damitas, que va en la primera carroza, se aprecia una que porta una especie de corona o diadema. Las carrozas posteriores, los jinetes y sus caballos, y las bandas de música nos confirman esta apreciación. Hemos visto otra foto de una parada que recorre el mismo trayecto, a la cabeza de la cual va un pequeño auto de la época con dos caballeros adecuadamente trajeados. También aparecen banderas nacionales en manos de dos orgullosos jinetes. Esa manifestación debió ser en noviembre, pero la que les mostramos es en Carnaval. A la izquierda, ya lo dijimos, el popular y democrático parque de Santa Ana que tanto tiene que ver con nuestra historia. Los árboles del parque en su mayoría eran frutales, lo que hacía las delicias de la vecina muchachada que los trepaba para apoderarse de ciruelas, mamones y demás, o sencillamente para caerse de ellos. La casa del fondo, la que tiene arcadas, fue originalmente construida para servir de morada al conde de Santa Ana, o sea el capitán y comerciante español Matheo de Izaguirre, quien junto con el presbítero Francisco Javier de Luna Victoria y Castro, ayudó a financiar la construcción de la vecina iglesia, orgullo de esa comunidad. La casa fue después el Gran Hotel y más tarde la Casa Zaldo. Vámonos ahora, a vuestra mano derecha. Esta es una casa de arcadas que ha sido totalmente modificada. Y vuelve nuestro viejo disco, no para el bien de la población. Ya no tiene las arcadas que protegían a los peatones de las lluvias y del candente sol. Esa área se modificó, resultando en un local comercial que vende comidas que no sabríamos describir. En ese edificio y en sus comienzos hubo un bar. Arriba había salones de baile y después residencias familiares. La casa que sigue -y que en ese tiempo era de madera-, después fue ocupada por el teatro El Dorado, cuya entrada por un tiempo fue por la calle y no por la avenida. En la edificación que sigue, la más alta, estuvo el famoso café, cine y cabaret Metropol. La esposa de su propietario era patinadora y demostraba allí sus habilidades para beneplácito del público. También había sesiones de música de cámara. Después estuvo el elegante Bazar Francés de los Heurtematte. La botica de Chapman se encontraba por allí. En su piso superior había diversos consultorios médicos como los de los doctores G. Méndez Pereira, Burgos, Calvo, etc.

El área que hoy les mostramos siempre se ha caracterizado por alojar mucha actividad. A vuestra izquierda se ve, en primera línea, uno de los dos quioscos que para entonces tenía el parque de Santa Ana, que tal como se ve tenía más vegetación, aun cuando no andaba tan mal en este aspecto como otros parques actuales de esta capital. El otro quiosco, a propósito, estaba en la otra esquina, o sea en la Calle D.

Este espacio se creó en el siglo XVIII sobre una explanada o “revellín” como también se le decía.

En esa área se celebraron corridas de toros no reglamentadas, diversos festejos populares, tales como ferias y tancucañas o palos encebados. Estos últimos se cubrían de sustancias resbalosas con el fin de que los que intentaban subir no pudieran llegar al tope, que era donde se colocaban los premios.

El Carnaval

Para el Carnaval, también sobre esos terrenos, se desarrollaron variadas actividades. De lo que vemos en estas fotos, les hablaremos después.

El corregimiento de Santa Ana se creó mediante el Acuerdo Municipal 6 del 29 de abril de 1915. Ya desde hacía mucho tiempo se celebraban sobre esos predios las festividades en honor de Santa Ana. Su extensión es de ocho kilómetros cuadrados. Sus límites son al norte con la Calle 3 de Noviembre, que es la que va desde la Avenida Balboa hasta la actual Avenida de los Mártires.

Otro de sus confines es la Calle 13. Al este con la Avenida Pablo Arosemena y al oeste con la Avenida Ancón.

Para 1754, los habitantes y autoridades del lugar manifestaron sus deseos de construir una iglesia, que originalmente fue de madera. Veinte años más tarde se reconstruyó con materiales más adecuados.

De Santa Ana, como barrio, nunca se acabará de hablar. Por ejemplo, en su parque se hicieron las protestas más continuas y abigarradas, y todas con sobrada razón. No había político o patriota que desde su quiosco no se atreviera a hablar. La policía mandaba su caballería y los manifestantes tiraban bolitas de vidrio o canicas sobre el piso, que provocaban que los caballos se resbalaran.

Es el mismo sitio. Ahora sin los desfiles. Se aprecia mejor lo descrito antes y de manera especial la calle y el parque. Nótense los vehículos. Y es que las fotografias son de 1906. De la bandera no sabemos qué decir.

Rafael Aizpuru, Juan Eligio Alzuru,José Domingo Espinar, Pedro Goytía, Mateo Iturralde, Buenaventura Correoso, Juan Mendoza, José Llorent, Carlos A. Mendoza, Francisco Filós, Amelia Denis de Icaza, Demetrio Herrera Sevillano, Demetrio Korsi, Humberto Ivaldi, José Sacrovir Mendoza, el Frente Patriótico de la Juventud, Acción Comunal, los movimientos inquilinarios, la FEP y muchos otros nombres y asociaciones en una u otra forma estuvieron relacionados con el parque de Santa Ana.


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