Agua y salud
Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com
La
cultura moderna del despilfarro y la contaminación es la principal
responsable por la dilapidación y la degradación de los recursos
hídricos a nivel mundial.
Ante la temible posibilidad de una escasez
de agua potable a nivel regional, se hace imperativo que los países
latinoamericanos reevalúen la forma en que este vital líquido es
explotado, ya que de su disponibilidad y calidad va depender la
salud de sus poblaciones en los años venideros.
La relación entre el agua y la salud pública
fue uno de los temas tratados durante el “Simposio Clima, Salud
y Agua: Interacciones al inicio de un nuevo siglo”, el cual se realizó
en el contexto de la Primera Feria Internacional del Agua, celebrada
la semana pasada.
Uno de los conferencistas fue el argentino
Felipe Solsona, del Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria
y Ciencias del Ambiente (CEPIS), quien compartió con la audiencia
algunas cifras recogidas por la Organización Mundial de la Salud
(OMS).
De acuerdo con la OMS, cada año se registran
en el mundo 4 mil millones de casos de diarrea, con una incidencia
de 127 casos por segundo.
En Latinoamérica y el Caribe, la diarrea
es responsable por el 25% de las defunciones infantiles. Solsana
asegura que la mayoría de estos casos se producen en países tercermundistas,
donde la calidad del agua es usualmente pobre.
Otros datos recopilados por la OMS establecen
que la mitad de la población mundial se ve afectada por enfermedades
que se derivan de problemas hídricos, ya por la escasez o la baja
calidad del agua.
Es más, estudios realizados por la Organización
Panamericana de la Salud (OPS) en 1995 indican que el 41% de los
hogares en América Latina y el Caribe no reciben agua potable.
Para Solsana es innegable que existe una
relación entre la salud de un grupo humano y la calidad del agua
que consume, y que esto ha sido probado a lo largo de la historia.
Cuando la rehabilitación no es suficiente
En Panamá, el acceso a fuentes de agua potable
es un grave problema a nivel nacional
. De acuerdo con cifras facilitadas por Hernán
Luque, de la Dirección de Políticas de Salud del Ministerio de Salud,
un millón 810 mil personas reciben agua por medio del actual sistema
de acueductos, 57 mil mediante pozos sanitarios, 10 mil 300 por
carros cisternas, y 403 mil por otros medios.
Entre 1995 y 1999, de las mil 322 obras que
se llevaron a cabo en todo el país relacionadas con el suministro
de agua, el 19% estaban dirigidas a rehabilitar sistemas ya existentes.
Igualmente, de 1996 a la fecha, el 38% de
las obras implementadas por el Ministerio de Salud, estaban dirigidas
al mantenimiento de los actuales sistemas de acueductos.
Luque estima que el rápido deterioro de los
sistemas de suministro hídrico en la República se deben en buena
medida al agotamiento e insuficiencia de las fuentes subterráneas
de uso, el recalentamiento de los impulsores por descenso del nivel
freático por debajo del nivel de inmersión, el deterioro del suelo,
fallas estructurales por enterramiento a poca profundidad ocasionadas
por el paso de vehículos y la erosión, agotamiento de las fuentes
utilizadas, etc.
Según Luque existe una estrecha relación
entre todas estas problemáticas y la forma en que el medio ambiente
se ha visto sometido a actividades que son contrarias a la protección
de los ecosistemas naturales.
Aunque Luque reconoce la necesidad de la
rehabilitación del sistema, la ampliación de la cobertura de las
redes actuales y el incremento de la calidad de los servicios, también
considera que hace falta poner más énfasis en la preservación de
las cuencas y las fuentes hídricas, así como del resto del entorno
natural.
El cambio climático y las enfermedades
 |
| Durante los años 1997 y 1998, el fenómeno
de “El Niño” generó toda una secuela de sequías e inundaciones
que se extendió a lo largo de las costas de Centro y Suramérica.
Esto acarreó todo una serie de problemas para los sistemas de
salubridad del continente. |
La relación entre las condiciones climáticas
y la proliferación de determinadas especies microbiológicas es mucho
más estrecha de lo que inicialmente se pudiera suponer. Tan así
es que tan solo bastaría con que la temperatura global variara en
un par de grados para provocar el incremento de enfermedades que
en la actualidad se consideran bajo control o completamente erradicadas.
Esto es precisamente lo que advierte Felipe
Solsona, del Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias
del Ambiente (CEPIS), quien recientemente estuvo en nuestro país
asistiendo a un simposio que tuvo lugar dentro del marcado de la
Primera Feria del Agua de Centroamérica y el Caribe.
Para Solsona, tan solo bastaría con un aumento
de dos grados Farenheit en la temperatura mundial para provocar
una mayor incidencia en los casos de malaria.
Solsona asegura que hay relación directa
entre eventos climáticos a gran escala como el fenómeno de “El Niño”
y el brote de epidemias a nivel de Centro y Suramérica.
El científico informó que entre 1997 y 1998,
intervalo de tiempo en el que se sintió con mayor fuerza la acción
del fenómeno de “El Niño”, se notó un aumento, a nivel regional,
de casos de dengue, fiebre amarilla, hanta y malaria, como consecuencia
de la secuela de inundaciones en el litoral caribeño y de severas
sequías en las costas del Pacífico.
Asimismo, destaca que entre 1970 y el 2000,
debido a los efectos del calentamiento global, se han registrado
migraciones de flora y fauna en los cinco continentes, lo que ha
acarreado la redistribución de vectores a través de todo el mundo.
Es por ello que hoy en día notamos la expansión a otras regiones
de enfermedades que anteriormente eran de naturaleza endémica.
A pesar de estas evidencias, Solsona asegura
que es extremadamente difícil establecer una relación biunívoca
entre las variaciones climáticas y los problemas de salud, por lo
que sugiere que se destinen más recursos al estudio de la vinculación
entre el clima y la salud, para que de esta manera se puedan desarrollar
mejores políticas de mitigación, de preparación y de respuesta ante
posible crisis sanitarias.
Este punto de vista es compartido por Hernán
Luque, de la Dirección de Políticas de Salud del Ministerio de Salud,
quien esta convencido de que los fenómenos climáticos influyen en
la incidencia de enfermedades tropicales, como la malaria y leishmaniasis,
por ejemplo. “Es necesario incorporar las variaciones climáticas
en el desarrollo de planes y estrategias de salud nacional”, subrayó
durante su participación en el “Simposio Agua, Clima y Salud: Interacciones
al inicio de un Nuevo Siglo”.
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