Panamá, 30 de octubre de 2001
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Agua y salud

Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com

La cultura moderna del despilfarro y la contaminación es la principal responsable por la dilapidación y la degradación de los recursos hídricos a nivel mundial.

Ante la temible posibilidad de una escasez de agua potable a nivel regional, se hace imperativo que los países latinoamericanos reevalúen la forma en que este vital líquido es explotado, ya que de su disponibilidad y calidad va depender la salud de sus poblaciones en los años venideros.

La relación entre el agua y la salud pública fue uno de los temas tratados durante el “Simposio Clima, Salud y Agua: Interacciones al inicio de un nuevo siglo”, el cual se realizó en el contexto de la Primera Feria Internacional del Agua, celebrada la semana pasada.

Uno de los conferencistas fue el argentino Felipe Solsona, del Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del Ambiente (CEPIS), quien compartió con la audiencia algunas cifras recogidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

De acuerdo con la OMS, cada año se registran en el mundo 4 mil millones de casos de diarrea, con una incidencia de 127 casos por segundo.

En Latinoamérica y el Caribe, la diarrea es responsable por el 25% de las defunciones infantiles. Solsana asegura que la mayoría de estos casos se producen en países tercermundistas, donde la calidad del agua es usualmente pobre.

Otros datos recopilados por la OMS establecen que la mitad de la población mundial se ve afectada por enfermedades que se derivan de problemas hídricos, ya por la escasez o la baja calidad del agua.

Es más, estudios realizados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en 1995 indican que el 41% de los hogares en América Latina y el Caribe no reciben agua potable.

Para Solsana es innegable que existe una relación entre la salud de un grupo humano y la calidad del agua que consume, y que esto ha sido probado a lo largo de la historia.

Cuando la rehabilitación no es suficiente

En Panamá, el acceso a fuentes de agua potable es un grave problema a nivel nacional

. De acuerdo con cifras facilitadas por Hernán Luque, de la Dirección de Políticas de Salud del Ministerio de Salud, un millón 810 mil personas reciben agua por medio del actual sistema de acueductos, 57 mil mediante pozos sanitarios, 10 mil 300 por carros cisternas, y 403 mil por otros medios.

Entre 1995 y 1999, de las mil 322 obras que se llevaron a cabo en todo el país relacionadas con el suministro de agua, el 19% estaban dirigidas a rehabilitar sistemas ya existentes.

Igualmente, de 1996 a la fecha, el 38% de las obras implementadas por el Ministerio de Salud, estaban dirigidas al mantenimiento de los actuales sistemas de acueductos.

Luque estima que el rápido deterioro de los sistemas de suministro hídrico en la República se deben en buena medida al agotamiento e insuficiencia de las fuentes subterráneas de uso, el recalentamiento de los impulsores por descenso del nivel freático por debajo del nivel de inmersión, el deterioro del suelo, fallas estructurales por enterramiento a poca profundidad ocasionadas por el paso de vehículos y la erosión, agotamiento de las fuentes utilizadas, etc.

Según Luque existe una estrecha relación entre todas estas problemáticas y la forma en que el medio ambiente se ha visto sometido a actividades que son contrarias a la protección de los ecosistemas naturales.

Aunque Luque reconoce la necesidad de la rehabilitación del sistema, la ampliación de la cobertura de las redes actuales y el incremento de la calidad de los servicios, también considera que hace falta poner más énfasis en la preservación de las cuencas y las fuentes hídricas, así como del resto del entorno natural.

El cambio climático y las enfermedades

Durante los años 1997 y 1998, el fenómeno de “El Niño” generó toda una secuela de sequías e inundaciones que se extendió a lo largo de las costas de Centro y Suramérica. Esto acarreó todo una serie de problemas para los sistemas de salubridad del continente.

La relación entre las condiciones climáticas y la proliferación de determinadas especies microbiológicas es mucho más estrecha de lo que inicialmente se pudiera suponer. Tan así es que tan solo bastaría con que la temperatura global variara en un par de grados para provocar el incremento de enfermedades que en la actualidad se consideran bajo control o completamente erradicadas.

Esto es precisamente lo que advierte Felipe Solsona, del Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del Ambiente (CEPIS), quien recientemente estuvo en nuestro país asistiendo a un simposio que tuvo lugar dentro del marcado de la Primera Feria del Agua de Centroamérica y el Caribe.

Para Solsona, tan solo bastaría con un aumento de dos grados Farenheit en la temperatura mundial para provocar una mayor incidencia en los casos de malaria.

Solsona asegura que hay relación directa entre eventos climáticos a gran escala como el fenómeno de “El Niño” y el brote de epidemias a nivel de Centro y Suramérica.

El científico informó que entre 1997 y 1998, intervalo de tiempo en el que se sintió con mayor fuerza la acción del fenómeno de “El Niño”, se notó un aumento, a nivel regional, de casos de dengue, fiebre amarilla, hanta y malaria, como consecuencia de la secuela de inundaciones en el litoral caribeño y de severas sequías en las costas del Pacífico.

Asimismo, destaca que entre 1970 y el 2000, debido a los efectos del calentamiento global, se han registrado migraciones de flora y fauna en los cinco continentes, lo que ha acarreado la redistribución de vectores a través de todo el mundo. Es por ello que hoy en día notamos la expansión a otras regiones de enfermedades que anteriormente eran de naturaleza endémica.

A pesar de estas evidencias, Solsona asegura que es extremadamente difícil establecer una relación biunívoca entre las variaciones climáticas y los problemas de salud, por lo que sugiere que se destinen más recursos al estudio de la vinculación entre el clima y la salud, para que de esta manera se puedan desarrollar mejores políticas de mitigación, de preparación y de respuesta ante posible crisis sanitarias.

Este punto de vista es compartido por Hernán Luque, de la Dirección de Políticas de Salud del Ministerio de Salud, quien esta convencido de que los fenómenos climáticos influyen en la incidencia de enfermedades tropicales, como la malaria y leishmaniasis, por ejemplo. “Es necesario incorporar las variaciones climáticas en el desarrollo de planes y estrategias de salud nacional”, subrayó durante su participación en el “Simposio Agua, Clima y Salud: Interacciones al inicio de un Nuevo Siglo”.


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