Panamá, 10 de noviembre de 2001
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Actualidad

La Villa, ayer y hoy

Lo más rico que conserva aún La Villa de Los Santos es el calor y la hospitalidad de su gente

Vielka Franceschi
vfranceschi@prensa.com

Hace 180 años, un 10 de noviembre de 1821, un grupo de hombres y mujeres valerosos de La Villa de Los Santos bajo el liderazgo de Don Segundo Villarreal y otros distinguidos patriotas lanza su valiente y pacífico grito libertario que puso fin al yugo español y que sirvió para precipitar el movimiento independentista del 28 de noviembre de 1821.

En torno a este hecho señala Ernesto J. Nicolau en su libro El Grito de La Villa: “Y fue entonces cuando el pueblo santeño estusiasmado por sus rápidos y brillantes triunfos, por el desarrollo progresivo de su viril entusiasmo libertario, cuyo progreso era ya incontenible, y deseoso de dar el golpe final a la monarquía tambaleante, exigió que se celebrara Cabildo abierto, y así se hizo. Todos los rebeldes, respaldados por su improvisado pero valeroso y resuelto batallón, rodearon la Casa Consistorial penetrando al recinto de sesiones, colmado ya por una abigarrada multitud, y estimulando con su decisión inquebrantable a los miembros del Ayuntamiento, los cuales, convocados como lo habían sido por su Presidente don Julián Chávez, a reunión extraordinaria, proclamaron y juraron con toda solemnidad su independencia del Gobierno español y lanzaron el grito de libertad el 10 de noviembre de 1821”.

Así fue como los lugareños se sintieron libres, la monarquía española no gobernaba y se percibía que el poder colonial llegaba a su fin.

Al conmemorarse una vez más la gesta del 10 de noviembre de 1821 se hace necesario y oportuno analizar la situación actual en la que se encuentra el distrito de La Villa de Los Santos.

En 1569 el poblado de La Villa, que era cabecera del área de Azuero, tenía una población de más o menos unos 200 habitantes. Para aquella época La Villa tomó un gran auge y se transformó en el eje central de todas las actividades económicas y sociales del interior del Istmo.

Al pasar de los años, la población del lugar comenzó a crecer aunque a un ritmo bastante lento. Según las cifras preliminares del censo del año 2000, la población de La Villa de Los Santos es de 83 mil 495 habitantes.

El censo también indica que entre 1995 y el año 2000 La Villa de Los Santos solo ha experimentado un crecimiento del 6%. ¿A qué se debe? En parte a la migración y a la baja tasa de natalidad de sus naturales.

Los moradores de esta región se han visto en la necesidad de emigrar en busca de mejores oportunidades de trabajo y educación. Ello ha incidido de manera negativa y ha producido un estancamiento en el desarrollo social y progreso material de este distrito. Para muestra un botón. La mayor emigración de santeños la tenemos en el distrito de San Miguelito en la ciudad de Panamá, así como en la Costa Arriba de Colón y en el área este de la provincia de Panamá.

Otro punto que ha influido negativamente en el crecimiento y desarrollo de La Villa es que no cuenta con un buen servicio de alcantarillados ya que el sistema actual data de 1938 y hay que tener presente que se han construido nuevas barriadas y urbanizaciones. Tampoco cuenta con grandes y modernos centros de salud y solo existe una policlínica de la Caja de Seguro Social. Al carecer de un hospital materno infantil obliga a que las madres de esta región tengan que dar a luz en los hospitales y clínicas de Chitré y de Las Tablas.

Todo esto de una u otra manera incide en que tanto inversionistas como empresarios no vean en La Villa un lugar estratégico donde establecer empresas y mucho menos se pueda desarrollar el comercio y la industria.

La cercanía del distrito de Chitré también ha contribuido al estancamiento en que se encuentra La Villa de Los Santos. No así Chitré, en la provincia de Herrera, cuyo lema “Chitré progresa” se hace cada día más visible.

Sin embargo, no todo es sombras para esta rica región del interior del país. Por ejemplo, la población estudiantil cuenta con una escuela a nivel primario y tres colegios a nivel secundario. A saber: el Instituto Coronel Segundo Villarreal, el Instituto Profesional y Técnico de Azuero y la Escuela de Marina Mercante.

A nivel universitario cuenta con un centro regional de la Universidad Tecnológica y se destaca la presencia de la Universidad Santa María la Antigua (USMA).

Para quienes desean conocer más acerca del lugar, La Villa de Los Santos conserva el histórico Museo de la Nacionalidad donde se firmó el Acta de Independencia. El museo, aunque atraviesa limitaciones económicas se encuentra en buen estado y puede ser visitado por propios y extraños en cualquier época del año.

Conserva también su hermosa e histórica iglesia de San Atanasio, cuyas campanas repican diariamente anunciando la misa y se escuchan en el pequeño pueblo.

En el aspecto cultural, La Villa de los Santos ha sido cuna de hijos sobresalientes. Entre los que se destacan el músico Tobías Díaz Plicet y el ya fallecido pintor Juan Manuel Cedeño.

Pero lo más rico que conserva aún La Villa de Los Santos es el calor y la hospitalidad de su gente, las fuertes manos de los hombres santeños que cultivan la tierra y las delicadas manos de las mujeres santeñas que con gran dedicación enhebran y cosen el traje más bello del mundo: la pollera.

Hoy, al arribar a un año más de uno de los acontecimientos que ayudaron a forjar la nacionalidad panameña es un buen momento para saludar al pueblo santeño. Pero también es la oportunidad para hacer un llamado a las autoridades del Gobierno nacional y a los líderes de la empresa privada para que aunen esfuerzos y ayuden a esta histórica región a salir de este estado de prostación económica en que se encuentra y abra avenidas de esperanza y progreso para esta comunidad. Ese es el mayor homenaje que le podemos brindar todos a Panamá en este mes de la Patria.

La autora es periodista


Recuerdos que son razones

Los nicaragüenses no quieren nuevas confrontaciones y aspiran a ser aliados de Estados Unidos

Franco Rojas
frojas@prensa.com

El triunfo electoral del oficialista Enrique Bolaños a la Presidencia de Nicaragua ratifica, una vez más, que la arteriosclerosis no es un mal capaz de formar lagunas mentales en la memoria política de un pueblo, y menos aún en uno como el nicaragüense, que todavía intenta cicatrizar las profundas heridas de una larga guerra civil que lideraron los sandinistas la década pasada.

Y ello quedó claro cuando 2.2 millones de nicaragüenses acudieron el domingo pasado en forma masiva a las urnas para decirle “No” al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), de oposición, y a su candidato presidencial Daniel Ortega.

En la derrota electoral de Ortega -quien quedó sepultado bajo un cerro de votos (13.45%) depositados por los constitucionalistas de Bolaños- intervinieron varios factores.

Uno de ellos fue el recuerdo aún fresco de una guerra entre hermanos alimentada por el conflicto Norte-Sur que protagonizaron estadounidenses y soviéticos en Nicaragua durante los años ochenta, cuando ambas potencias se repartían un mundo bipolar.

El servicio militar obligatorio durante la guerra entre sandinistas y “contras”, el cierre de medios de comunicación no alineados al régimen y las denuncias de corrupción contra altos jerarcas del FSLN tampoco han podido ser borradas por el tiempo de la memoria de una gran parte de la población que el domingo fue a votar.

Las arengas antisandinistas desde el púlpito lanzadas por el cardenal Miguel Obando y Bravo también lograron “perforar”, como la bala el papel, la mente de una población eminentemente católica, pobre, sufrida y golpeada por la fuerza de la naturaleza.

Los atentados terroristas contra Estados Unidos, que marcaron con una violencia inusitada el comienzo del tercer milenio, jugaron una mala pasada a los sandinistas dos meses antes de las elecciones generales.

La unidad cerrada del mundo contra el terrorismo y sus organizaciones y las advertencias de la Casa Blanca contra aquellos gobiernos que alberguen o intenten cobijar, en el futuro, grupos al margen de la ley, caló entre gran parte de los electores nicaragüenses que sintieron el dedo acusador apuntado directo hacia los sandinistas.

El FSLN, que surgió primero como movimiento armado al fragor de la revolución contra la dictadura derechista de Anastasio Somoza y luego en el poder, como partido legalmente constituido, ha estrechado la mano y comulgado con los preceptos que defienden los grupos rebeldes que Estados Unidos considera “terroristas”.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), cuyos máximos “comandantes” han mantenido estrecha relación con la cúpula del FSLN, han sido calificados por Washington de “grupos terroristas” a los que hay que combatir.

Las advertencias de Estados Unidos, la guerra que lucha hoy contra el terrorismo, la asunción al poder de George Bush, discípulo de Ronald Reagan y hombre de mano dura en la política exterior, han sido factores que la población apta para votar en Nicaragua ha tenido en cuenta en la soledad e intimidad de la urna.

Los nicaragüenses no quieren nuevas confrontaciones y aspiran a ser aliados de Estados Unidos, muy en especial ahora que domina en solitario el nuevo mapa geopolítico del planeta.

La otra opción era Enrique Bolaños, de 73 años y considerado un “pacifista”, quien prometió durante su campaña paz, trabajo, educación y desarrollo en democracia y con justicia social.

Bolaños, del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), prometió mano dura contra la corrupción y luego se alejó del actual presidente del país y copartidario, Arnoldo Alemán, quien ha sido denunciado por enriquecimiento ilícito por la oposición política.

La memoria siempre nítida de un pueblo, pese al paso del tiempo, es un elemento clave, de peso y determinante, que los políticos y sus partidos deben sopesar a la hora de lanzarse a la arena electoral, para evitar, como Ortega, una segunda caída consecutiva y quizá la última y definitiva de su carrera.

El autor es periodista


Silencio en el caso Disa

Para recuperar la confianza en el primer banco de inversión de Panamá, los principales actores deben romper el silencio

Mario Andrés Muñoz
Andresm@prensa.com

Incertidumbre y desconfianza son palabras que nunca deben estar asociadas a un banco. Sin embargo, para muchos es lo que representa en estos momentos el Banco Disa, S.A., que desde el pasado 1 de noviembre sufre una intervención de las autoridades bancarias y de valores.

Disa se suma a la lista de bancos intervenidos en los últimos años. Lo que está por verse es si su desenlace terminará convirtiéndose en un escándalo financiero como en el caso Banaico o BCCI, donde cientos de depositantes perdieron su dinero.

Ningún funcionario ha dado respuestas convincentes acerca de ¿qué ocurrirá con los fondos millonarios de los depositantes?, ¿habrá dinero para pagar a sus clientes y cuentahabientes? ¿Serán recuperados los fondos públicos prestados al banco, unos 46 millones de dólares por el Banco Nacional y la Caja de Ahorros?

Al respecto, hay un grave precedente cuando la financiera vinculada al Disa The Providence/Estrellamar —una empresa de captación de fondos— se declaró en quiebra dejando una deuda de 24 millones de dólares a unos 400 “derechohabientes”.

Precisamente pensando en los depositantes, en los clientes y en los acreedores, los funcionarios de la Superintendencia de Bancos y la Comisión Nacional de Valores (CNV) dijeron que entraron a las instalaciones del Disa congelando todas sus operaciones y abrieron sus libros para revisarlos.

A fin de mes, los interventores recomendarán la liquidación forzosa, la reestructuración o devolverán el control del banco a sus directivos. Sin embargo, su actuación está rodeada por una sombra de duda.

Por ejemplo, no está claro si las autoridades bancarias actuaron para proteger a los depositantes o porque así lo pidió el presidente de la Junta Directiva del Disa, el asesor presidencial Joaquín José Vallarino, tal como éste lo declaró a La Prensa, a pocos minutos que se diera la intervención.

El señaló “en vista de que el señor Haralambos Tzanetatos interpuso un secuestro que afectó la liquidez del banco, pedimos a la Superintendencia que lo interviniera...”.

Se informó que el empresario, de origen griego, había interpuesto una acción cautelar de secuestro en contra de Disa por 11 millones de dólares.

Otro hecho significativo es la ausencia de las personas que ocupan cargos titulares de la Superintendencia y de la CNV. Por razones de viaje “programado de antemano” están ausentes del país la superintendente Delia Cárdenas y el comisionado de la Comisión de Valores Ellis Cano. Este último preside la comisión ad hoc encargada de atender la intervención.

En tanto, se declararon impedidos de conocer el caso por haber sido ejecutivo del Disa y abogado de una firma que daba servicios a ese banco, respectivamente, los comisionados Roberto Brenes y Carlos Barsallo.

A nombre de Cano, Brenes y Barsallo, la directora de Administración de la CNV, Yolanda Real adelanta las investigaciones.

Además de la ausencia de esos funcionarios titulares, llama la atención el mutismo en el que han caído muchas personas relacionadas con este caso que tienen mucho que decir.

A excepción, en un primer momento, del mencionado asesor presidencial, todos los directivos del Disa han preferido guardar silencio.

Similar actitud ha adoptado el gerente de la Caja de Ahorros (CA) Carlos Raúl Piad y el gerente del Banco Nacional (BANCONAL), Bolívar Pariente, quienes alegaron, en un comunicado conjunto, que deben respetar el secreto bancario, consagrado en la Ley Bancaria.

Sin embargo, Pariente había informado unos días antes a La Prensa que la entidad que dirige prestó 70 millones de dólares al intervenido banco durante la administración del ex presidente Ernesto Pérez Balladares y, de los cuales, 32 millones quedan como saldo.

La Caja prestó, por su parte 14 millones de dólares al Disa, según precisó el funcionario.

Según el ex presidente del BANCONAL, Roosevelt Thayer, su administración le prestó sólo 30 millones de dólares garantizados. Igualmente, dijo que durante el gobierno de Endara se depositaron en el banco 30 millones y también explicó que el actual Gobierno prestó diez.

Para recuperar la confianza en el primer banco de inversión de Panamá, los principales actores deben romper el silencio y brindar mayor información acerca de las operaciones que conocen, especialmente tienen que aclarar qué va a pasar con los dineros públicos y de los depositantes, precisando cifras. La imagen del sistema bancario está en juego.

El autor es periodista

 




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