Panamá, 30 de octubre de 2001
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¿Docente particular?

Wendy Tribaldos
wtribaldos@prensa.com

La semana pasada exploramos por qué se busca un docente particular o tutor, y cuáles son los potenciales beneficios de obtenerlo.

A continuación, presentaremos algunos pasos a seguir para localizar y contratar a un docente que resulte efectivo para su hijo, sin perder de vista que la idea es ayudarle a los chicos para que luego él/ella aprenda independientemente.

Si usted ha determinado que los problemas escolares de su hijo pueden ser mitigados y/o mejorados con un profesor particular, haga una cita con el maestro de su niño y, si es posible, con el psicólogo escolar. El/ella le ayudarán a determinar si la ayuda debe ser en una sola materia o en varias; o si el apoyo debe centrarse en optimizar habilidades específicas, como tomar notas o exámenes.

Pregúnteles también si pueden referirle algún tutor. Si no pueden o no conocen alguno, tal vez otros padres de familia de la escuela y sus propias amistades le puedan ayudar.

Una vez localice a un prospecto para docente particular, es el momento para entrevistarle. Esto es un paso muchas veces “saltado”, pero es sobre todo vital para casos donde el problema del estudiante no se resolverá con un par de visitas al profesor.

Algunas preguntas a hacerle: ¿Cuál es su entrenamiento y experiencia en el ramo educativo? ¿Es usted especialista en un área académica? ¿Está capacitado para ser un educador generalista tanto en materias escolares como en la enseñanza de habilidades básicas?

¿Ha enfrentado casos similares a los de mi hijo/a? ¿Cómo encara a estudiantes desmotivados o que resisten el aprendizaje? ¿Qué otros padres de familia han contratado sus servicios, a los que pueda llamar para referencias? ¿Cómo (teléfono, e-mail, entrevista personal) y con qué frecuencia estaremos en contacto para poder intercambiar opiniones sobre el progreso de mi hijo?

¿Dónde se dan las clases particulares; en la casa u oficina del docente o en la suya propia? ¿Cuál es el costo?

Si cobra por hora, ¿existe la posibilidad de negociar una tarifa especial por “x” cantidad de clases particulares? ¿El pago es al terminar cada clase o se puede cancelar: semanalmente, mensualmente? ¿Cuál es la política de cancelaciones?

No está siendo necia (o) al hacer estas preguntas. A veces uno está tan desesperado por el problema con el hijo, que básicamente acepta “cualquier cosa” que manifieste poder ayudarlo.

No olvide que: a) usted está pagando por un servicio y b) la idea es ayudar a su hijo “de verdad, verdad”. Una vez se contesten estas preguntas y otras que pueda tener para su satisfacción, es la ocasión para concertar la primera clase.

Cuando llegue este momento, no deje a su hijo con el docente sin antes pasar unos minutos con él. Este tiempo le ayudará a “olfatear” qué tipo de tutor es; si es creativo, aburrido, energético, etc. Y una vez finalice la clase, pregúntele a su hijo qué le pareció. Para que una clase particular funcione, debe haber “química” entre el docente y el estudiante.

Si el costo de un docente particular resulta demasiado oneroso para usted, tiene tres opciones:

Compartir el docente particular con uno o dos estudiantes adicionales. Cuando estaba en la secundaria, fui varias veces a un profesor particular para solventar unos “problemitas” que tenía con la física. Una compañera de clase y yo íbamos juntas y compartíamos el costo. La atención siguió siendo bastante personalizada, con el beneficio de ahorrarles muchos dólares a nuestros padres.

Ayude a su hijo a organizar un grupo de estudio. Si no hubiera sido por mi grupo de estudio de química en secundaria, creo que todavía estaría intentando pasar esta materia. Justo antes de un examen importante, nos reuníamos cuatro compañeras de clase a resolver todos los problemas que pudiéramos. Nos explicábamos mutuamente cuando había dificultades y nos apoyábamos “en la miseria”. Aquí lo importante es reunirse con la intención verdadera de trabajar, no de socializar.

Exhorte a su hijo a que encuentre un “compañero-docente”. En mi caso particular, yo hice ambos papeles. Para mis clases de matemática avanzada, terminaba en casa de mi compañera Patricia Planells, quien pacientemente me explicaba todo lo que no entendía (usualmente mucho). Por cierto, gracias Patricia. Por otro lado, en las clases de inglés e historia era mi turno de ayudar a compañeras que tenían dificultades en esta materia.

Lo curioso de la relación de “compañero-docente” es que es de mutuo beneficio, tanto para el “alumno” como para el “maestro”. El “alumno” adquiere nuevos conocimientos; el “maestro” refuerza los suyos. ¡Todos ganan!


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