Panamá, 29 de octubre de 2001
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Mensaje a Johnny

El problema de fondo es que el sistema no cuenta con suficiente capacidad de almacenamiento de las aguas sobrantes

Rubén Darío Paredes

Hace pocas semanas coincidí con el ciudadano Dr. Juan B. Arias, mejor conocido como Johnny Arias, en un moderno centro para el expendio de plantas ornamentales, muy próximo a Coronado. El encuentro fue casual y él, a quien no veía personalmente en una década, fue caballeroso y cordial, como antaño por esos lares del Valle de Antón. Me acompañaba un amigo extraordinario, el empresario Vitelio De Gracia. Rompiendo el hielo se dio una tertulia de espontaneidades acostumbradas. Ponderamos el esfuerzo por la fuerte inversión y la presentación impecable de este moderno nursery, de su propietario Ramón Sieiro. Como era de esperarse examinamos someramente su dinámica y controversial presidencia de la junta directiva de La Prensa. Pasamos por la dinámica de Gorriti, Borbón con sus múltiples retiros e inmediatos comingback y que aunque el periódico ha perdido fuerza en su aguijón investigativo y en sus críticas, el nuevo presidente Arias lo está haciendo bien. Estando en el sitio nos enteramos de que las orquídeas que allí se exhiben y venden, las cultiva y produce en Sorá. Nos agradó escuchar que ya está exportando orquídeas a Europa.

De pronto y de manera inesperada, el apasionante tema sobre la modernización del Canal nos atrapó y, al referirse a uno de mis escritos “Hasta que bajó el quetzal”, evidenció no estar de acuerdo con mis críticas hacia la ACP, y su convencimiento de que la única alternativa para modernizar el Canal es crear tres embalses y reubicar en otros sitios a las familias campesinas. Le riposté sin alterar aquel ambiente sereno y amistoso, que lo que ocurría era que la ACP, con todos sus recursos, había acaparado y saturado el ambiente nacional con un mar de propaganda pro embalses, en vez de propiciar mesas redondas de sus técnicos con los mejores profesionales en este tema. En otras palabras, la ACP le está negando a la ciudadanía el derecho democrático de ilustrarse con otros criterios y opiniones, así como de escuchar voces autorizadas.

Dijo entonces Johnny, “bueno Rubén, ¿qué alternativa propones?, adornando su interrogante con un lenguaje corporal, más expresivo y determinado que sus propias palabras, como reiterándome, ¡no hay otra que los embalses!

Total, que hasta allí llegaron las cosas aquella mañana soleada. El se dirigió hacia sus orquídeas y yo hacia mis veraneras. Pero antes, nos despedimos con un apretón de manos y con la misma cortesía del inicio del encuentro. Sin embargo, algunas cosquillitas me quedaron por dentro.

Sobre la carretera y de regreso a la ciudad meditaba, “...si Johnny Arias, quien es un odontólogo, empresario de éxito, bien relacionado con el mundo intelectual, cultural y, se supone, con vasta información actualizada y fresca, por la influencia que se deriva de dirigir uno de los periódicos mejor documentados del país, se ha entregado al hechizo propagandístico de la ACP, ¿cuántos otros miles de Johnnys panameños han sido capturados en las redes del Quetzal?

Se impone entonces una “saludable pausa”, que le brinde espacio a la serenidad de pensamiento y a la sensatez para considerar este trascendental tema nacional. Si a la ACP no le interesa la “pausa” para que se escuchen otras opiniones, tendrá que imponerla el Gobierno; y si el Gobierno también está afectado por la saturación de propaganda, ¿serán los periodistas? Si todo lo anterior resulta insuficiente ante la campaña arrolladora de la ACP, queda entonces una última instancia, “la constitucional” con su artículo “bolazón” No. 319, que obliga a realizar un referéndum democrático para que el pueblo exprese su voluntad final.

Mientras esa “pausa constitucional” llegue, la ACP no está autorizada ni debe iniciar obras civiles en la cuenca occidental -como derribar bosques o hacer movimientos de tierra-, y mucho menos forzar a los campesinos a que abandonen el sitio. De no ser así, por la fuerza será burlado y anulado el 319.

Durante los dos últimos años he concentrado esfuerzos para estudiar y aprender de otros panameños sobresalientes, las intimidades técnicas, operacionales, ecológicas, humanas, políticas y económicas, que participan en la existencia y funcionamiento del Canal. Entre ellos, el antropólogo Stanley Heckadon, la socióloga del monitoreo de la cuenca del Smithsonian Amelia Sanjur, Ira Rubinoff, ex director del Smithsonian; Thomas Drohan, ex director de la división de ingeniería del Canal; Ricardo Bermúdez D., profesional estudioso del tema canalero; Fernando Manfredo, primer panameño subadministrador y administrador del Canal; Demóstenes Vergara, quien impulsa la tesis de un Canal a nivel del mar, y Federico Guardia, ex administrador del Canal.

Todos coinciden en que la cuenca original y oriental, la que ha venido sirviendo al Canal desde su inauguración en 1914 (87 años), aporta suficiente agua al lago Gatún para mantener operando la vía interoceánica eficientemente durante los próximos 50 a 60 años. Esto quiere decir que no es real la tesis de la ACP, de que hay que incorporar otras fuentes de agua al sistema, justificando así los tres embalses de los ríos Indio, Toabré y Caño Sucio.

El problema de fondo hoy es que el sistema no cuenta con suficiente capacidad de almacenamiento de las aguas sobrantes, lo que es una realidad histórica. Debido a la falta de capacidad de almacenamiento de los excedentes de agua, esta se derrama o se bota al Atlántico por seguridad, a través de la presa-sumidero de Gatún. La cantidad que se bota hoy representa el 40% del total que aporta la cuenca al sistema.

Los estadounidenses dejaron estudios avanzados, que habría que actualizar, para aumentar la capacidad de almacenamiento de ese 40% que estamos botando al mar.

Así, en uno de los brazos del río Trinidad, actual tributario del lago Gatún, que baja por el cerro Campana, se podría construir una presa compacta y profunda, con una superficie aproximada de 4 mil hectáreas. Por ciclos se bombearía agua arriba de esta presa del lago Gatún para almacenar parte del 40% de agua que se fuga; y la represa Trinidad le devuelve estas reservas al lago Gatún, cuando así lo demande. Otra medida paralela recomendada por los estadounidenses consiste en profundizar en 3 pies adicionales el cauce de navegación del lago Gatún.

Cuando la ACP justificó la anexión de la cuenca occidental -Ley 44-, presentó el proyecto de los tres embalses precipitadamente, a un costo de mil 200 millones de dólares. Además, presentó la necesidad de devastar 44 mil hectáreas de bosques vírgenes para alojar los lagos. Hoy, según la ACP en sus boletines, los tres lagos se reducen a 10 mil 450 hectáreas, a un costo de 800 millones. Si comparamos las dos alternativas de la ACP con la presa del río Trinidad, siempre será esta más económica, porque el costo estimado de hacer Trinidad es de 400 millones. Esta alternativa, además, sacrifica menos cantidad de bosques y no entra en conflicto con el campesinado.

Finalmente, tengo la seguridad de que la ACP sabe que no es necesario hacer más embalses que la presa Trinidad; sin embargo, parece ser que la insistencia obedece a que andan detrás de tres hidroeléctricas, como una empresa paralela comercializadora de electricidad.

Además, ha trascendido que la insistencia por embalsar los ríos Indio, Toabré y Caño Sucio, a pesar de que la ACP sabe que no son necesarios, se mantiene como un símbolo caprichoso -y caro por cierto- para que no se demuestre luego que la Ley 44 no se justificaba.

Para concluir, no queda más que sugerirle a los gremios de profesionales del país, trabajadores organizados, empresarios e intelectuales, que exijan aplicar a su debido momento el artículo 319, como tamiz para depurar la verdad sobre el futuro de nuestro Canal.

El autor es ex general de las Fuerzas de Defensa

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