Habla Tristán Solarte
Acabo de leer el magnífico trabajo sobre mí, hecho por Daniel Domínguez y publicado en La Prensa el domingo pasado. Pienso que recogió con mucha fidelidad las cosas que dije en el curso de la larga conversación que tuvimos en mi casa. Acerca del hígado blanco de Shakespeare, el mismo bardo nos dejó abundantes pistas para quienes quisieran seguirlas hasta su lógica conclusión. Los eruditos, opino que arbitrariamente, le dieron a la dama oscura toda clase de identidades, desde una aristócrata italiana hasta la señora polinesia de Anthony Burguess. Yo no sé cómo no se percataron de que la dama de marras pasaba de castaño a oscuro. A las pruebas me remito: “If hairs be wires, black wires grow on her head”. Esto no permite dudar sobre la raza de la dama oscura.
Últimamente he leído que los “shakespeareanos” han despertado por fin de su letargo y han reconocido que la dama oscura no puede haber sido sino negra, probablemente una africana doméstica o esclava de una de las casas frecuentadas por Will.
En la grabación debe constar que yo cité, por su nombre y apellido, al autor de una frase que me atribuye. Hará cincuenta años, por lo menos, en una conferencia que dio en el aula máxima del Instituto Nacional, el filósofo español Juan David García Bacca, refiriéndose a la famosa pelea de Jacob, dijo que en el curso de ella Dios le tocó un nervio del fémur a Jacob y le paralizó la pierna. Esto es —y recuerdo bien que pidió perdón a sus oyentes por lo que iba a decir—, “le dio un golpe bajo a Jacob”, tomando la expresión del mundo del boxeo. Pero según el libro del Génesis (en la versión al español de Cipriano de Valera), cuando Yavé “vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje [esto debe referirse no al fémur, sino a la misma articulación] de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob”. Ya la sola idea de que Dios se agarre a trompadas con una de sus criaturas es suficientemente extraña; pero que encima vaya perdiendo la pelea y tenga que recurrir a un truco de esa naturaleza, me parece el colmo.
Estos son puntos insignificantes. Reitero mi gratitud por la crónica.
Guillermo Sánchez Borbón
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