Internet: un derecho de todos
El mismo derechoa la información que tienen los capitalinos, santiagueños, chitreanos o tableños, tenemos los sonaeños, ocueños, macaraqueños o darienitas
Aida Romero de Castrellón
Lo confieso. Soy una enamorada de la internet. Ha cambiado mi vida y creo que la de mucha gente ávida de conocimientos. Es una ventanita maravillosa que hace posible la comunicación con gente de muchas partes del mundo y permite mantenerse actualizado en múltiples disciplinas.
Con esta herramienta, los estudiantes encuentran respuestas a sus interrogantes y tareas, y es factible enviar este artículo a La Prensa; todo esto con un teclado, una conexión telefónica, y un simple click. Resulta mejor aún cuando se reside en un alejado distrito veragüense llamado Soná, que es por cierto una zona muy productiva del país.
El internet se ha constituido en un pilar educativo indispensable para todos; y cuando no se cuenta con bibliotecas bien equipadas ni conferencias médicas frecuentes ni librerías, es la única opción de mantenerse actualizado.
Creo que el mismo derecho a la información que tienen los capitalinos, santiagueños, chitreanos o tableños, lo tenemos los sonaeños, ocueños, macaraqueños, darienitas, etc. La cultura no es potestad exclusiva de unos pocos. Es un derecho de todos. Y tal parece que en el interior de Panamá ya no será así.
Hace casi dos años, Cable & Wireless Panamá (C&W) estableció un número de acceso único nacional que permitió a muchas comunidades del interior contar con el servicio de internet, a costo de llamada local. Gracias a eso, escuelas incorporaron la enseñanza a “la red”; se abrieron cyber-cafés, y los profesionales incluso pudimos incursionar en estudios en aulas virtuales. Es decir, toda una maravilla. ¡El mundo al alcance de un dedo! Sin embargo, un escueto mensaje electrónico de C&W establece un nuevo número, que deberá ser programado en las computadoras antes del 15 de octubre de este año. Pero ojo, al revisar la cobertura me percato de que Soná ya no se considerará como área local, al igual que Ocú, Macaracas, Tolé, Darién, Portobelo, etc. Se nos continuará brindando el “servicio”, pero con tarifa de larga distancia; o sea 15 centavos por minuto. ¿Qué significa esto? Hagamos unos simples cálculos: 9 dólares por hora; 10 horas mensuales serían 90 dólares que, sumados a los 19 dólares con 95 centavos del cargo habitual, totalizarían un monto de 109 dólares con 95 centavos (¿carísimo, verdad?). Si solo se utilizaran cuatro horas al mes (a razón de 9 minutos por día), esto sumaría 55 dólares con 95 centavos mensualmente, o sea 14 dólares la hora. Es la tarifa más alta del mundo. Se comprende entonces que se convertirá en un servicio prohibitivo para muchos, por lo que habrá que decir: “adiós internet”, y volver a los viejos tiempos: romperte la cabeza para conseguir una tarea, literatura profesional reciente... o bien mudarte de Soná.
He averiguado el móvil de esta injusticia, y parece ser que es una nueva “política financiera” de C&W, y que las otras empresas proveedoras de internet se quejaron ante el Ente Regulador de “competencia desleal”, y exigieron eliminar el número único de acceso nacional, en detrimento de un importante segmento nacional.
No estamos pidiendo un servicio gratuito, estamos pidiendo que se nos apliquen tarifas equitativas. A las autoridades del Ente Regulador les preguntaría: ¿han visualizado las consecuencias de semejante exabrupto? ¡Condenar al ostracismo académico a una buena proporción de panameños!
¿Marginados cibernáuticos? ¡No puede ser! Espero que las autoridades correspondientes tomen cartas en el asunto y protejan a los usuarios (no a las empresas). A los que tienen la dicha de pagar precios razonables, pónganse un minuto en nuestro pellejo, y apóyennos con sus comentarios. ¡Internet es un derecho de todos y al mismo costo!
La autora es doctora
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