Panamá, 18 de noviembre de 2001
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“CER-Pan” para hoy...¿hambre para mañana?

Alberto B. Conte

De sus actitudes más sobresalientes, el ahorro era para mi madre casi una obsesión. Con el tesón característico de los italianos, Esperanza (hasta el nombre la acompañaba) creía que el ahorro no era guardar lo que sobraba. Según ella, siempre se gasta todo lo que se recibe; por tanto, el ahorro era sacrificio porque implicaba privarse de algún placer, material o espiritual, para tener una cuantía de dinero que sirviera para enfrentar grandes males. Una de sus canciones favoritas decía: “el que tenga un amor que lo cuide, que lo cuide, la salud y la platita que no la tire, que no la tire. Hay que guardar, eso conviene, porque el que guarda siempre tiene”.

Su previsión salvó de la ruina a la familia cuando un momento de crisis nacional acabó con el negocio de mi padre. Entre otras cosas, se vendieron propiedades adquiridas como parte del ahorro, se pagaron compromisos o se refinanciaron con el aval de los ahorros. Al final de la difícil situación, porque siempre existe un final, cubiertos los compromisos de escuelas, vivienda y alimentación, aún quedaba un fondo que sirvió como semilla para verlo crecer con los dineros de la nueva bonanza.

No dudo que, criado en este pensamiento, mi vida haya sido moldeada muy definidamente. Profesionalmente, encargado de la publicidad de la Caja de Ahorros en la década del 70, y convencido de la necesidad de estimular el ahorro como fórmula económica que crearía riqueza nacional con fondos que se utilizarían en activar empresas nuevas y crecer las ya instaladas, garantizando tranquilidad a los panameños -y quizás como un reflejo condicionado de las enseñanzas de mi madre-, sugerí una campaña de captación de ahorros bajo el tema: “El ahorro sin dolor”.

La campaña tuvo gran éxito en sus resultados, pues consistía en aprobar descuentos directos de los salarios de empleados públicos o privados y depositarlos en cuentas de ahorro de distinta importancia. Era un complemento de las famosas Cuentas de Navidad, aún hoy de gran atractivo, y que efectivamente, aumentó el decreciente ahorro nacional.

Hoy, nuevamente, enfrentamos una crisis económica nacional. Una de sus causas: la baja considerable de los ingresos que se percibían durante la estancia de las tropas americanas en Panamá que, según entendidos, gastaban más de un millón de dólares diarios en bienes y servicios de toda índole. La falta de esos gastos, además de la merma en exportación de productos nacionales como parte del desajuste económico mundial, ha creado un aumento notable en el desempleo y una pérdida de circulante entre el comercio y la industria local.

A falta de seguridad económica, el gasto se ha restringido afectándose el comercio que no puede renovar inventarios, debe pagar intereses sobre sus préstamos y ver disminuir cada día más la afluencia de clientes y ganancias. Todo esto, hace que se tome la medida de controlar los gastos, de los cuales por regla general, la planilla constituye el más alto; y al ajustarlo mediante el despido de personal, se aumenta la falta de circulante.

En medio de esta situación, me ha llamado la atención la acción desesperada de los ciudadanos que habían sido obligados a ahorrar por medio del SIACAP. En la creencia de que los problemas económicos y políticos ponen en peligro esos fondos, han logrado, por presión pública, que se les entreguen esos ahorros para hacer frente a sus problemas financieros y económicos, logrando la puesta en marcha del pago a través de los llamados CERPAN.

Sobre estos instrumentos, ya hay una serie de operaciones pensadas que van desde la compra/venta de los mismos a valores reducidos, hasta la entrega total para enfrentar plazos vencidos de autos, viviendas y otras obligaciones y, también, para el lógico deseo de celebrar las Navidades.

Si bien me alegra el que esos certificados inspiren cierta tranquilidad a sus receptores, me preocupa que los dineros obtenidos sean gastados en su totalidad sin mayor cautela, destruyendo la base de lo que debe ser un ahorro personal.

Ojalá se mire desde esta perspectiva y se haga provisión de fondos para nuevos problemas económicos que, sin duda, nos llegarán antes que las soluciones que necesitamos. Ojalá que estos dineros no hagan realidad aquello de “Pan para hoy y hambre para mañana”.

El autor es empresario

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