¿Ciencia o propaganda?
Es necesario evitar el resurgimiento del racismo, así como la guerra de las religiones o de civilizaciones que alegara Samuel P. Huntington
Everardo Bósquez De León
Los lectores de la prensa en general, vemos y oímos a diario enfoques que respetamos en nombre de la más estricta cortesía, pero no en el nombre de la libertad de expresión. Esta libertad es maltratada cuando se opina de manera impulsiva y estereotipada. Así, nos obligan a avalar la afirmación de que los adeptos al islam, inclusive los “extremistas” o “fanáticos”, no pueden aceptar “la libertad que impulsa el desarrollo de la cultura occidental”, propiciando seres a los cuales se les prohíbe pensar (es evidente que no han leído a Sartre) y realizar toda tarea inherente a la vida.
Dejando a un lado el dolor por los acontecimientos del 11 de septiembre, la propaganda está empleando palabras como “terrorismo”, “islam”, u otras relacionadas voluntariosamente con Osama bin Laden, como instrumentos de manipulación. Se difunden así vocablos que son utilizados dentro de la práctica política mediante la lucha antiterrorista, causando verdaderos estragos a la libertad de pensamiento y de expresión. Se manipula así a la opinión pública, a través de los actos criminales, justificando una acción esterilizadora de nuestra capacidad de reflexionar.
Por ello es necesario evitar el resurgimiento del racismo, la guerra de las religiones o de civilizaciones, como alegara el autor Samuel P. Huntington, a través de su obra El choque de las civilizaciones (1996).
Huntington, en entrevista el 24 de octubre y al comentar sus ideas en torno a los recientes acontecimientos, nos dice: “Esbocé varias dimensiones de esa estrategia en mi obra El choque de las civilizaciones y siguen siendo igual de válidas hoy día. Los poderes occidentales de EU y Europa tienen que lograr una mayor integración política, económica y militar, y coordinar sus políticas para que los Estados de otras civilizaciones no puedan explotar nuestras diferencias. Antes del 11 de septiembre, Europa y EU se estaban distanciando en una serie de cuestiones, desde los alimentos transgénicos hasta la defensa contra misiles, pasando por el ejército europeo. Los acontecimientos del 11-IX-2001 han cambiado radicalmente la situación por el momento. Tenemos que continuar la ampliación de la Unión Europea y de la OTAN para incluir Estados occidentales de Europa Central. EU también tiene que impulsar la occidentalización de Latinoamérica. Para evitar conflictos, Occidente debe aceptar a Rusia como Estado central de la ortodoxia y principal potencia regional con intereses legítimos en la seguridad de sus fronteras meridionales, con las que pueden cooperar para hacer frente al terrorismo islámico. Occidente debe mantener su superioridad tecnológica y militar convencional y no convencional sobre los países islámicos y China” (El País, 24-X-2001).
Las aproximaciones teóricas anteriores pueden ser útiles para las personas que ven el 11 de septiembre solo en forma maniqueísta; como el simple combate entre Occidente y el islam, salvo que les falta la claridad de afirmar como lo hacen los estadounidenses: estamos defendiendo nuestros intereses, no “la libertad”; pero son los panegiristas indígenas, los defensores de la libertad de acción del Gobierno de Washington y su unilateralismo agresivo y místico, adulterador del real y conceptual significado negativo de la libertad.
La bibliografía considera a Bentham, Isaiah Berlin, a Gerald MacCallum, John Rawls, Oppenheim o Thomas Hobbes, como los que definieron la libertad de forma negativa; es decir, señalando su presencia por la ausencia de una restricción o de algún impedimento o elemento constrictivo que inhiba al agente de poder a actuar de manera independiente en la prosecución de los fines que ha elegido.
¿No es su oposición a la presencia americana en los lugares santos, el principal argumento de bin Laden, nos guste o no? ¿No es la política del Gobierno de Washington un impedimento a la “libertad” de Cuba de autodeterminar su régimen político? El mismo S. P. Huntington, afirma: “...Occidente consolidado tiene que reconocer que la intervención en los asuntos internos de otras civilizaciones, salvo cuando haya en juego intereses vitales, es la fuente más peligrosa de un posible conflicto global”.
Por lo tanto, nos encontramos frente a problemas políticos y como tal deben ser resueltos.
Se deben establecer distancias en el significado de terrorismo, atentado, magnicidio, asesinato, guerra, etc. y no seguir utilizando la palabra “libertad”, entendida como libertinaje, para justificar despidos en masa o limitados, escamotear incapacidades gubernamentales, ataques militares indiscriminados, incrementos absurdos de beneficios comerciales, paraísos fiscales, cuentas secretas, sociedades anónimas de quienes contribuyen con la opacidad de sus manejos financieros, a sucesos como los sucedidos el 11 de septiembre último, y que lamentamos como seres humanos solidarios que somos.
Occidente es una amalgama de culturas, las Mil y una noches son parte de mi cultura como Averroes y Maimónides, porque ambos son seres humanos magníficos y vienen del Oriente Medio, Africa del Norte o la península Ibérica, representando lo mejor de la cultura del hombre y la mujer, dentro de la cual no puedo olvidar la voluptuosidad de los versos del poeta y matemático persa Omar Khayyam.
El autor es profesor titular de la Escuela de Relaciones
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