Panamá, 6 de noviembre de 2001
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Perjuicios del extremismo criollo

Alfonso Zamora

Durante muchos años, la justa lucha del pueblo palestino por su autonomía ha recibido apoyo en todo el mundo. En todas partes se admite que el pueblo palestino tiene derechos que merecen reconocimiento y cuyo ejercicio debe garantizarse. En repetidas ocasiones así lo han proclamado la ONU y otros organismos multilaterales.

Sin embargo, el extremismo y la violencia hacen flaco favor a esa causa. Los actos terroristas que se cometen en nombre de Palestina y el nacionalismo árabe perjudican esos ideales y dañan la reputación del sufrido pueblo palestino.

El terrorismo es repudiable, pero tiene ramificaciones y simpatizantes en todo el mundo. Aquí en Panamá, por ejemplo, se comenta que algunas personas celebraron con bombos y platillos los actos terroristas del 11 de septiembre.

Otros, han manifestado que los atentados constituyen el “castigo merecido” a Estados Unidos por las acciones arbitrarias de su política exterior; como si los miles de mujeres y hombres que perecieron en esa fecha trágica tuviesen la culpa de los desaciertos del gobierno estadounidense.

Entre los que así se han pronunciado se encuentra Roko Setka, presidente del Colegio de Diplomáticos de Carrera y profesor de la Universidad de Panamá. “Quien siembra vientos cosecha tempestades”, ha dicho repetidamente, en los foros en los que se ha presentado como “experto” en asuntos internacionales.

Declaraciones como estas causan escalofríos, porque el pueblo panameño es amante de la paz y aquí han convivido, durante generaciones, personas de todas las razas y creencias. El pueblo panameño quiere seguir viviendo en paz, en un ambiente de tolerancia. Sin embargo, en esta crisis mundial, los medios de comunicación han dado protagonismo a sujetos de inclinaciones peligrosas, simpatizantes de ideologías extremas, que constituyen una amenaza a la seguridad pública.

Roko Setka es uno de los que se identifican con esas doctrinas. En 1979 el gobierno militar lo envió como delegado a las “ceremonias” conmemorativas del décimo aniversario del la Revolución Libia. En esa condición, estuvo en Trípoli entre el 28 y el 31 de agosto de 1979. En esos momentos, Libia era uno de los centros neurálgicos del terrorismo internacional.

El coronel Muammar Khadaffi, a quien Setka abiertamente admira, convirtió a Libia en un santuario para extremistas. Años más tarde, ello quedaría en evidencia con el atentado terrorista contra el vuelo 103 de Pan American que estalló sobre la población de Lockerbie, Escocia, causando la muerte de 270 inocentes.

En enero de 2001, un tribunal escocés reunido en Holanda encontró culpable del atentado a un ex miembro del servicio secreto de Libia, Abdelbaset Ali Mohamen Al Megrahi, condenándolo a cadena perpetua. Como lo señalaron los familiares de las víctimas, el veredicto contra Al Megrahi apunta directamente al gobierno libio que, alegan, planeó el atentado.

Nadie que no simpatizara abiertamente con el extremismo hubiese sido capaz de participar en las ceremonias que Khaddafi organizó en Libia en agosto de 1979. Por sus tendencias extremistas, el gobierno militar escogió para esa misión a Setka, a quien luego designó embajador en Yugoslavia, otro Estado donde se planearon y ejecutaron atrocidades terroristas que ahora están bajo hostigamiento y juicio por un tribunal internacional con sede en La Haya, Holanda.

Roko Setka, quien ayer participaba en cónclaves extremistas, hoy exterioriza su entusiasmo por el Talibán que da refugio a Osama bin Laden. Tal postura no sería preocupante de no ser por el protagonismo que a Setka le ha dado el PRD y su condición de “asesor” de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Legislativa.

Así, la imagen de seriedad y moderación que el PRD quiere proyectar, se ve deteriorada por su vinculación con individuos como Setka, que aplaude los actos terroristas que estremecen al mundo entero, ocasionan gran perjuicio a la causa palestina y constituyen un problema de seguridad para todos los pueblos, incluyendo al pueblo panameño.

El autor es periodista


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