Se busca un embajador para Panamá
Hoy puedo confirmar que la persona escogida para ser el próximo embajador de Panamá es Christopher Orozco
Betty Brannan Jaén
WASHINGTON, D.C. -Costa Rica ya recibió el
suyo. Chile, Brasil, República Dominicana y Uruguay tienen el suyo
designado, aunque falte la confirmación del Senado. Para México,
Perú, Paraguay, Venezuela, Colombia, Bolivia y Argentina, la llegada
de George W. Bush a la Casa Blanca no fue un problema; meramente
se quedaron con el que ya tenían.
Me refiero, por supuesto, a los embajadores
de Estados Unidos. De toda la América Latina, Panamá es el país
que más tiempo lleva en espera de que el gobierno de Bush envíe
-o por lo menos designe- un nuevo embajador. Hay otros países latinos
que todavía no han recibido su nuevo emisario, pero solo Panamá
y Ecuador están en la situación de que ni siquiera se les haya designado
uno. Y de estos dos países, la embajada en Ecuador tiene menos tiempo
de estar vacante que la de Panamá. La última embajadora norteamericana
en Ecuador, Gwen Clare, no abandonó su cargo hasta junio de este
año; Simon Ferro abandonó el suyo en marzo.
¿Qué ha causado la demora? Me dicen que uno
de los periódicos panameños planteó -a manera de bochinche- que
se trata de una represalia contra Panamá por supuestas fechorías
de funcionarios mireyistas. Esa tesis me parece descabellada, porque
así no es como funcionan las cosas en Washington. Los funcionarios
norteamericanos la rechazaron categóricamente.
“Panamá no está siendo castigada”, dijo Charles
Barclay, vocero del despacho de Asuntos Hemisféricos del Departamento
de Estado, sugiriendo que los panameños “no deben darle demasiado
significado” a la demora en recibir su nuevo embajador.
“Esta situación es relativamente normal cuando
hay cambio de gobierno. Es un proceso que normalmente demora meses
y Panamá está en la misma situación que muchos otros países”, sostuvo
Barclay, agregando que la crisis actual ha causado que el proceso
sea aún más lento de lo normal.
Barclay tiene razón al señalar que el envío
de nuevos embajadores es un proceso lento en el sistema norteamericano.
Primero hay que seleccionar a la persona (y generalmente hay varios
candidatos compitiendo por el puesto, tanto diplomáticos de carrera
como allegados políticos del nuevo presidente). Luego hay que investigar
los antecedentes de la persona, pedir que el gobierno anfitrión
dé su visto bueno, anunciar el nombramiento formalmente, y enviar
la designación al Senado, donde el trámite de confirmación puede
demorar meses o hasta años. Recordarán que en 1994, el nombramiento
de Robert Pastor se estancó en el Senado por más de un año y finalmente
fue retirado; mientras tanto, Panamá se pasó casi dos años sin embajador
estadounidense.
En el caso actual, sin embargo, lo preocupante
de la demora es que no hemos siquiera llegado todavía a la etapa
más lenta del proceso. No es que ya se designó un embajador a Panamá
y el trámite de confirmación se ha demorado, sino que ni siquiera
se ha hecho la designación. Es más, funcionarios panameños confirman
que tampoco se ha pedido el visto bueno a Panamá para algún candidato.
Sin engañarnos en cuanto a nuestra importancia
relativa en el mundo diplomático, la realidad es que países de menos
perfil que Panamá nos llevan la delantera en cuanto a recibir su
nuevo embajador. Belice, Barbados, Camerún y Eritrea, por ejemplo,
ya tienen por lo menos un embajador designado.
Sin embargo, hoy puedo confirmar que la persona
escogida para ser el próximo embajador de Panamá es Christopher
Orozco, y que próximamente se solicitará que el gobierno de Moscoso
dé su “agreement” a la designación.
Orozco, actualmente encargado de negocios
de la Embajada de Estados Unidos en Brasil, es un diplomático de
carrera. Es de ascendencia mexicana y habla un español fluido. Tiene
títulos en ingeniería civil del California State University, en
administración internacional de negocios de American Graduate School
for International Management (Thunderbird), y en administración
pública de JFK School of Government en Harvard.
Y cuando Orozco llegue a nuestro país como
embajador estadounidense, no será la primera vez que trabaje en
suelo panameño como funcionario norteamericano. Entre 1966 y 1969,
tras graduarse de ingeniero civil, Orozco trabajó con el Inter-American
Geodetic Survey en Panamá y Colombia. Desde su ingreso en el servicio
diplomático en 1971, ha trabajado en Japón, Chile, Finlandia, Honduras,
República Dominicana y Brasil, y ha recibido varios premios del
Departamento de Estado por su distinguida labor. Pero su misión
en Panamá -si es confirmado- será su primer cargo con rango de embajador.
Corresponsal en Washington
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