Libertad de prensa estilo panameño
Panamá tiene la triste distinción de ser el país con más denuncias penales contra periodistas en el hemisferio
Gilda De La Guardia de Ferrer
No es todos los días que The New York Times le dedica media página de su edición dominical a Panamá, como lo hiciera con su extenso artículo sobre la falta de libertad de prensa en nuestro país (Panama is Putting Journalists on Trial, 28 de octubre). Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Panamá tiene la triste distinción de ser el país con más denuncias penales contra periodistas en el hemisferio.
El artículo hace alusión directa —y reproduce con gran despliegue— la famosa caricatura de RAC donde aparece Ricardo Arias Calderón del brazo de la muerte, y por la cual el diario La Prensa enfrenta una demanda de un millón de dólares y su autor, hasta dos años de cárcel. Menciona, asimismo, las demandas contra periodistas presentadas por el señor procurador y hasta la más reciente persecución contra los autores de La Cáscara News por su atrevimiento contra la señora presidenta. En otras palabras, parece ser que víctimas de una paranoia colectiva, hemos descartado aquello de que “el que no la debe no la teme”; hemos optado, entonces, por arremeter contra los molinos de viento.
El autor interpreta el asunto como una secuela del militarismo, y encuentra preocupante que no se haya tomado el paso de abolir por completo unas leyes que describe como draconianas o, por lo menos, de convertir los abusos por parte de periodistas en delito civil, y no penal. Tan lamentable es la situación en Panamá, que las leyes protegen a los gobernantes contra insulto o irrespeto, confiriéndoles un privilegio del cual no goza el ciudadano común. Si la justificación es que no la necesita porque no está en la palestra, ¿no es más lógico pensar que el que no le gusta la palestra, debe salirse del ruedo?
La falta de acceso a información pública, especialmente en el tema de presupuestos, partidas discrecionales y gastos públicos, aunada a la amenaza de ir a parar a la cárcel, con la cual viven los periodistas, ha acabado con el periodismo de investigación, tan importante en países como el nuestro, donde la corrupción es endémica. El ejemplo clásico es, por supuesto, el de Gorriti, ex director de este diario, quien pagó por sus escritos, no solo con su expulsión de nuestro país, sino convirtiéndose en anatema para el establishment panameño, eco de una gran intolerancia para la crítica.
Aunque nada de esto es nuevo, su publicación en un medio tan importante confirma la existencia del problema y comprueba la importancia que tiene. Resulta sorprendente que nuestros medios de comunicación, y especialmente La Prensa, no hayan aprovechado esta oportunidad para retomar el tema y clamar una vez más por leyes más amplias y democráticas. Publicar el texto dos semanas más tarde, sin hacer ningún comentario ni buscarle un ángulo nuevo, no es la mejor manera de sacarle filo al tema.
Es cierto, como bien dice el artículo, que la mayoría de los periodistas terminan por ser perdonados o simplemente multados. Quizás es por eso que los directores de medios no han querido revolver más la olla. Sin embargo, resulta imperdonable que, por no entorpecer una negociación, hayan desperdiciado la oportunidad de hacer noticia en Panamá con un tema legal y filosófico tan trascendental que es tema de noticia en Nueva York, Torres Gemelas y ántrax no obstante.
La autora es traductora
Además en opinión
• La ampliación del
Canal: Adolfo Ahumada
• Crisis en
el sistema bancario: Eloy Grimaldos
• Menores embarazadas
y CSS: Rolando Rangel Martín
•
Libertad de prensa estilo panameño: Gilda
De La Guardia de Ferrer
•
El TIAR y la seguridad hemisférica: Adolfo
Suárez
|