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Actualidad
La
Villa, ayer y hoy
Lo más rico que conserva aún
La Villa de Los Santos es el calor y la hospitalidad de su gente
Vielka Franceschi
vfranceschi@prensa.com
Hace 180 años, un 10 de noviembre de 1821, un grupo de hombres
y mujeres valerosos de La Villa de Los Santos bajo el liderazgo
de Don Segundo Villarreal y otros distinguidos patriotas lanza su
valiente y pacífico grito libertario que puso fin al yugo
español y que sirvió para precipitar el movimiento
independentista del 28 de noviembre de 1821.
En torno a este hecho señala Ernesto J. Nicolau en su libro
El Grito de La Villa: Y fue entonces cuando el pueblo santeño
estusiasmado por sus rápidos y brillantes triunfos, por el
desarrollo progresivo de su viril entusiasmo libertario, cuyo progreso
era ya incontenible, y deseoso de dar el golpe final a la monarquía
tambaleante, exigió que se celebrara Cabildo abierto, y así
se hizo. Todos los rebeldes, respaldados por su improvisado pero
valeroso y resuelto batallón, rodearon la Casa Consistorial
penetrando al recinto de sesiones, colmado ya por una abigarrada
multitud, y estimulando con su decisión inquebrantable a
los miembros del Ayuntamiento, los cuales, convocados como lo habían
sido por su Presidente don Julián Chávez, a reunión
extraordinaria, proclamaron y juraron con toda solemnidad su independencia
del Gobierno español y lanzaron el grito de libertad el 10
de noviembre de 1821.
Así fue como los lugareños se sintieron libres, la
monarquía española no gobernaba y se percibía
que el poder colonial llegaba a su fin.
Al conmemorarse una vez más la gesta del 10 de noviembre
de 1821 se hace necesario y oportuno analizar la situación
actual en la que se encuentra el distrito de La Villa de Los Santos.
En 1569 el poblado de La Villa, que era cabecera del área
de Azuero, tenía una población de más o menos
unos 200 habitantes. Para aquella época La Villa tomó
un gran auge y se transformó en el eje central de todas las
actividades económicas y sociales del interior del Istmo.
Al pasar de los años, la población del lugar comenzó
a crecer aunque a un ritmo bastante lento. Según las cifras
preliminares del censo del año 2000, la población
de La Villa de Los Santos es de 83 mil 495 habitantes.
El censo también indica que entre 1995 y el año 2000
La Villa de Los Santos solo ha experimentado un crecimiento del
6%. ¿A qué se debe? En parte a la migración
y a la baja tasa de natalidad de sus naturales.
Los moradores de esta región se han visto en la necesidad
de emigrar en busca de mejores oportunidades de trabajo y educación.
Ello ha incidido de manera negativa y ha producido un estancamiento
en el desarrollo social y progreso material de este distrito. Para
muestra un botón. La mayor emigración de santeños
la tenemos en el distrito de San Miguelito en la ciudad de Panamá,
así como en la Costa Arriba de Colón y en el área
este de la provincia de Panamá.
Otro punto que ha influido negativamente en el crecimiento y desarrollo
de La Villa es que no cuenta con un buen servicio de alcantarillados
ya que el sistema actual data de 1938 y hay que tener presente que
se han construido nuevas barriadas y urbanizaciones. Tampoco cuenta
con grandes y modernos centros de salud y solo existe una policlínica
de la Caja de Seguro Social. Al carecer de un hospital materno infantil
obliga a que las madres de esta región tengan que dar a luz
en los hospitales y clínicas de Chitré y de Las Tablas.
Todo esto de una u otra manera incide en que tanto inversionistas
como empresarios no vean en La Villa un lugar estratégico
donde establecer empresas y mucho menos se pueda desarrollar el
comercio y la industria.
La cercanía del distrito de Chitré también
ha contribuido al estancamiento en que se encuentra La Villa de
Los Santos. No así Chitré, en la provincia de Herrera,
cuyo lema Chitré progresa se hace cada día
más visible.
Sin embargo, no todo es sombras para esta rica región del
interior del país. Por ejemplo, la población estudiantil
cuenta con una escuela a nivel primario y tres colegios a nivel
secundario. A saber: el Instituto Coronel Segundo Villarreal, el
Instituto Profesional y Técnico de Azuero y la Escuela de
Marina Mercante.
A nivel universitario cuenta con un centro regional de la Universidad
Tecnológica y se destaca la presencia de la Universidad Santa
María la Antigua (USMA).
Para quienes desean conocer más acerca del lugar, La Villa
de Los Santos conserva el histórico Museo de la Nacionalidad
donde se firmó el Acta de Independencia. El museo, aunque
atraviesa limitaciones económicas se encuentra en buen estado
y puede ser visitado por propios y extraños en cualquier
época del año.
Conserva también su hermosa e histórica iglesia de
San Atanasio, cuyas campanas repican diariamente anunciando la misa
y se escuchan en el pequeño pueblo.
En el aspecto cultural, La Villa de los Santos ha sido cuna de
hijos sobresalientes. Entre los que se destacan el músico
Tobías Díaz Plicet y el ya fallecido pintor Juan Manuel
Cedeño.
Pero lo más rico que conserva aún La Villa de Los
Santos es el calor y la hospitalidad de su gente, las fuertes manos
de los hombres santeños que cultivan la tierra y las delicadas
manos de las mujeres santeñas que con gran dedicación
enhebran y cosen el traje más bello del mundo: la pollera.
Hoy, al arribar a un año más de uno de los acontecimientos
que ayudaron a forjar la nacionalidad panameña es un buen
momento para saludar al pueblo santeño. Pero también
es la oportunidad para hacer un llamado a las autoridades del Gobierno
nacional y a los líderes de la empresa privada para que aunen
esfuerzos y ayuden a esta histórica región a salir
de este estado de prostación económica en que se encuentra
y abra avenidas de esperanza y progreso para esta comunidad. Ese
es el mayor homenaje que le podemos brindar todos a Panamá
en este mes de la Patria.
La autora es periodista
Recuerdos que son razones
Los nicaragüenses no quieren
nuevas confrontaciones y aspiran a ser aliados de Estados Unidos
Franco Rojas
frojas@prensa.com
El triunfo electoral del oficialista Enrique Bolaños a la
Presidencia de Nicaragua ratifica, una vez más, que la arteriosclerosis
no es un mal capaz de formar lagunas mentales en la memoria política
de un pueblo, y menos aún en uno como el nicaragüense,
que todavía intenta cicatrizar las profundas heridas de una
larga guerra civil que lideraron los sandinistas la década
pasada.
Y ello quedó claro cuando 2.2 millones de nicaragüenses
acudieron el domingo pasado en forma masiva a las urnas para decirle
No al Frente Sandinista de Liberación Nacional
(FSLN), de oposición, y a su candidato presidencial Daniel
Ortega.
En la derrota electoral de Ortega -quien quedó sepultado
bajo un cerro de votos (13.45%) depositados por los constitucionalistas
de Bolaños- intervinieron varios factores.
Uno de ellos fue el recuerdo aún fresco de una guerra entre
hermanos alimentada por el conflicto Norte-Sur que protagonizaron
estadounidenses y soviéticos en Nicaragua durante los años
ochenta, cuando ambas potencias se repartían un mundo bipolar.
El servicio militar obligatorio durante la guerra entre sandinistas
y contras, el cierre de medios de comunicación
no alineados al régimen y las denuncias de corrupción
contra altos jerarcas del FSLN tampoco han podido ser borradas por
el tiempo de la memoria de una gran parte de la población
que el domingo fue a votar.
Las arengas antisandinistas desde el púlpito lanzadas por
el cardenal Miguel Obando y Bravo también lograron perforar,
como la bala el papel, la mente de una población eminentemente
católica, pobre, sufrida y golpeada por la fuerza de la naturaleza.
Los atentados terroristas contra Estados Unidos, que marcaron con
una violencia inusitada el comienzo del tercer milenio, jugaron
una mala pasada a los sandinistas dos meses antes de las elecciones
generales.
La unidad cerrada del mundo contra el terrorismo y sus organizaciones
y las advertencias de la Casa Blanca contra aquellos gobiernos que
alberguen o intenten cobijar, en el futuro, grupos al margen de
la ley, caló entre gran parte de los electores nicaragüenses
que sintieron el dedo acusador apuntado directo hacia los sandinistas.
El FSLN, que surgió primero como movimiento armado al fragor
de la revolución contra la dictadura derechista de Anastasio
Somoza y luego en el poder, como partido legalmente constituido,
ha estrechado la mano y comulgado con los preceptos que defienden
los grupos rebeldes que Estados Unidos considera terroristas.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército
de Liberación Nacional (ELN), cuyos máximos comandantes
han mantenido estrecha relación con la cúpula del
FSLN, han sido calificados por Washington de grupos terroristas
a los que hay que combatir.
Las advertencias de Estados Unidos, la guerra que lucha hoy contra
el terrorismo, la asunción al poder de George Bush, discípulo
de Ronald Reagan y hombre de mano dura en la política exterior,
han sido factores que la población apta para votar en Nicaragua
ha tenido en cuenta en la soledad e intimidad de la urna.
Los nicaragüenses no quieren nuevas confrontaciones y aspiran
a ser aliados de Estados Unidos, muy en especial ahora que domina
en solitario el nuevo mapa geopolítico del planeta.
La otra opción era Enrique Bolaños, de 73 años
y considerado un pacifista, quien prometió durante
su campaña paz, trabajo, educación y desarrollo en
democracia y con justicia social.
Bolaños, del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), prometió
mano dura contra la corrupción y luego se alejó del
actual presidente del país y copartidario, Arnoldo Alemán,
quien ha sido denunciado por enriquecimiento ilícito por
la oposición política.
La memoria siempre nítida de un pueblo, pese al paso del
tiempo, es un elemento clave, de peso y determinante, que los políticos
y sus partidos deben sopesar a la hora de lanzarse a la arena electoral,
para evitar, como Ortega, una segunda caída consecutiva y
quizá la última y definitiva de su carrera.
El autor es periodista
Silencio en el caso Disa
Para recuperar la confianza en el primer banco
de inversión de Panamá, los principales actores deben
romper el silencio
Mario Andrés Muñoz
Andresm@prensa.com
Incertidumbre y desconfianza son palabras que nunca deben estar
asociadas a un banco. Sin embargo, para muchos es lo que representa
en estos momentos el Banco Disa, S.A., que desde el pasado 1 de
noviembre sufre una intervención de las autoridades bancarias
y de valores.
Disa se suma a la lista de bancos intervenidos en los últimos
años. Lo que está por verse es si su desenlace terminará
convirtiéndose en un escándalo financiero como en
el caso Banaico o BCCI, donde cientos de depositantes perdieron
su dinero.
Ningún funcionario ha dado respuestas convincentes acerca
de ¿qué ocurrirá con los fondos millonarios
de los depositantes?, ¿habrá dinero para pagar a sus
clientes y cuentahabientes? ¿Serán recuperados los
fondos públicos prestados al banco, unos 46 millones de dólares
por el Banco Nacional y la Caja de Ahorros?
Al respecto, hay un grave precedente cuando la financiera vinculada
al Disa The Providence/Estrellamar una empresa de captación
de fondos se declaró en quiebra dejando una deuda de
24 millones de dólares a unos 400 derechohabientes.
Precisamente pensando en los depositantes, en los clientes y en
los acreedores, los funcionarios de la Superintendencia de Bancos
y la Comisión Nacional de Valores (CNV) dijeron que entraron
a las instalaciones del Disa congelando todas sus operaciones y
abrieron sus libros para revisarlos.
A fin de mes, los interventores recomendarán la liquidación
forzosa, la reestructuración o devolverán el control
del banco a sus directivos. Sin embargo, su actuación está
rodeada por una sombra de duda.
Por ejemplo, no está claro si las autoridades bancarias
actuaron para proteger a los depositantes o porque así lo
pidió el presidente de la Junta Directiva del Disa, el asesor
presidencial Joaquín José Vallarino, tal como éste
lo declaró a La Prensa, a pocos minutos que se diera la intervención.
El señaló en vista de que el señor Haralambos
Tzanetatos interpuso un secuestro que afectó la liquidez
del banco, pedimos a la Superintendencia que lo interviniera....
Se informó que el empresario, de origen griego, había
interpuesto una acción cautelar de secuestro en contra de
Disa por 11 millones de dólares.
Otro hecho significativo es la ausencia de las personas que ocupan
cargos titulares de la Superintendencia y de la CNV. Por razones
de viaje programado de antemano están ausentes
del país la superintendente Delia Cárdenas y el comisionado
de la Comisión de Valores Ellis Cano. Este último
preside la comisión ad hoc encargada de atender la intervención.
En tanto, se declararon impedidos de conocer el caso por haber
sido ejecutivo del Disa y abogado de una firma que daba servicios
a ese banco, respectivamente, los comisionados Roberto Brenes y
Carlos Barsallo.
A nombre de Cano, Brenes y Barsallo, la directora de Administración
de la CNV, Yolanda Real adelanta las investigaciones.
Además de la ausencia de esos funcionarios titulares, llama
la atención el mutismo en el que han caído muchas
personas relacionadas con este caso que tienen mucho que decir.
A excepción, en un primer momento, del mencionado asesor
presidencial, todos los directivos del Disa han preferido guardar
silencio.
Similar actitud ha adoptado el gerente de la Caja de Ahorros (CA)
Carlos Raúl Piad y el gerente del Banco Nacional (BANCONAL),
Bolívar Pariente, quienes alegaron, en un comunicado conjunto,
que deben respetar el secreto bancario, consagrado en la Ley Bancaria.
Sin embargo, Pariente había informado unos días antes
a La Prensa que la entidad que dirige prestó 70 millones
de dólares al intervenido banco durante la administración
del ex presidente Ernesto Pérez Balladares y, de los cuales,
32 millones quedan como saldo.
La Caja prestó, por su parte 14 millones de dólares
al Disa, según precisó el funcionario.
Según el ex presidente del BANCONAL, Roosevelt Thayer, su
administración le prestó sólo 30 millones de
dólares garantizados. Igualmente, dijo que durante el gobierno
de Endara se depositaron en el banco 30 millones y también
explicó que el actual Gobierno prestó diez.
Para recuperar la confianza en el primer banco de inversión
de Panamá, los principales actores deben romper el silencio
y brindar mayor información acerca de las operaciones que
conocen, especialmente tienen que aclarar qué va a pasar
con los dineros públicos y de los depositantes, precisando
cifras. La imagen del sistema bancario está en juego.
El autor es periodista
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