Panamá, 1 de noviembre de 2001
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De política

Cartitas al Niño Dios

Como abogado con años de ejercer y como panameño, le cabe la aspiración de pedirle a Santa, llegar a magistrado

Jaime A. Porcell Alemán

El Toro Balladares riposta a un Alberto Vallarino muy anti PRD, que su pretensión de ser candidato resulta cartita al Niño Dios adelantada. Pero mientras se acerca la Navidad, aparecerán otras. Algunas pretenden demasiado para una austeridad que también toca el Polo Norte.

Para que Winston reciba su regalo, los legisladores del Pacto Meta podrían solicitar al Niño Dios cosas tan grandes, que tendría que alquilar otro trineo. Unas partiditas circuitales, que en el ´99 reeligieron a dos terceras partes del legislativo. Doce milloncejos para contratos eventuales y asesorías, más uno de los dos puestos en la Corte Suprema, ahora que se retiran los buenos de Mirtza y Eligio. Añádale dos cargos de tres que se desocupan en la junta directiva del Canal, y la misiva quedará completa.

Laurentino Cortizo, con Meta, apareja una administración prístina y austera. Pero tanto ahorro nada asegura a un legislador el regalo mayor de la reelección, como lo hacen las partidas. Y como si fuera poco, Meta obliga a dormir con el enemigo histórico, quien se toma la conducción ideológica del Órgano. La disyuntiva opositora parece debatirse entre Winston o el repeladero.

Desde la campaña, ya Mireya venía dando muestras de ser otro Arnulfo. Riposta, a los muchos que le aconsejan ir a debates -con Martín, hoy mismo, con Alberto nunca- igual que Arnulfo, gobierna sin medios que la favorezcan y sin Asamblea.

También antepone su olfato a la razón de varios de los genios que la rondan. Y no es más Arnulfo, por los asesores que la rodean. Hoy parece empeñada en nombrar a Spadafora como magistrado.

Excepcionalmente, los panameños hacemos causa común. Llama a sospecha que adversarios históricos como el CoNEP y la CTRP, o una FENASEP, que da traspié político al llamar a votar por Martín, publiquen inédita cartita a Santa, en conjunto. Piden magistrados independientes y académicos. Para algunos, más suspicaces que yo, hacen oposición, disfrazados de Papá Noel. Mientras, uno que otro líder empresarial, escurre también su anhelo, legítimo por cierto, de que el Niño Dios lo catapulte en el 2,004, a la cartera de Comercio o Economía. Llevar el herrete de Winston, ser hijo de Carmelo, obliga a ser impaciente, a pasarse de rabioso y a defender a su dama al puño, por más estudios en Bologna que detente un chitreano. Pero, sobre todo, obliga a guardarse la tristeza de no poder ayudar a tanto herrerano que se acerca con la mano abierta.

Spadafora salta a la política, hará unos quince años, obligado por crueles circunstancias. Juega su vida en una huelga de hambre, que si no interviene la propia Iglesia se lo lleva. Luego, conduce a la familia por el vía crucis de la protesta pacífica contra el sátrapa criminal.

En el ´98, el fijo para dirigir la campaña de Mireya parecía ser César Pereira Burgos. Inesperadamente designan a Spadafora. Algunos critican la designación. Pero se rodea de un magnífico equipo, que apoya a una candidata que también se crece. Nunca aspira a cargo alguno y, temprano, se le observa incómodo como ministro de Gobierno, puesto que ayer abandona.

Por propia naturaleza, un Ejecutivo y una Asamblea opositora van a enfrentarse. Nadie necesitará provocarlo. Es una confrontación natural. El primero dispone de la atribución de nombrar a los magistrados, la segunda de ratificarlos. Spadafora queda en medio de la confrontación entre los dos órganos del Estado.

Cuando El Universal y su columna chusca “El Vigilante” lo escarnece con el apodo de “Gringolandia”, cuando el PRD lo declara culpable, quizás para golpear a Mireya, mientras reniegan de este como posible magistrado, pienso, puede que estén en la estrategia correcta. El medio gana credibilidad y audiencia atacando al poder. La Asamblea podrá negar la ratificación y hasta rechazar el presupuesto, profundizando la pugna con un Ejecutivo que niega partidas. Pero cuidado que, por la peleíta, nos quedamos sin la modesta Navidad que todavía aspiramos algunos.

Por su parte, el periódico, que incluso le dedica cinco preguntas en su encuesta, podría adjudicarse imagen de inaudito espíritu perseguidor, la que afectaría su credibilidad, aunque aquí el atributo no se valora suficiente.

Como abogado con años de ejercer y como panameño, le cabe la aspiración de pedirle a Santa, llegar a magistrado. Necesitará las capacidades negociadoras de Arnulfo y Mireya juntas, para que se le haga realidad su cartita. Pero ese chitreano, terco como es, no se corre.


El autor es investigador de mercado


¿Demagogia u oportunismo?

Poca autoridad moral tiene el PRD para objetar un nombramiento en base a criterios que no atendió cuando no le convino

Carlos Guevara Mann

La encuesta electrónica de La Prensa aborda esta semana el manejo que ha dado el PRD a las aspiraciones de Winston Spadafora a una magistratura de la Corte Suprema de Justicia. Se pregunta al lector cómo calificaría ese manejo y se dan tres opciones: “demagógico”, “oportunista” y “serio”.

“Serio”, indudablemente, no es, si nos ceñimos a la tercera acepción que de este adjetivo proporciona el diccionario y que se aplica a este contexto: “Real, verdadero y sincero, sin engaño o burla, doblez o disimulo”.

El PRD o -más ampliamente el denominado Pacto META- ha señalado los siguientes motivos como causales para oponerse a los designios del ex ministro Spadafora: 1) que sus estrechos nexos políticos con el Ejecutivo y el partido de gobierno le restarían independencia como magistrado; 2) que carece de la experiencia profesional para desempeñarse en esa posición; y 3) que no reúne las exigencias éticas y morales para desempeñar una magistratura ( El Panamá América, 25 y 26 de octubre de 2001).

Quienes en el PRD hoy se desvelan por asegurar la independencia, idoneidad e integridad de los nominados a la Corte Suprema, ayer no tuvieron reparo alguno en ratificar a candidatos a magistrado que no revelaban estas mismas cualidades.

Durante su ejercicio, el ex presidente Pérez Balladares (PRD) nombró a cinco integrantes de la Corte Suprema: Arturo Hoyos (reelegido), Rogelio Fábrega Zarak, Eligio Salas, Graciela Dixon y José Troyano. Todos tenían vínculos cercanos con el PRD, pero eso no impidió que la Asamblea, dominada por el PRD y sus aliados, aprobara obedientemente la decisión presidencial.

Hoyos fue alto funcionario en el Ministerio de Trabajo torrijista. Fábrega Zarak fue ministro de la Presidencia y de Hacienda durante el gobierno títere de Aristides Royo, y asesor de Hacienda durante la administración de Pérez Balladares. Eligio Salas, uno de los “ideólogos” del PRD, fue rector de la Universidad Nacional en la década del 70 y al momento de su designación era representante del PRD ante la Comisión de Reformas Electorales.

Dixon, activista de grupos estudiantiles y políticos afines a la dictadura, en 1994 suscribió un comunicado que promovía la opción electoral perredista, argumentando que “resulta políticamente sabio y funcional apoyar al PRD, lo que haremos resueltamente, en virtud de válidas reflexiones que compartimos” ( La Prensa, 27 de febrero de 1994). Troyano fue por muchos años asesor en el Ministerio de Comercio y luego, bajo Pérez Balladares, viceministro en esa cartera. El Colegio Nacional de Abogados objetó su nombramiento, junto con el de Dixon, alegando que “son percibidos como personas incondicionales al partido político que actualmente gobierna el país” (La Prensa, 16 de octubre de 1997).

En su momento, el público también cuestionó la idoneidad profesional de algunos de los nominados del PRD a los lucrativos cargos de la Corte Suprema. Por ejemplo, la columna editorial “Hoy por hoy” se refirió a Dixon como “una abogada de cuyos talentos administrativos nadie tenía noticia” (La Prensa, 6 de abril de 1995).

En cuanto a los atributos éticos y morales -una categoría bastante subjetiva, además de escasa en nuestro medio- en base a datos anteriormente publicados podría argüirse que algunos de los magistrados de Pérez Balladares no presentaban las credenciales más deseables para miembros del supremo tribunal de justicia. En la década pasada, por ejemplo, Graciela Dixon asumió la defensa de individuos vinculados a violaciones a los derechos humanos que ocurrieron durante la dictadura militar. Y Fábrega Zarak fue llamado a juicio en el caso Van Dam (La Prensa, 27 de enero de 1990), aunque fue finalmente sobreseído.

Poca autoridad moral tiene el PRD para objetar un nombramiento en base a criterios que no atendió cuando no le convino. Cómo calificar esa actitud --demagogia u oportunismo-- le compete a la ciudadanía.


El autor es politólogo y convencional del Partido Arnulfista


Frases de la semana

“Sé muy bien de qué se me acusa, sin necesidad de leer las actas...”

Slobodan Milosevic, ex dictador serbio, ante el Tribunal Internacional Penal para la antigua Yugoslavia.


“Pakistán tendrá un sistema plenamente democrático en el 2002...”

Declaraciones del presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, motivado por la presión internacional que está recibiendo.


Lo que ellos opinan

José Alberto Alvarez
Abogado

Me siento satisfecho de que muchos ciudadanos y políticos han llegado a la conclusión de que los magistrados de la Corte deben ser totalmente independientes; y el PRD ha manejado el tema de forma correcta, enviando un mensaje al Ejecutivo.

Ebrahim Asvat
Abogado

La nominación de Spadafora está demasiado politizada. Al dejar el Ministerio de Gobierno, su nominación ha generado desventaja; especialmente por la crisis que existe a consecuencia de la recesión económica y la falta de respuestas del Gobierno.


Foro ciudadano

La nominación de Winston Spadafora, anterior premier de la Nación, para ocupar un puesto en la Corte Suprema está causando un interesante debate sobre la independencia judicial. ¡Ojalá que al final la justicia sea la beneficiada!

 

 




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