Panamá, 30 de octubre de 2001
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Reactivación 101

Fernando Núñez Fábrega

Existen tres personas que son fundamentales para la recuperación económica de Panamá. El único problema es que no lo saben. La primera es la superintendente de Bancos, Delia Cárdenas. Desde sus tiempos como ministra de Planificación en la Administración Endara, doña Delia ha aprendido mucho del sistema bancario nacional. Uno es que los bancos están acostumbrados a que se les trate gentilmente, porque están conscientes del poder que manejan.

Quizás fue por eso que se quedó corta en su gentil solicitud a los bancos del sistema para que revisaran sus tasas de préstamo. Debió hacer mucho más. Debió decirles que a partir del 1 de octubre no se iba a permitir que un banco le cobrara una tasa más baja a un cliente nuevo mientras le mantiene la tasa alta al cliente viejo.

¿Qué sucedería si doña Delia impone esta regla? Se liberarían enormes cantidades de manera inmediata y se dedicarían al consumo. ¿No es la queja que falta liquidez en la economía? Esta es una manera inmediata de conseguirla. En una hipoteca de 100 mil dólares al 190%, si se bajase al 7%, al deudor le quedaría suficiente líquido al mes para contratar a un panameño con sueldo mínimo. ¿Cuánto sería el efecto global de esta medida? Nadie lo puede calcular con precisión, pero podría ayudar saber que hay más hipotecas grandes otorgadas que desempleados en Panamá.

Inclusive se podría atar la reducción a la contratación de personal. Si para obtener una tasa preferencial hay que tener requisitos de pobreza, no existe impedimento legal alguno para poner requisito a las hipotecas altas. El que no quiere la molestia de contratar a alguien nuevo aunque sea para lavar sus carros, podrá continuar pagando su alta tasa sin molestia. Al rey lo que es del rey. Es por esto que a las hipotecas se les denomina deuda real y tiene prelación.

Algunos economistas dirán que esta medida no es necesaria porque el mercado se encargará de corregir esta anomalía. Los bancos internacionales, que obtienen fondos más baratos en su casa matriz, se comerán todas las hipotecas buenas y forzarán a los bancos nacionales a bajar sus tasas. ¡El que no llora no mama!

La razón es simple: el buen cliente para un banco es el que le pide prestado un millón y lo paga religiosamente; no el que deposita un millón y reclama sus intereses cada mes. El banco realiza la venta de su producto, por así decirlo, cuando presta. Ahora imagínense ustedes un negocio en el cual los compradores tienen temor de pedir un precio más bajo.

Doña Delia no quiere molestar a los bancos porque estos argumentan que se irán. No entiendo por qué tal amenaza siempre ha surtido tanto efecto sobre los funcionarios reguladores de la banca panameña. ¡Que se vayan! Hay demasiados y todo el centro bancario lo sabe.

Lo que no se puede permitir es una práctica desleal como cobrarle una tasa a Juan y otro a su vecino Pedro. Mismo riesgo, misma tasa. Si Doña Delia no lo hace, aquí también podría intervenir la CLICAC, pero hay que despertarlos primero.

La norma sería de fácil aplicación. “La tasa base hipotecaria de un banco del sistema panameño deberá bajar de forma proporcional a toda su cartera de manera simultánea”.

Miren ustedes las alternativas para reactivar la economía. Endeudarnos más, lo cual es imposible. Intentar aumentar la inversión extranjera en unos momentos en que los ejecutivos temen hasta viajar. O emitir papel moneda con otro nombre, como se hizo durante la crisis de Noriega. Ante todas estas opciones, ¿no es más razonable decirles a los bancos del sistema que aporten al país un apoyo del cual ellos serán los primeros beneficiados?

El autor es asesor financiero

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