Panamá, 6 de noviembre de 2001
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Las travesías de Julio Valdez

El dominicano Julio Valdez presenta actualmente la exposición ‘Los sacrificios fecundos’ en la galería Legacy Fine Art

Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com

‘El sordito’ (2001).

Desde muchacho, Julio Valdez escucha su voz interna de artista, voz que le ha permitido dedicarse por completo a la pintura. Su compromiso artístico siempre ha tenido que ver con los colores, la libertad creativa y el gozo por buscar nuevos lenguajes y formas.

Su trabajo plástico lo define como una batalla diaria con sus ideas y emociones, una batalla que no incluye una obra simplemente decorativa sino todo un discurso sobre autenticidad.

Su universo está hecho a partir de dos niveles paralelos: el instintivo y el cultural. Una muestra de su labor, titulada "Los sacrificios fecundos", se puede apreciar a lo largo de este mes de noviembre en la galería Legacy Fine Art.

‘Travesías V’ (2000).

Sus barcos de papel, símbolo característico de su labor, tienen que ver con su memoria de niño grande, con su gusto por el océano y su crítica por la difícil condición de los balseros que se atreven a cruzar el mar en pos de la prosperidad. Esto no quiere decir que su obra sea explícita o realista, nada de eso, sus trazos y movimientos te invitan a la interpretación particular, lo que permite que cada espectador tenga su propio significado de lo que ha visto en la tela.

Para Julio Valdez una obra de arte es "exitosa cuando logra articular significados que van más allá de los ojos, porque hay tantos significados de arte como cabezas hay". Agrega que el punto no es que la gente sepa de arte, sino de la impresión que le cause la pintura, algo a lo que quizás el público no esté tan acostumbrado en una sociedad que tiende a dar todo masticado. Por eso, piensa que los sueños de las personas no son los propios "sino los que se supone debes tener. Tus metas no son las tuyas sino las que se supone que debes tener".

‘Enmapado’ (2000).

En opinión de la crítica Federica Palomero, el universo plástico "no es de aquí y de ahora, es del anhelo y la nostalgia, o de un mundo todavía por nacer, que va juntando los elementos de su futuro existir. Sobre ellos, la nostalgia y el anhelo, el artista da algunos datos que adrede se quieren descosidos, azarosos, como al garete, en el filo de la memoria sentimental y no histórica (aun cuando sea memoria puede ser, también, colectiva), al ritmo de sueños compartidos.

En cambio, el trazo dibujístico puede aparecer como firme, profundo, directo. Tiene la frescura y la espontaneidad de lo infantil y lo primitivo. Es rápido, como una escritura automática. Es trazo para la silueta del cuerpo, autorretrato que no se ciñe a parecidos anecdóticos, que se ensancha de lo personal a lo plural: huella del cuerpo ofrecida como iconografía de la isla, asumiendo, más allá de lo propio, al otro, a los otros que también son lo propio: el uno multiplicado y encarnado en un destino del cual es parte y que lo sobrepasa".

‘Hasta los huesos’ (2000).

Comenta el artista que en su trabajo hay una inclinación por el autorretrato, que define como "una técnica, una fórmula de expresión, que se parece a los laberintos borgianos". Explica que utiliza objetos de la realidad para buscar otros niveles de realidad, que "tiene que ver más con la parte psíquica y emocional, un terreno en el que espero contribuir en algo".

Dominique Bluhdorn, Mirtha Vidal y Stephen D. Kaplan, todos relacionados con la Fundación Centro Cultural Altos de Chavón destacan que en la pintura y el grabado Valdés es "meticuloso, de una cuidadosa experimentación, donde paso a paso se advierten los rigores de una pertinaz laboriosidad y de una interminable autoevaluación. Cuando surge la novedad, gracias al claro dominio de la técnica, esta se siente calculada, hay pasajes que se advierten como accidentes provocados, ambigüedades que se controlan, donde jamás hay caos ni nada que pueda advertirse como la intensidad que podría llamarse furia".

Julio Valdez nació en Santo Domingo, República Dominicana. Se trasladó a la ciudad de Nueva York en 1993. Su obra, que incluye pintura, grabados, técnicas mixtas e instalaciones, ha sido exhibida internacionalmente y ha recibido numerosos premios y galardones, incluyendo la beca de artista en residencia del Studio Museum in Harlem de Nueva York (1997-98), la Paleta de Plata del XXX Festival Internacional de la Pintura de Cagnes-sur-Mer, Francia, en 1998, así como el Gran Premio de la XVIII Bienal E. León Jiménez de la República Dominicana, entre otros.


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