Christian: un solo Dios para todos
Jorge De Las Casas
jdelascasas@prensa.com
"Si alguna vez sucediera...que fuera víctima del terrorismo que parece sumergir a todos los extranjeros que viven ahora en Argelia, desearía que mi comunidad, mi Iglesia y mi familia recordaran que dí mi vida por Dios y este país." Estas palabras son de Dom Christian de Chergé, prior de un monasterio trapense de Argelia, y pertenecen a su testamento que fue abierto en 1999 y ya es un clásico de la literatura espiritual. Está dirigido a su familia: "Para ser abierta en caso de mi muerte". En efecto, Chergé y seis compañeros trapenses fueron asesinados por rebeldes fundamentalistas, en 1996. Tres años después se abrió el sobre que empieza con las palabras: ”Cuando un A-Dios se vislumbra”. Ha dicho un autor:” Con sus muertes se unieron a una larga procesión de víctimas -cristianas y musulmanas- sacrificadas por una concepción diferente de la gloria de Dios. Mas, a diferencia de muchos cristianos mártires del pasado, estos trapenses no ofrecieron sus vidas por la conversión de sus prójimos musulmanes, sino como testigos del Dios Unico para todos, y por la causa de la amistad entre todos los pueblos de Dios.”Christian, además, devolvió con amor la moneda del amor recibida. En 1958, Christian de Chergé era un joven de 21 años, soldado francés contra los rebeldes argelinos en la guerra de la independencia. Fue una guerra de una gran brutalidad. A pesar de que sus propios sentimientos hacia el Islam son generosos, un día se ve asediado por musulmanes hostiles. Su amigo, Mohammad, musulmán, se interpone y le salva. Pero al día siguiente aparece asesinado. Christian entiende que su amigo le ha salvado a costa de su vida, y ese acontecimiento le marcará determinando en él una profunda conversión. Luego de estudiar en Roma, y ordenarse sacerdote como monje del Cister de la Estrecha Observancia (trapense) solicitó ser asignado al Convento de Nuestra Señora del Atlas, en la montaña cerca de Argel. Muchos misioneros habían salido del país tras la independencia en 1962, pero los trapenses se quedaron como testimonio cristiano contemplativo entre sus vecinos musulmanes. Además los monjes ofrecían un lugar de oración y diálogo común entre cristianos y musulmanes: una parte del monasterio era usada como mezquita. Sus vecinos los querían como hombres de Dios; para los fundamentalistas, en cambio, los monjes eran “extranjeros infieles”. Poco después del secuestro, los captores anunciaron: “Hemos cortado la garganta de siete monjes... ¡Gloria a Dios! Pero en el testamento fueron perdonados de antemano.
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