De bromas con Tristán
Daniel Domínguez Z.
ddomingu@prensa.com
Un martes en la noche en el apartamento de Tristán Solarte. El teléfono suena y el hombre de letras contesta. Es un funcionario del Instituto Nacional de Cultura que le informa que ha ganado el Ricardo Miró 2001 en la sección poesía con Viene de lejos.
Solarte, que nació con el nombre de Guillermo Sánchez Borbón, recibió de forma poco habitual la noticia: se molestó. Sí, del otro lado del invento de Alexander Graham Bell alguien le tomaba el pelo, pues el autor, nacido en Bocas del Toro el 1 de junio de 1924 no sabía nada del concurso nacional ni de ese poemario en particular. Sinceramente, le hablaban en chino y él, de chino, poco.
Al rato, coño, claro, recuerda que casi sobre el cierre de recibir las obras al Miró había enviado un poemario y que como se declara incapaz para poner buenos títulos echó mano, a la carrera, al primer verso que leyó de su citado y galardonado trabajo.
“Ha sido una sorpresa muy grande. No lo esperaba porque está lleno de chistes literarios que solo mis amigos y yo entendemos”, dice a la par que agrega que “lo mandé al Miró por joder; como me habían negado el premio tantas veces”.
Y sí, en el Ricardo Miró ocurren esas situaciones extrañas, tan típicas en otros importantes certámenes culturales. Solarte, reconocido como un gran bardo, nunca, hasta ahora, había obtenido el primer lugar.
En 1948-49 logró el segundo puesto por el poemario Voces y paisajes de vida y muerte y otro segundo en 1952-53 por Aproximación poética a la muerte.
Comenta que ganar el Ricardo Miró en la década del 50 y volverlo a conquistar décadas después son dos emociones distintas. La primera vez fue la prueba de ir por el camino correcto y ahora fue salir bien librado en su acto de molestar.
“En los 50 fue un gran placer, recuerda en la sala de su hogar, además siempre andaba mal de plata. Fíjate, en aquella época eran mil dólares y eso era un montón de plata. Como técnico de laboratorio ganaba 125 dólares mensuales solo cuando le realizaba los exámenes de sangre a las prostitutas. Ahora dos mil dólares no es nada. Deberían subirlo a cinco mil dólares, pero que los acreedores no se enteren. En la pasada ceremonia de entrega planteé que la importancia histórica del Miró es que el premio le publica la obra al ganador, algo relevante en un país donde no es fácil para nadie publicar”.
De hígados blancos
Aunque Solarte lo niegue, este poemario tiene un nombre adecuado, pues Viene de lejos se fue haciendo con los años. Tanto, que uno de sus poemas datan de hace 40 años, aunque aclara que la mayoría son de finales de 1999 y principios de este año.
Las ganas de escribir poesía le vino de repente, después de lustros de tenerla en abandono. Lo que sí mantiene intacta a través del tiempo es esa emoción por lo que tiene de maravillosa la poesía, por ese poder que “te permite comprimir emociones y hechos, y ponerlos en un texto corto”.
Una de las bromas de Viene de lejos hace referencia a la leyenda del hígado blanco. “Antes se decía que a los hombres que les gustaban las negras tenían el hígado blanco”.
Y esto de órganos glandulares con colores particulares lo inspiró de igual forma para tratar poéticamente un misterio en torno a William Shakespeare: los sonetos que le dedica el inglés a su “dama oscura”. “Yo no sé porque los críticos y los historiadores hacen problema de eso, se trata de una chomba que le gustó a Shakespeare y que estaba como sirvienta en alguna casa. La frase que usaron los negros norteamericanos en la batalla contra el racismo ‘Black is Beautiful’, fue extraída literalmente de estos sonetos”.
El porqué del nombre de Viene de lejos es otra interpretación libre de Solarte, esta vez sobre la teoría de que nuestros orígenes humanos se remontan millones de años atrás al continente africano. Según el autor de la novela El guitarrista (segundo lugar en el Miró de 1950-51), Adán también tenía el hígado blanco, ya que su corazón latió a velocidades increíbles cuando descubrió la hermosa negritud de Eva.
Para demostrar que no todo es chanza, este libro también es un homenaje a Bocas del Toro, al hacer mención a leyendas que escuchó de chico como el Chivato, el Cura sin Cabeza y el Buque Fantasma, que eran seres con los que asustaban a Solarte de niño, cuando se portaba mal, y que creyó que eran 100% verdad, pues recuerda que hubo adultos que juraban haberlos visto. “Cosas que inventa la gente, ¿no? Estas son historias muy propias de los pueblos costeros”.
Otro elemento que destacó en Viene de lejos fue uno de los aspectos más intrincados de la Biblia: la ocasión en que “Jacob se agarró a trompadas con Dios, mientras le preguntaba: ¿Quién eres? Dios le dio un golpe en el encaje del muslo, que dejó a Jacob cojo por el resto de su vida. Luego del golpe bajo Dios le cambió el nombre por el de Israel, que estimológicamente significa el que pelea con Dios”.
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