Panamá, 18 de noviembre de 2001
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Peligro: canal, carga radiactiva, terrorismo

Si el Canal es un negocio, ¿dónde está el análisis de costo-beneficio que nos permita decidir si nos conviene tener clientes cuyo cargamento es basura radioactiva?

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. Desde principios de 1998, grupos ambientales como Greenpeace y el Instituto para el Control Nuclear (o NCI, por sus siglas en inglés), han venido advirtiendo del peligro catastrófico que Panamá enfrentaría si terroristas con explosivos atacan un cargamento de basura radioactiva en travesía por el Canal. En los tres años transcurridos desde que surgió el tema, los que defienden el paso de estos cargamentos han descartado el riesgo terrorista, centrando sus argumentos en el poco peligro que esta carga representa en casos de un accidente normal. La mayoría de esta basura está vitrificada y como el vidrio es una sustancia pasiva que no se disuelve en agua, “si se hunde, no pasa nada”, dijo Alberto Alemán en 1998.

“Si eliminamos el riesgo terrorista, [ese cargamento] no existe ningún otro riesgo”, agregó Alemán.

En ese momento, es cierto, el riesgo terrorista parecía muy remoto. Los arquitectos de las Torres Gemelas también juzgaban imposible que terroristas deliberadamente estrellaran un avión -mucho menos dos- contra su edificio. Pero, como sabemos demasiado bien, hoy vivimos en un mundo distinto. Por ello es esencial que volvamos a analizar el riesgo de que estos cargamentos sean el blanco de terroristas; igualmente, es obsoleto seguir discutiendo el tema como si el único riesgo fuera el de accidente.

En Washington recientemente, Alemán, administrador del Canal, reveló que desde 1997, el general retirado Wayne Downing ha estado asesorando sobre la estrategia antiterrorista del Canal. Como Downing es ahora el “zar antiterrorista” de la Casa Blanca, su asesoría al Canal inspiraría confianza, si no fuera porque un grupito de activistas de Greenpeace burlaron su supuesta estrategia antiterrorista en 1998. Recordarán que se nos había asegurado que el buque Pacific Swan (que cruzó el Canal el 6 de febrero de 1998) tendría escolta armada y sería protegido por agentes de seguridad canalera. Sin embargo, los activistas de Greenpeace abordaron el Pacific Swan sin contratiempo alguno, se encadenaron al mástil y enarbolaron una bandera que decía “Stop Plutonium”.

“Queda claro que si la nave hubiera sido abordada por un grupo bien armado en lugar de manifestantes pacíficos, el cargamento hubiera estado en grave peligro, con consecuencias catastróficas para el pueblo panameño”, denunció NCI. La catástrofe se produciría, advierte NCI, si los terroristas usan explosivos, ya que convertirían las 30 toneladas de basura nuclear vitrificada del cargamento, en un polvo radioactivo letal que quedaría disperso en un área enorme. Sería un desastre de dimensiones inimaginables, incluyendo la pérdida de vidas y daños ecológicos.

Desde el 11 de septiembre, en todas partes del mundo -salvo Panamá, según parece- se está discutiendo con urgencia el peligro terrorista con respecto a instalaciones nucleares y el transporte de material radioactivo. Las grandes potencias que utilizan energía nuclear se han dado cuenta de que su protección contra el terrorismo es altamente deficiente y están implementando nuevas medidas, aunque los expertos admiten que ninguna instalación nuclear podría resistir un ataque como el del World Trade Center. Panamá, por otro lado, no es una gran potencia y no usa energía nuclear; nuestra vulnerabilidad se debe exclusivamente a que Francia, Inglaterra y Japón han adoptado un esquema de transporte nuclear que para conveniencia suya -no la nuestra- pasa por el Canal de Panamá.

Se nos dice que bajo administración panameña, el Canal es un negocio. Pues bien, bajo esa teoría, debemos preguntar, ¿quién paga por la seguridad adicional que estos cargamentos requieren? Si el Canal es indefendible, como Alemán ha admitido, ¿cómo puede haber seguridad que valga? ¿Qué quiere decir eso de que Estados Unidos “impedirá los actos terroristas contra el Canal”? (La Prensa, 20 de octubre). Si Estados Unidos no ha podido protegerse a sí mismo contra el terrorismo, ¿como protegerá al Canal? ¿Qué protección llevan estos buques contra aviones kamikaze? Con la enormidad del posible desastre, ¿qué seguro tiene la empresa dueña de estos buques? ¿Tiene un seguro ilimitado como requiere el Canal de Suez? Si el ataque terrorista ocurre mientras un piloto canalero está al mando del buque, ¿significaría que la responsabilidad por el desastre recae sobre nosotros los panameños? ¿Dónde está el análisis de riesgo? ¿Dónde está el estudio de impacto ambiental?

Todas esas preguntas se resumen en esta: si el Canal es un negocio, ¿dónde está el análisis de costo contra beneficio que nos permita decidir si estos clientes nos convienen?

Corresponal en Washington

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